Publicado el miércoles, 14 de octubre de 1998 en El Nuevo Herald

Olvidaron a las presas cubanas

TERESITA MAYANS

Amnistía Internacional de Londres (AI) denuncia la falta de derechos humanos de las mujeres embarazadas que guardan prisión en las cárceles de Estados Unidos.

Puede ser, no lo sé y de ser cierta esta afirmación me parece muy justa la denuncia. Lo que asombra un poco, no mucho, es que la protesta llega a través del funcionario de AI y jefe del Departamento de América, señor Javier Zúñiga, justamente el pasado 7 de octubre por uno de nuestros canales de televisión.

El señor Zúñiga es sensible a la falta de derechos humanos en las cárceles estadounidenses. Pero agrego: Zúñiga, y de mi Cuba, ¿qué?

Lo que sí sé me lastima y me encabrita, es que el señor Zúñiga y Marion Mashron, (también funcionaria de AI), me escucharon denunciar decenas de veces la ausencia de los más elementales derechos humanos y los atropellos cometidos por el régimen cubano contra las mujeres prisioneras en las numerosas cárceles de Cuba.

A pesar de los horrendos testimonios que llevé conmigo a Europa en 1985, de las declaraciones de las mujeres ex presas políticas cubanas que participamos en el Juicio contra Castro organizado en París, en el Congreso de Intelectuales de Madrid, en la ONU, en Ginebra, a pesar de las innumerables reuniones formales y a nivel de café parisino que sostuve con Zúñiga y Mashron, todavía no he visto la primera pronunciación de estos funcionarios ni de AI referente a lo que ocurre en las prisiones para mujeres de Cuba.

Volveré a narrar algunas vivencias que a diario se repiten en la prisión de Manto Negro, algunos de los múltiples abusos que se cometen contra las mujeres embarazadas, el parto, el posparto, y la criatura.

No hay comida para alimentar al pueblo, eso ya lo sabemos, entonces, ¿qué puede comer una prisionera encerrada entre hierros y cemento recibiendo una visita familiar (en mi caso cada seis meses) que lleva una jaba donde solamente se permiten 20 libras restringidas a gofio, galleta y azúcar? Sigamos. La prisionera embarazada hace su desnutrida barriga sin medicinas, con hambre y riesgos incluyendo los que alcanzan al feto sin poder escaparse de la sed, del trabajo forzado y de las golpizas. Las conocí en prisión, muchas, muchísimas: Dulce María, Ana Santos y Délcida. Esta última, presa por tenencia de dólares, me dijo: ``Lo que más desearía es que mi marido viera cómo crece este hijo nuestro dentro de mí''. Juanuca, prisionera negra, velaba sus genitales para detectar alguna mancha de sangre después que el capitán Echazábal le dio una patada en el vientre.

Zúñiga olvidó uno de los testimonios de Ana Lázaro Rodríguez (quien cumplió 20 años de prisión) y el de otras tantas presas políticas que conocieron el caso y muchos más que han sido denunciados a AI reiteradas veces. Contaron, por ejemplo, cómo Lidia Pérez León perdió su vida y la de su niño. Lidia sintió los dolores de parto, empezó a sangrar, sus compañeras de galera llamaron desesperadamente a los guardias, tardaron mucho, finalmente se llevaron a Lidia para el hospital, hacía falta una transfusión, pero ¡había que esperar la autorización del G2 para ponerle sangre! El G2 contestó: ``Negativo, la sangre es únicamente para el ejército, no para los contrarrevolucionarios''. Lidia murió (murió no, la mataron) y por supuesto, el bebé también. Su esposo, prisionero en otra cárcel, al conocer la noticia se suicidó.

Ignorar a las embarazadas cubanas tras el cúmulo de denuncias que llegan a AI, me hace pensar que Zúñiga, es un . . ., eso mismo.

Actriz y ex presa política cubana.


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