|
Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu Salvador (Is 62,11).
Queridos hermanos y todos vosotros, hombres de buena voluntad: Unámonos gozosos a la voz del profeta para gritar no sólo a la hija de Sión, sino también al mundo entero: Mira, llega tu Salvador, mira, hoy, en esta noche santa y en este lugar santo, el Señor viene a salvarnos haciéndose uno de nosotros, haciéndose Dios-con-nosotros, el Emmanuel (cf. Is 7,14).
Repitamos con los ángeles: Mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor (Lc 2,10).
Ya han pasado dos mil años desde que esta voz resonó en los campos de Belén. Y, sin embargo, el paso del tiempo no la ha debilitado porque la palabra de Dios es de ayer, de hoy y de siempre. Y hoy, como entonces, esta palabra se dirige a todos los hombres, sobre todo a los humildes, a los pobres, y a aquellos que, como los pastores de aquel tiempo, en su pequeñez se disponen mejor a acoger la revelación de un Dios que se hace niño, de un Dios que se nos ofrece y se pone a nuestro mismo nivel para relacionarse con nosotros.
¡Qué sublime lección de humildad nos da nuestro Dios! Una lección muy válida para el mundo de hoy, para todo el mundo, pero sobretodo para esta sufrida Tierra Santa.
Despojémonos nosotros también de nuestros propios intereses y egoísmos; saltemos las barreras de la incomprensión y desconfianza recíprocas; superemos los muros del miedo y del odio, que todavía nos dividen. Nos habilita el Dios que ha abatido, aquí, en esta noche, toda diversidad y distancia, pues él ha reconciliado el Cielo con la tierra, el Creador con la criatura, haciéndoles coincidir, haciéndoles uno.
Nos conceda el Señor Jesús, que nace esta noche por nosotros y para nosotros, ser discípulos atentos a su ejemplo, para ser también nosotros, en Él y como Él, artífices de reconciliación y de paz.
¡Deseo a todos de corazón felices pascuas de Navidad!
|