Tuvo que transcurrir dos años y medio para que otra vez la
oposición al régimen de Cuba diera nuevas señales de
vida. La airada protesta cívica de un pequeño grupo de
disidentes frente al Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana a la
conclusión del juicio seguido contra el prisionero de conciencia
Reinaldo Alfaro, infundió nuevos ánimos dentro de la
aletargada disidencia cubana.
Las provocaciones de la policía política, las golpizas
propinadas y el arresto de ocho opositores, incluido el de una ciega, en
la populosa esquina de Prado y Teniente Rey el pasado 27 de noviembre tuvo
el efecto de una sacudida eléctrica sobre el ánimo de los
opositores políticos al gobierno de cuatro décadas del
doctor Fidel Castro Ruz.
La oposición daba señales de vida y el régimen
abandonaba su política de aparente tolerancia para mostrarse tal y
cual es: represivo e intolerante.
Sin embargo, otro hecho significativo y que expresaba la voluntad
política de los opositores para ganarse un espacio propio se
produjo tras la convocatoria del presidente de la Fundación Lawton,
doctor Oscar Elías Bisset, para conmemorar independientemente el
50mo. aniversario de la proclamación de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, en un parque de la barriada de
Lawton.
Sin importar la movilización represiva de la policía
política, ni las consecutivas detenciones que sufriera, el doctor
Bisset mantuvo la convocatoria y mayoritariamente la nueva jornada
disidente de La Habana demostró su disposición a concurrir
al parque lawtense. Para impedirlo, el gobierno puso en tensión sus
fuerzas. Apostó a agentes ante la residencia de opositores, detuvo
a unos, amenazó a otros y bloqueó los accesos al parque (al
que ahora hay quien propone rebautizar con el nombre de ``Parque 10 de
Diciembre'') y lanzar su violencia represiva contra los opositores, los
periodistas independientes y los reporteros de las agencias extranjeras
acreditadas en el país.
El recurso a la violencia por parte de la fuerza gubernamental el
mismo día cuando el mundo celebraba la gran fecha de los derechos
humanos, constituyó para el gobierno una contundente derrota
política, en tanto que la oposición, con su firme
propósito de no renunciar a ejercer su derecho de
manifestación pacífica, recogió los laureles que
vergonzosamente había arrojado al suelo el 24 de febrero de
1996.
Los sucesos del Parque Butari marcan un nuevo hito en la historia
aún no escrita de estos tiempos de sacrificio y de heroísmo.
El futuro todavía está por decidirse.
Servicio de CubanetLa disidencia y el letargo que se rompe
Copyright © 1998 El Nuevo Herald