Seamos exactos, ``la revolución cubana nunca se
caracterizó por un espíritu antirreligioso porque,
combatiendo a las otras religiones, trataba de imponer la propia. Su
espíritu no era ni un ápice antirreligioso, sino el de una
cruzada evangelizadora que imponía el ``ateísmo religioso''.
De ahí el carácter cuasirreligioso de las consignas del
régimen: ``con la revolución todo, sin la revolución
nada'', ``¡donde sea, como sea y para lo que sea, comandante en jefe,
ordene! Profesar otra religión era una herejía, y las
herejías debían perseguirse con el mismo ahínco de
los tiempos de la inquisición.
En mayor o menor medida, las religiones reveladas, si las condiciones
históricas lo permiten, tienden a ser totalitarias. La verdad
absoluta, acabada, viene dada en el libro sagrado e imponerla, incluso a
la fuerza, es un bien que se les hace a las propias víctimas,
incapaces, las pobres, de apreciar la verdad. Tales guerras son
``santas'', los crímenes cometidos en su nombre devienen actos
buenos. El título del libro o el nombre del mesías es
secundario (Biblia, Corán, Manifiesto comunista o Cristo, Mahoma,
Marx, Khomeini, Mao o Castro). El castrismo deseaba controlar las
creencias, gustos musicales, vestimentas, lecturas y hasta el corte de
cabello de la ciudadanía. El control de la mente era una forma de
acceder al cuerpo para cortar caña, movilizarlo, hacer la guardia y
vigilarlo, reducirle y normarle el consumo de alimentos, etc. Todo ello es
un castigo. Los más dóciles obtenían, en medio del
castigo general, ciertos también planificados privilegios y los
rebeldes eran expulsados al infierno del castigo extremo (la cárcel
o los campos de trabajo. Ser laico, hacer política laica como los
disidentes, es ya más grave que ser religioso. Entre las
instituciones religiosas (tradicionales) y el poder cuasirreligioso actual
puede haber entendimiento. Están en un terreno común.
Al no poder admitir una conciencia libre, sin control, decide dejar un
espacio a las otras iglesias para que realicen el trabajo. Esto explica la
apertura religiosa. Hay que concentrar los recursos para controlar los
cuerpos, golpear a la invidente. Así se entiende el cuadro. Espacio
para la Iglesia. Golpes, cárcel y hospital siquiátrico para
los opositores. La revolución se mueve ahora entre los
parámetros del fuete y la oración, y ésos son
cambios.
La fusta y la oración
Copyright © 1998 El Nuevo Herald