Una entrega póstuma
En nombre de Sebastián Arcos estaba allí su hijo,
Sebastián Arcos Cazabón, y la ceremonia, que fue digna y
hermosa, fue también triste. Estábamos no sólamente
ante el homenaje a un ser humano que sencillamente ya no está entre
nosotros, sino en un recordatorio de que las condiciones que le llevaron a
la prisión y contribuyeron a su muerte permanecen
dramáticamente inalterables en la tierra que le vio nacer. Y era
además triste por algo que se transpira muy a menudo cada vez que
un español, aunque sea amante de la libertad o precisamente por
ello, se refiere a la realidad cubana: luego de la visita del Papa Juan
Pablo II algo está cambiando en La Habana, y si no está
cambiando, seguramente cambiará.
Ese parece ser el talante del ministro español. Piqué se
ha unido al rosario de dirigentes y líderes españoles que
han visitado la isla luego de la normalización de relaciones, pero
además ha enunciado además un par de memeces, una de las
cuales puede convertirse, si no lo es ya, en el estandarte o la coartada
de los inversores de la ``Madre Patria''. El ministro español
afirma que Cuba se encuentra en el camino de la transformación
económica y ``confía'' en que dicha transformación
económica prosiga. Yo quisiera saber de qué
transformación económica habla el ministro Piqué.
Posiblemente es que los cubanos del exilio, como somos tan tontos, no nos hemos enterado aún de que en la isla ya un empresario español puede emplear directamente a un ciudadano cubano sin pasar por el control gubernamental; o que ese mismo inversor español puede asociarse libremente dentro de la legalidad socialista con cualquier ciudadano cubano para acometer un proyecto comercial, o simplemente que un cubano puede emprender por sí solo el mismo proyecto al que tiene acceso un empresario español.
En fin, si es cierto que el ministro piensa que Cuba se encuentra en el camino de la transformación económica, parece que no le importa demasiado que los españoles sean más libres económicamente allí que los propios cubanos. Aceptado ese principio, estoy de acuerdo en que es un camino de transformación económica clarísimo: el inversor extranjero se asocia a un estado todopoderoso que a su vez funciona como socio, como legislador, como supresor de la competencia privada nacional, y encima como una inmensa y todopoderosa agencia de empleo que además impide las incómodas asociaciones sindicales libres.
A la muerte de Mao Tse Tung, un célebre político
francés expresó conmovido que con él había
fallecido una mente preclara del siglo XX. Guillermo Gortázar,
diputado del Partido Popular, actualmente en el gobierno español,
citó el hecho en su discurso de entrega del premio a
Sebastián Arcos, y dijo que se podía visitar Cuba, que se
debía conocer su realidad e incluso intentar modificarla por
diversos caminos, pero que siempre había que guardar el honor en
las declaraciones. El ministro Piqué dijo en La Habana que Castro
es un hombre de amplísimos conocimientos, con una visión
internacional muy completa y aseguró, nada más y nada menos,
que el dictador conoce la necesidad de flexibilizar la economía.
Nada, todo un ilustrado hombre del Renacimiento que lleva 40
años gobernando. Gortázar debía comunicar dicha
reflexión a Piqué. Es entendible que una entrevista con un
jefe de estado debe conducirse dentro de la cortesía y el
protocolo, que incluso el lenguaje utilizado en estos encuentros
bilaterales adelanta públicamente las posiciones de quien lo
emplea, que es innegable la necesidad de negociar con quien detenta el
poder en Cuba. Pero eso nada tiene que ver con el honor de que
habló Gortázar: ``Churchill negoció con Stalin, pero
nunca dijo que era un gran hombre'', ejemplificó el diputado.
Posiblemente no se refería a Piqué, pero salvando las
distancias entre el premier británico y el ministro de Industrias,
la comparación viene al dedillo.
Sebastián Arcos Cazabón, en sus cortas y emocionadas palabras al aceptar el premio en nombre de su padre, subrayó ante el nutrido auditorio algo que a nadie agrada: después de la visita de Su Santidad, nada ha cambiado en Cuba. Por eso fue un acto digno y hermoso, a la honrada memoria de un héroe opositor, pero fue a la vez un acto triste. Porque hoy en día, a pesar de que nada ha cambiado, muchos quieren creer por acá que las cosas son diferentes o lo serán gracias a la visita de Su Santidad.
Y ojalá que tengan razón en el futuro más próximo, mientras no se reduzca a una simple coartada para que los empresarios calculen cómo se van a llenar los bolsillos mientras duermen con la conciencia tranquila.
Copyright © 1998 El Nuevo Herald