la tierra santa - revista bimestral de la custodia franciscana de tierra santa

03-04.1999 - versión online

La Iglesia de Palestina en sus orígenes -I-


Alviero Niccacci, ofm
Estudio Bíblico de la Flagelación

Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén vaios miles de judíos creyentes. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

El mundo judeocristiano

Este primer núcleo de judíos bautizados fue duramente perseguido por los judíos. Entre los perseguidos se encontraban los apóstoles Pedro, Juan y el diácono Esteban (Hch 4 y 7). Luego, "se desencadenó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén" (Hch 9,1). En el año 44 Herodes Antipas I encarceló a Santiago y a Pedro (Hch 12), y en el año 62 fue lapidado Santiago, "hermano del Señor, al que los apóstoles habían confiado el trono episcopal de Jerusalén" (Eusebio, HR II, 23,1).

Después, a raíz de las dos sublevaciones de los judíos contra los romanos, la primera en el año 70 y la segunda en el 135, los creyentes de la Iglesia Madre sufrieron la misma suerte que sus hermanos de raza a pesar de no haber participado los cristianos en la revueltas. En la primera, la comunidad judeocristiana se refugió en la ciudad de Pela en Transjordania.

Al frente de la comunidad de Jerusalén estaban obispos judeocristianos. Conocemos el nombre de 15. El primero fue Santiago el Menor, "hermano del Señor", seguido de Simón, "primo del Señor", que fue martirizado en el año 107. Luego les suceden Justo, Zaqueo, Tobías, etc.

Los cristianos procedentes de la gentilidad pagana

En el año 135 los romanos aplastaron la segunda revuelta judía. Jerusalén fue tomada en asalto, arrasada, y la nación judía dispersada. La Ciudad Santa fue reconstruida a la manera romana y poblada por gentes de origen no judío. A partir de esta fecha o, según escribe el historiador Eusebio, "desde entonces es cuando por primera vez allí la Iglesia de Jerusalén se compuso de gentiles después de los oriundos de la circuncisión, y el primero de los obispos gentiles que los dirigió fue Marcos".

Esta afirmación, unida a ciertos intereses partidistas, ha hecho aceptar a la mayoría de los estudiosos la idea de que Jerusalén se había vaciado de cristianos locales a partir del año 70 y hasta el 333 y, por consiguiente, el cristianismo palestino había sido importado de otras partes del imperio.

La presencia de judeocristianos y las difíciles

relaciones con la Iglesia de la gentilidad

Debemos al P. Bagatti, franciscano, el haber analizado toda una serie de hechos que prueban exactamente lo contrario, como exponemos a continuación:

1- Una carta atribuida a Clemente (PG 2,31-36) y dirigida a "Santiago, señor y obispo de obispos, que gobierna la santa Iglesia de los judíos de Jerusalén".

2 - En tiempo de los obispos oriundos de la gentilidad: Narciso y su sucesor Alejandro, finales del siglo II, se origina una controversia entre la jerarquía de cultura griega y los fieles judeocristianos sobre la celebración de la fiesta de Pascua que el concilio de Cesarea, año 109, había fijado en domingo, mientras que los judeocristia-nos la celebraban el 14 del mes hebreo de nisán, como inmutable.

3 - Sabemos que los judeocristianos estaban instalados en el siglo IV en el Monte Sión, cuna de la Iglesia, mientras que la jerarquía de la Iglesia de la gentilidad oficiaba en el Santo Sepulcro. Las relaciones entre las dos comunidades eran tirantes, como nos las describen autores contemporáneos: San Jerónimo, San Epifanio y San Gregorio de Nisa. Tanto es así que el Monte Sión no figura en la lista de Santos Lugares por el hecho de estar en manos de los judeocristianos. San Gregorio de Nisa se escandalizaba del desacuerdo que reinaba entre las dos comunidades. Más aún, algunos fanáticos judeocristianos, que predicaban tres resurrecciones de Jesús, la doctrina milenarista y la restauración del Templo con la vuelta a las ceremonias del A.T. y a los sacrificios cruentos,no le consideraban cristiano.

4 - El obispo Juan II (387-417), de origen gentil, erigió una basílica en el Monte Sión, junto a la pequeña iglesia primitiva tenida por los judeocristianos, de la cual se conserva el ábside en la sala inferior del Cenáculo. Pero estos últimos continuaron con sus tradiciones y creencias como nos lo asegura San Jerónimo (PL 26,192).

Los últimos destellos judeocristianos

Conviene recordar que en pleno siglo IV la Iglesia de Tierra Santa seguía llamándose todavía "nazarena" en lugar de "cristiana" (San Cirilo, PG 33,681), lo que prueba que seguía conservando su fisonomía primitiva a pesar de la llegada masiva de bautizados procedentes de la gentilidad. Más aún, la Iglesia conservaba la lengua local, la siríaca o aramea, como nos lo atestiguan autores contemporáneos y son:

1 - San Procopio, diácono, nacido en Jerusalén y martirizado en el año 303. Nos asegura que fue enviado a Escitópolis-Beit Shean en calidad de intérprete para la lengua aramea, lengua muy respetable por haber sido la de los apóstoles y conservada por los cristianos como signo de apego a sus orígenes.

2 - La peregrina Egeria, que visitó Tierra Santa a finales del siglo IV, nos refiere que los oficios litúrgicos y las homilías se hacía en lengua griega en la basílica del Santo Sepulcro, pero eran traducidos al arameo para la asistencia que no comprendía el griego. Asimismo, para la minoría que hablaba latín, había un traductor para esta lengua.

3 - En fin, en el año 333 un peregrino conocido con el nombre de Anónimo de Burdeos, asegura que las basílicas construidas por los cristianos de la Iglesia de la gentilidad, lo fueron "por orden del emperador Constantino", es decir, por orden imperial obligatoria. De ahí que los Santos Lugares venerados por los judeocristianos, y conservados en su forma original, pasaran a los cristianos de la gentilidad, los cuales erigieron en su lugar basílicas. Esta dolorosa transformación se demostrará providencial. En efecto, los cristianos de la Gran Iglesia de la gentilidad heredaron directamente de lo judeocristianos los preciosos recuerdos de Cristo y de los orígenes del cristianismo. Lo lamentable del caso es que los judeocristianos, minoritarios y en disputa con sus hermanos enemigos, se replegaran sobre ellos mismos engendrando diversas sectas.

De esta manera desaparacieron, al menos oficialmente, los últimos supervivientes de la primitiva Iglesia de Jerusalén.

(Continuará)

Director: Ignacio Peña ofm

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     Created / Updated Saturday, April 03, 1999 at 17:33:01
     by John Abela ofm for the Maltese Province and the Custody of the Holy Land
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