Es tradicional celebrar en Belén la Misa de media noche de Navidad o del Gallo en la Iglesia franciscana de Santa Catalina y bajar después en procesión a la Gruta del nacimiento del Señor, proclamar de nuevo el Evangelio de la Misa y, como narra el Evangelio, envolver al Niño en pañales y le colocarle en el pesebre.
El rito de apertura del Gran Jubileo del año 2000 en Belén se ha celebrado entre la misa y la procesión a la Gruta de la Natividad, formando parte tanto la misa como la procesión y las acciones que se realizan en la Gruta parte del rito de apertura. Con esta ocasión, junto al Patriarca de Jerusalén, Michel Sabah, concelebraban el M.R.P. Giovanni Battistelli, Custodio de Tierra Santa, los obispos auxiliares latinos y los obispos católicos de la jerarquía oriental de Jerusalén. Ha presenciado la celebración el señor Arafat, presidente de la Autoridad Palestina, y han participado algunos jefes de Estado, entre los que destacaban el señor José María Aznar , presidente del gobierno español y el señor Massimo DAlema, presidente del consejo de Italia. La Custodia de Tierra Santa, como es habitual, ha ofrecido a los participantes un libro, publicado en la Franciscan Printing Press, en siete lenguas y a dos tintas, con la música de los cantos, por el que podía seguirse la celebración.
La asamblea ha participado al unísono sea en la recitación cuanto en el canto con el regocijo de la fiesta. A ello ha contribuido la coral de la Custodia de Tierra Santa, bajo la responsabilidad del Maestro Armando Pierucci ofm, quien estrenó una nueva misa "Mater Misericordiae" que conjugaba su música con la melodía de la "Missa de Angelis". La asamblea pudo seguir el canto en melodía maronita y árabe.
Después de la oración después de la comunión se hace la proclamación del Jubileo. El Patriarca hizo una triple alabanza trinitaria a la que se unió la asamblea con un estribillo, también trinitario. Exhortaba después el Patriarca a escuchar el Evangelio. En esta exhortación recuerda el aniversario, 20 siglos, dos milenios, del nacimiento del Señor, "el mismo ayer, hoy y siempre" y resalta la particularidad excepcional de este aniversario en el lugar del acontecimiento, fusión de tiempo y espacio, a donde acuden los peregrinos de todo el mundo como a fuente da agua perenne.
Una oración precedía a la proclamación del Evangelio jubilar: la venida del Hijo de Dios señala el inicio del tiempo nuevo lo que es motivo de alegría del Espíritu.
El Evangelio proclamado es el de Lucas 4, 14-21: "El Espíritu del Señor me ha enviado para proclamar un año de gracia".
Al Evangelio sigue la propia proclamación del Jubileo que inicia el Patriarca y sigue el Custodio de Tierra Santa con la intervención del coro, "Aclamad al Señor tierra entera" (Salmo 99) y del pueblo, "Gloria in excelsis Deo". Es el anuncio de una gran alegría que consiste en el nacimiento del Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, nacimiento previsto en la Historia de la Salvación, realizado por obra del Espíritu Santo en la Virgen María, precisamente en el lugar a donde se dirige la procesión para celebrarlo en el mismo lugar. Todo es de este modo adaptado al tiempo y al espacio . Esto es motivo de alegría en el cielo y en la tierra. Este día aniversario es el inicio de un año agradable al Señor, año de misericordia y de gracia, reconciliación y perdón, salvación y paz, es decir, el año jubilar.
En esta ambientación comienzaba la procesión a la Gruta cantando el salmo 117 "Dad gracias al Señor, porque es bueno" con el estribillo "Bendito el que viene en nombre del Señor". Es el mismo estribillo que repetían los fieles del siglo IV yendo de Belén a Jerusalén para celebrar la fiesta de Epifanía en torno a su obispo. Es el mismo estribillo que acompaña y acompañaba la procesión de ramos. Quiere esto decir que pascua comienza en la gruta de Belén con el nacimiento y se consuma en Jerusalén en el Triduo pascual.
La procesión recorrió el claustro de san Jerónimo y se detiene en la puerta que comunica con la Basílica y gruta de la Natividad. No se trata de la "Puerta Santa" en sentido estricto y tradicional, la puerta que se abre y se cierra. Con la venida de Cristo en Esta Tierra Santa ha abierto la puerta de la salvación que no puede cerrarse. Ha venido en una Gruta oscura, y la ha iluminado para siempre, él luz sobre toda luz. El Patriarca llevaba el Niño Jesús y el Custodio de Tierra Santa el Evangeliario. Llegado el Custodio a la puerta mencionada, adornada para la circunstancia, se detuvo y mostró el Evangeliario hacia la asamblea y después hacia la basílica. Al mismo tiempo se cantó la antífona "Yo soy la puerta, dice el Señor, quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos" (Jn 10,9) y el Evangeliario fue incensado por un diácono. La palabra que existía desde el principio se hace carne.
Siguió la procesión al canto del himno tradicional "Jesu, Redemptor omnium" hacia la gruta.
En la Gruta un diácono cantó el Evangelio de san Lucas (2,1-14). Interrumpe el canto para envolver en pañales al Niño que traía el Patriarca y luego para reclinarlo en el pesebre. Luego la asamblea se unió al canto del Gloria de los ángeles del Evangelio. Una antífona alternada recordaba los acontecimientos entrañables de esta noche narrados en el Evangelio: el nacimiento del Creador del mundo en una humilde gruta, los pañales, el pesebre, la visita de los pastores y de los magos, la visión de la estrella y el canto de los ángeles. En este ambiente de la luz de las velas en la gruta oscura y del incienso, terminaba la proclamación del Jubileo con la oración del Papa. Con el canto del Te Deum volvía la procesión a la iglesia de santa Catalina donde la autoridad eclesiástica recibía el saludo de las autoridades civiles.