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HOMILIA DEL PATRIARCA S.B. MICHEL SABBAH

Fecha: Sabado, 25 de Diciembre de 2004
Fuente: Patriarcado Latino de Jerusalén


PATRIARCADO LATINO - JERUSALEN

NAVIDAD 2004 – HOMILIA


1. ¡Feliz y Santa fiesta de Navidad! Pido a Dios por vosotros y por todos los habitantes de esta Tierra Santa, por toda nuestra diócesis, Israel, Palestina, Jordania y Chipre, una Navidad que colme vuestros corazones de serena alegría, de paz y vida abundante.

2. Hermanos, representantes de la Autoridad Nacional Palestina Mahmoud Abbas-Abu Mazen, Rawhi Fattawi y Ahmad Qurei’-Abu Ala. Habéis querido continuar la tradición comenzada por el presidente Arafat, quien recientemente nos ha dejado por la vida eterna, y estar presentes entre nosotros en esta noche santa. Vemos en vuestra presencia aquello que habíamos constatado en la presencia del presidente Arafat: ante todo un homenaje a Dios Altísimo, después un homenaje a la ciudad de Belén, ciudad de la Natividad, de la cual vosotros tomáis el significado para toda la humanidad; es por lo tanto un homenaje a la presencia cristiana en lo mas profundo del pueblo palestino del cual vosotros detentáis, después del presidente Arafat, la responsabilidad de su unidad, en el camino hacia la justicia, la paz y en mantenimiento del orden, con el fin que todos los ciudadanos vivan bajo la protección de la ley y la autoridad de su representantes. ¡Sed bienvenidos! Pedimos a Dios que abra el espíritu y los corazones de todos aquellos que en esta tierra son garantes de la justicia y la paz. Que El conceda a todos el don de saber utilizar las vías de la razón y de la sabiduría para afrontar una realidad que parece insanable.

3. Hermanos y hermanas, nuestra oración en esta noche nos reúne ante el misterio de Dios en nuestra tierra. Ante el misterio, creemos y adoramos.
El evento del cual revivimos la memoria, San Lucas nos lo refiere como un hecho histórico. Se desarrolla en los tiempos de un censo general de la provincia romana de Siria. Maria y José, de la tribu de David, que Vivian en Nazaret, se pusieron en camino para retornar a Belén, la ciudad de David, para censarse. En una gruta vecina a la ciudad sobrevino el tiempo, la “plenitud del tiempo” dice la Sagrada Escritura, y Maria dio a luz.
San Juan describe de forma diferente el evento dando le un significado profundo: “En principio era el Verbo, el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros”. Come dice el profeta Isaías, era el Emmanuel, el Dios-con-nosotros.
La comunidad cristiana creyó y cree aun en este misterio de la Navidad, del Dios-con-nosotros. Con los Padres de la Iglesia y con todos los cristiano, repite de generación e generación el canon de la fe común a todos. “Creemos en un solo Dios, Dios Creador. Creemos en Jesucristo, el Verbo Eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios verdadero de Dios verdadero, Luz de Luz, generado no creado, de la misma sustancia que el Padre, que se encarnó en el seno de la Virgen Maria y se hizo hombre”. Este es el significado de la Navidad para nosotros.

4. Meditemos aquello que dice el Evangelio del recién nacido. “Será signo de contradicción, causa de la ruina y la destrucción de muchos en Israel y en el mundo”. Por la simple razón que los valores de los hombres no son siempre los mismos de Dios.
Es por esto que el cristiano se encuentra con frecuencia llamado a ser signo de contradicción. Se sea en medio de numerosas dificultades es cosa normal, sobre todo aquí en Tierra Santa y en estos días. Pero para hacer frente a las dificultades y a los desafíos no debemos gritar, ni llorar, ni acusar, ni mucho menos abandonar nuestra tierra y la vocación a la que estamos llamados a desarrollar en ella, tampoco debemos preguntarnos: ¿Dónde esta Dios? Dios esta en ti, dice la Escritura, vecinisimo a ti. Se trata solamente de hacer silencio, de concederse un poco de calma para verlo y escucharlo. Sabrás entonces como comportarte ante cada aspecto de la vida privada o publica. En esta visión se basa nuestra paciencia, se funda nuestra esperanza y nuestra capacidad de dominar cada situación, para continuar a amar y construir, aunque si estamos rodeados de demoliciones, voluntad de muerte, odio o de temor.
Jesús dice: “No tengais miedo. Yo he vencido el mundo. He vencido el mal que era en el mundo”.
Hermanos y hermanas, no somos numerosos. Pero si permanecéis a contar los miembros de vuestro pequeño número, seguiréis siendo pequeños y débiles. Consolidad en cambio vuestra fe y os liberareis de las leyes de la cantidad y de los números. Reentrad en el dominio del espíritu y del amor, dos factores que pueden vencer el mal y la ley del grande y pequeño número, con todo aquello que comporta tensiones entre familias, tribus, grupos, naciones y religiones diferentes. Permaneced fieles a vuestros deberes cívicos con todos los sacrificios requeridos en estos días.
Vivir en Tierra Santa es una vocación, una vocación a una vida difícil: nuestra vida con todos adelantos y responsabilidades, cualesquiera que estos sean, políticos, económicos o sociales, es una vocación de testimonio de Jesús en su tierra.
5. Nuestra situación e de conflicto y violencia, de inseguridad y de miedo, de ocupación militar, del muro de separación, de ciudades-prisión, de humillación. Podemos decir que esto ha durado ya demasiado. Es tiempo de vencer la violencia de ánimos y de los corazones de los individuos, de los mandatarios, que aquellos que están comprometidos sinceramente en la defensa de los derechos y de la obtención de la libertad. Si, en la historia siempre ha habido épocas de guerra, de manos llenas de sangre, para conquistar o liberar países, o para fundar imperios: es tiempo para la humanidad entera, para Palestina e Israel, de vencer el mal de la violencia en si mismos, para poder nacer en a una nueva sociedad de hermanos y hermanas, en la cual ninguno estará sometido al otro, ninguno estará ocupado por otro, ninguno será causa de inseguridad para el otro, ninguno privara al otro de su libertad y de su derecho a vivir en plena dignidad de persona humana en sus convicciones religiosas, nacionales o políticas.

6. Hermanos y hermanas, roguemos porque la paz y la justicia sean en el corazón de todos, israelíes y palestinos. Hemos orado y ayunado. Todas las Iglesias del mundo han rezado y ayunado con nosotros. A todos ellas hemos pedido de tomar conciencia de su responsabilidad y de llevar la reconciliación fundada en la justicia y la igualdad a esta tierra que es la tierra de las raíces de todo cristiano. Creemos que Dios es bueno y un día su bondad vencerá en esta tierra el mal de la guerra, del odio, del miedo y de la injusticia.
Rogamos por todos los prisioneros políticos, para que todos los muros caigan, aquellos que rodean Belén y las otras ciudades palestinas. De la misma forma caigan los muros del odio erigidos en nuestros corazones.
Rogamos por el Irak ensangrentado, que Dios restituya el orden y la paz entre sus diferentes religiones y grupos políticos. Rogamos para que una nueva humanidad pueda nacer en nuestra tierra y en el mundo y que la paz de Dios pueda reinar en ella.

Amen.


+ Miguel Sabbah, Patriarca

Belén, Navidad 2004


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Created / Updated Friday, 8 October, 2004 at 7:48:46 am by J. Abela, E.Alliata, E. Bermejo
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