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Christus Rex Information Service


23 de Octubre de 1996

La verdad no puede contradecir la verdad

Mensaje a la Pontificia Academia de las Ciencias


VATICAN INFORMATION SERVICE - Míercoles 23 de Octubre de 1996

A LOS ACADEMICOS: LA VERDAD NO PUEDE CONTRADECIR A LA VERDAD

CIUDAD DEL VATICANO, 23 OCT 1996 (VIS). - En un Mensaje, publicado hoy, a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, reunidos esta semana en sesión plenaria en el Vaticano, el Santo Padre recuerda que el Papa Pío XI, que restableció esta Academia en 1936, denominó a este grupo de estudiosos "el 'senado científico' de la Iglesia" y les pidió "servir a la verdad".

El Papa expresa su alegría por el tema de la plenaria sobre los orígenes de la vida y la evolución, "un tema esencial que interesa vivamente a la Iglesia, puesto que la Revelación contiene, por su parte, las enseñanzas concernientes a la naturaleza y a los orígenes del hombre". Si las conclusiones a las que se llega científicamente y las contenidas en la Revelación sobre el origen de la vida parecen encontrarse, dice, "en qué dirección buscar su solución? Efectivamente sabemos que la verdad no puede contradecir a la verdad". Al referirse a "la reflexión (de la Academia) sobre la ciencia al alba del Tercer Milenio" Juan Pablo II dice que "en el campo de la naturaleza inanimada y animada, la evolución de la ciencia y sus aplicaciones crean nuevos interrogantes. La Iglesia podrá comprender tanto mejor su alcance en la medida en que conozca sus aspectos esenciales".

Señala el magisterio de la Iglesia sobre la cuestión de los orígenes de la vida y la evolución, citando en particular la Encíclica "Humani generis" de Pío XII en 1950 y la Constitución conciliar "Gaudium et spes".

El Papa llama la atención de los académicos ante "la necesidad de una hermenéutica rigurosa para una correcta interpretación de la Palabra inspirada. Conviene delimitar bien el sentido propio de la Escritura, rechazando las interpretaciones indebidas que hacen decir lo que ésta no tiene intención de decir".

"La 'Humani generis' -señala-, consideró la doctrina del 'evolucionismo' como una hipótesis seria, digna de una investigación y de una reflexión profunda, al igual que la hipótesis opuesta (...). Hoy, casi medio siglo después de la aparición de la Encíclica, nuevos conocimientos llevan a reconocer en la teoría de la evolución más que una hipótesis (...). La convergencia, no buscada ni inducida, de los resultados de los trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye en sí misma un argumento significativo en favor de esta teoría".

"La elaboración de una teoría como la de la evolución -continúa-, mientras obedece a la exigencia de homogeneidad con los datos de observación, toma ciertas ideas de la filosofía de la naturaleza. En verdad, más que 'la' teoría de la evolución, conviene hablar de 'las' teorías de la evolución. (...) De este modo, existen lecturas materialistas y reduccionistas, y lecturas espirituales".

"El Magisterio de la Iglesia está directamente interesado en la cuestión de la evolución, porque ésta concierne al concepto del hombre, (...) creado a imagen y semejanza de Dios. (...) Pio XII subrayó este punto esencial: 'si se busca el origen del cuerpo humano en una materia viva y pre-existente, el alma espiritual es creada directamente por Dios'. Por consiguiente, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías que las inspiran, consideran que el espíritu emerge de fuerzas de la materia viva o como un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Estas son además incapaces de poner las bases para la dignidad de la persona".

"La consideración del método utilizado en los diversos órdenes del saber permite poner de acuerdo dos puntos de vista que parecen inconciliables. Las ciencias de la observación describen y miden con una precisión cada vez mayor las múltiples manifestaciones de la vida y las colocan en la línea del tiempo. El momento del pasaje a lo espiritual no es objeto de una observación de este tipo, que no obstante puede revelar, a nivel experimental, una serie de signos muy útiles sobre la especificidad del ser humano. Pero la experiencia del saber metafísico, de la conciencia de sí y de su carácter reflexivo, la de la conciencia moral, la de la libertad, o incluso la experiencia estética y religiosa, están en el ámbito del análisis y de la reflexión filosófica, mientras que la teología le extrae el sentido último según los designios del Creador".


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