Publicado el lunes, 14 de diciembre de 1998 en El Nuevo Herald

ENRIQUE PATTERSON

La fusta y la oración

Al unísono llegan desde La Habana dos mensajes en apariencia opuestos. En una declaración del 1 de diciembre, el buró político del partido comunista expresa que, a partir de este momento, el 25 de diciembre es día feriado. Después de 28 años los cubanos volverán a celebrar la Navidad. El hecho lleva a la conclusión ``Cuba se abre''. Por otro lado, el reciente incidente en el Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana nos muestra a una policía política dirigiendo un mitin de repudio contra un periodista independiente y opositores pacíficos. Una invidente fue detenida y golpeada; activistas pacíficos fueron agredidos por las turbas y, para colmo, en lugar de protegidos, fueron detenidos por la policía. La lectura del incidente nos lleva a la conclusión ``no hay apertura''. Los esperanzados interpretarán los hechos como un proceso donde la apertura hacia la Navidad indica lo nuevo mientras que el incidente del tribunal podría verse como el pasado que se retira a zarpazos.

Sin embargo, ambos actos son coherentes con la filosofía y la praxis del régimen cubano. Según la declaración del buró político, ``la suspensión del carácter feriado del 25 de diciembre... no estuvo inspirada en el sentimiento antireligioso y sí motivada por las necesidades de la zafra azucarera de 1970. De ser así, debieran responder a estas preguntas: ¿Por qué los creyentes no podían estudiar carreras universitarias de las áreas de las humanidades y las ciencias sociales? ¿Por qué en esas mismas universidades había un censo de religiosos por cada clase, y se les asignaban militantes con la misión de darles atención para que abandonaran sus creencias y se convirtieran al ateísmo? ¿Por qué en todas las planillas más o menos importantes se preguntaba si se tenían creencias religiosas? ¿Por qué cuando se inauguró el barrio de Alamar muchos microbrigadistas no pudieron mudarse porque eran santeros o paleros? ¿Por qué el PCC era --al exigir el ateísmo como requisito para ser militante-- un partido confesional en vez de laico? El Buró Político debiera responder a estas preguntas o, de lo contrario, puede pasar a la historia como el buró político del partido cuentista --o mentiroso-- de Cuba.

Seamos exactos, ``la revolución cubana nunca se caracterizó por un espíritu antirreligioso porque, combatiendo a las otras religiones, trataba de imponer la propia. Su espíritu no era ni un ápice antirreligioso, sino el de una cruzada evangelizadora que imponía el ``ateísmo religioso''. De ahí el carácter cuasirreligioso de las consignas del régimen: ``con la revolución todo, sin la revolución nada'', ``¡donde sea, como sea y para lo que sea, comandante en jefe, ordene! Profesar otra religión era una herejía, y las herejías debían perseguirse con el mismo ahínco de los tiempos de la inquisición.

En mayor o menor medida, las religiones reveladas, si las condiciones históricas lo permiten, tienden a ser totalitarias. La verdad absoluta, acabada, viene dada en el libro sagrado e imponerla, incluso a la fuerza, es un bien que se les hace a las propias víctimas, incapaces, las pobres, de apreciar la verdad. Tales guerras son ``santas'', los crímenes cometidos en su nombre devienen actos buenos. El título del libro o el nombre del mesías es secundario (Biblia, Corán, Manifiesto comunista o Cristo, Mahoma, Marx, Khomeini, Mao o Castro). El castrismo deseaba controlar las creencias, gustos musicales, vestimentas, lecturas y hasta el corte de cabello de la ciudadanía. El control de la mente era una forma de acceder al cuerpo para cortar caña, movilizarlo, hacer la guardia y vigilarlo, reducirle y normarle el consumo de alimentos, etc. Todo ello es un castigo. Los más dóciles obtenían, en medio del castigo general, ciertos también planificados privilegios y los rebeldes eran expulsados al infierno del castigo extremo (la cárcel o los campos de trabajo. Ser laico, hacer política laica como los disidentes, es ya más grave que ser religioso. Entre las instituciones religiosas (tradicionales) y el poder cuasirreligioso actual puede haber entendimiento. Están en un terreno común.

Al no poder admitir una conciencia libre, sin control, decide dejar un espacio a las otras iglesias para que realicen el trabajo. Esto explica la apertura religiosa. Hay que concentrar los recursos para controlar los cuerpos, golpear a la invidente. Así se entiende el cuadro. Espacio para la Iglesia. Golpes, cárcel y hospital siquiátrico para los opositores. La revolución se mueve ahora entre los parámetros del fuete y la oración, y ésos son cambios.


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