Publicado el jueves, 17 de diciembre de 1998 en El Nuevo Herald

La disidencia y el letargo que se rompe

Agencia Cuba Verdad

La Habana -- Cuando el 24 de febrero de 1996 una gran mayoría de la disidencia cubana aceptó posponer el encuentro de Concilio Cubano, estaba renunciando a su iniciativa y marcando un punto de retroceso. La iniciativa pasó a manos del gobierno y los grupos de opositores cayeron en una especie de letargo comatoso que parecía iba a silenciar la voz disidente.

El 24 de febrero de 1996 fue la gran derrota política de la disidencia interna. Concilio Cubano había muerto sin ni siquiera un tímida resistencia para defender el terreno político que se había conquistado.

Tuvo que transcurrir dos años y medio para que otra vez la oposición al régimen de Cuba diera nuevas señales de vida. La airada protesta cívica de un pequeño grupo de disidentes frente al Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana a la conclusión del juicio seguido contra el prisionero de conciencia Reinaldo Alfaro, infundió nuevos ánimos dentro de la aletargada disidencia cubana.

Las provocaciones de la policía política, las golpizas propinadas y el arresto de ocho opositores, incluido el de una ciega, en la populosa esquina de Prado y Teniente Rey el pasado 27 de noviembre tuvo el efecto de una sacudida eléctrica sobre el ánimo de los opositores políticos al gobierno de cuatro décadas del doctor Fidel Castro Ruz.

La oposición daba señales de vida y el régimen abandonaba su política de aparente tolerancia para mostrarse tal y cual es: represivo e intolerante.

Sin embargo, otro hecho significativo y que expresaba la voluntad política de los opositores para ganarse un espacio propio se produjo tras la convocatoria del presidente de la Fundación Lawton, doctor Oscar Elías Bisset, para conmemorar independientemente el 50mo. aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en un parque de la barriada de Lawton.

Sin importar la movilización represiva de la policía política, ni las consecutivas detenciones que sufriera, el doctor Bisset mantuvo la convocatoria y mayoritariamente la nueva jornada disidente de La Habana demostró su disposición a concurrir al parque lawtense. Para impedirlo, el gobierno puso en tensión sus fuerzas. Apostó a agentes ante la residencia de opositores, detuvo a unos, amenazó a otros y bloqueó los accesos al parque (al que ahora hay quien propone rebautizar con el nombre de ``Parque 10 de Diciembre'') y lanzar su violencia represiva contra los opositores, los periodistas independientes y los reporteros de las agencias extranjeras acreditadas en el país.

El recurso a la violencia por parte de la fuerza gubernamental el mismo día cuando el mundo celebraba la gran fecha de los derechos humanos, constituyó para el gobierno una contundente derrota política, en tanto que la oposición, con su firme propósito de no renunciar a ejercer su derecho de manifestación pacífica, recogió los laureles que vergonzosamente había arrojado al suelo el 24 de febrero de 1996.

Los sucesos del Parque Butari marcan un nuevo hito en la historia aún no escrita de estos tiempos de sacrificio y de heroísmo. El futuro todavía está por decidirse.

Servicio de Cubanet


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