EL PAPA RECHAZA EL ABORTO, LA EUTANASIA Y LA PENA DE MUERTE
CIUDAD DEL VATICANO, 27 ENE 1999 (VIS).-Esta mañana, el Papa Juan Pablo II presidió una Misa votiva del Sagrado Corazón de Jesús, concelebrada en el Trans World Dome de St. Louis -uno de los mayores estadios cubiertos de los Estados Unidos-, donde se reunieron 100.000 fieles.
El Papa subrayó que "a través de Jesucristo sabemos cuánto nos ama el Padre. En Jesucristo, por el don del Espíritu Santo, cada uno de nosotros puede participar en el amor que es la vida de la Santísima Trinidad". El amor de Dios, dijo, "es un amor que salva. Este es el amor que encontramos en el corazón de Jesús".
"St. Louis ha sido una puerta de acceso al Oeste, y ha sido también la puerta del gran testimonio cristiano y del servicio evangélico". Y el Papa citó las numerosas congregaciones religiosas que "han trabajado por el Evangelio", la labor del apostolado laico, "las actividades caritativas de todo tipo (que) han sido una parte viva de la vida católica", los "excelentes servicios de asistencia sanitaria católicos", y "las escuelas católicas, que han demostrado poseer un valor inestimable para generaciones de niños".
De "esta inmensa herencia de santidad y servicio (...) debéis sacar inspiración y fuerza para la nueva evangelización que tan necesaria es cuando se aproxima el tercer milenio cristiano".
"En la nueva evangelización que se está llevando a cabo es preciso poner el acento sobre la familia y sobre la renovación del matrimonio cristiano - afirmó-. (...) La nueva evangelización debe hacer que se aprecie de modo más completo la familia como primer y más vital fundamento de la sociedad. (...) Como va la familia, así va la nación".
Hoy se celebra el Evangelio del amor de Dios, declaró el Pontífice. "Como creyentes, cómo es posible que no comprendamos que el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido representan un terrible rechazo del don de Dios de la vida y del amor?"
"La nueva evangelización necesita de seguidores de Cristo que estén incondicionalmente a favor de la vida. (...) Un signo de esperanza está constituido por el creciente reconocimiento de que la dignidad de la vida humana no debe ser nunca negada, ni siquiera a quien ha causado un gran mal. La sociedad moderna cuenta con los medios para protegerse sin negar a los criminales de modo definitivo la posibilidad de reformarse. Renuevo el llamamiento lanzado en Navidad en favor de un acuerdo para abolir la pena de muerte, que es cruel e innecesaria".
A continuación, subrayó otro desafío que afronta el país: la necesidad de "poner fin a toda forma de racismo, plaga que vuestros obispos han definido como uno de los males más persistentes y destructivos del siglo".
Juan Pablo II dijo para concluir que "nuestra vida cristiana puede ser vista
como una gran peregrinación a la casa del Padre, que pasa a través de la puerta
que es Jesucristo. La llave de esa puerta es el arrepentimiento y la
conversión. La fuerza para pasar por esa puerta viene de nuestra fe, de la
esperanza y del amor".
PV-EE.UU./MISA/ST LOUIS VIS 990128 (510)