Puede ser, no lo sé y de ser cierta esta afirmación me
parece muy justa la denuncia. Lo que asombra un poco, no mucho, es que la
protesta llega a través del funcionario de AI y jefe del
Departamento de América, señor Javier Zúñiga,
justamente el pasado 7 de octubre por uno de nuestros canales de
televisión.
Lo que sí sé me lastima y me encabrita, es que el
señor Zúñiga y Marion Mashron, (también
funcionaria de AI), me escucharon denunciar decenas de veces la ausencia
de los más elementales derechos humanos y los atropellos cometidos
por el régimen cubano contra las mujeres prisioneras en las
numerosas cárceles de Cuba.
A pesar de los horrendos testimonios que llevé conmigo a Europa
en 1985, de las declaraciones de las mujeres ex presas políticas
cubanas que participamos en el Juicio contra Castro organizado en
París, en el Congreso de Intelectuales de Madrid, en la ONU, en
Ginebra, a pesar de las innumerables reuniones formales y a nivel de
café parisino que sostuve con Zúñiga y Mashron,
todavía no he visto la primera pronunciación de estos
funcionarios ni de AI referente a lo que ocurre en las prisiones para
mujeres de Cuba.
Volveré a narrar algunas vivencias que a diario se repiten en la
prisión de Manto Negro, algunos de los múltiples abusos que
se cometen contra las mujeres embarazadas, el parto, el posparto, y la
criatura.
No hay comida para alimentar al pueblo, eso ya lo sabemos, entonces,
¿qué puede comer una prisionera encerrada entre hierros y
cemento recibiendo una visita familiar (en mi caso cada seis meses) que
lleva una jaba donde solamente se permiten 20 libras restringidas a gofio,
galleta y azúcar? Sigamos. La prisionera embarazada hace su
desnutrida barriga sin medicinas, con hambre y riesgos incluyendo los que
alcanzan al feto sin poder escaparse de la sed, del trabajo forzado y de
las golpizas. Las conocí en prisión, muchas,
muchísimas: Dulce María, Ana Santos y Délcida. Esta
última, presa por tenencia de dólares, me dijo: ``Lo que
más desearía es que mi marido viera cómo crece este
hijo nuestro dentro de mí''. Juanuca, prisionera negra, velaba sus
genitales para detectar alguna mancha de sangre después que el
capitán Echazábal le dio una patada en el vientre.
Zúñiga olvidó uno de los testimonios de Ana
Lázaro Rodríguez (quien cumplió 20 años de
prisión) y el de otras tantas presas políticas que
conocieron el caso y muchos más que han sido denunciados a AI
reiteradas veces. Contaron, por ejemplo, cómo Lidia Pérez
León perdió su vida y la de su niño. Lidia
sintió los dolores de parto, empezó a sangrar, sus
compañeras de galera llamaron desesperadamente a los guardias,
tardaron mucho, finalmente se llevaron a Lidia para el hospital,
hacía falta una transfusión, pero ¡había que
esperar la autorización del G2 para ponerle sangre! El G2
contestó: ``Negativo, la sangre es únicamente para el
ejército, no para los contrarrevolucionarios''. Lidia murió
(murió no, la mataron) y por supuesto, el bebé
también. Su esposo, prisionero en otra cárcel, al conocer la
noticia se suicidó.
Ignorar a las embarazadas cubanas tras el cúmulo de denuncias
que llegan a AI, me hace pensar que Zúñiga, es un
. . ., eso mismo.
Actriz y ex presa política cubana.Olvidaron a las presas cubanas
Copyright © 1998 El Nuevo Herald