Jesús de Nazaret Dios y Salvador Nuestro

NOVENA PARTE
CUANTO HEMOS VISTO Y OÍDO


200. La Palabra de Vida.
Lo que existía desde el principio en Dios. Lo que hemos visto con nuestros
ojos, lo que hemos oído, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca
de la Palabra de Vida, os lo anunciamos, para que tambien vosotros estéis en
comunión con nosotros y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su
Hijo Jesucristo. - Pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y
damos testimonio y os anunciamos la vida eterna  que estaba vuelta hacia el
Padre y que se nos manifestó. - 
Y est es el mensaje que hemos oído de él: Dios es luz, en él no hay tiniebla
alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en las
tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz,
estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos
purifica de todo pecado.


201. Amor a los hermanos.
Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, esta aún en las
tinieblas.
Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien
aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe a donde va porque las
tinieblas han segado sus ojos.
En esto hemos conocido lo que es Amor: En que él dio su vida por nosotros.
Tambien nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Este es el mensaje
que hemos recibido desde el principio: Que nos amemos los unos a los otros.
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a
los hermanos.  Quien no ama permanece en la muerte.
Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y
que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. 


202. Hijos de Dios.
Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡
Pues lo somos !.
El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos: Ahora somos hijos de Dios  y aún no se ha manifestado lo que
seremos. Sabemos que cuando se manifieste,  seremos semejantes a él, porque
le veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a si mismo, como él es puro.
Queridos: Si Dios nos amó de esta manera, tambien nosotros debemos amarnos
unos a otros.  Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos
creído en el.
Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en el.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.


203. El nos amó primero.
En esto consiste el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en
que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene,  en que envió a su Hijo
Unico para que viviéramos por medio de él.
Queridos: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que
ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Si alguno dice:  Amo a Dios, y
aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a
quien ve, como puede mar a Dios a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame tambien a su
hermano.


204. Nuestra fe.
Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios.
Y todo el que ama a aquel que da el ser ama tambien al que ha nacido de él.
Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo y lo que ha conseguido la
victoria sobre el mundo es nuestra fe. Pues ¿ Quien es el que vence al mundo
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios ?.
Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios,
que ha testimoniado a cerca de su Hijo. Y este es el testimonio que Dios nos
ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene
la vida; quien no tiene el Hijo, no tiene la vida.


205. Testigos de Cristo.
La Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, su resurrección y ascensión
a los cielos , la promesa y el envío del Espíritu Santo son el núcleo  de
hechos de salvación de los que somos primero beneficiarios y después testigos.
Un doble movimiento, primero de acercamiento a Dios para llenarnos de él y
luego de expansión para comunicarlo a los demás, caracteriza al espíritu de
preparación del Jubileo de año 2000.
Como el mismo Jesús lo encomendó a sus discípulos cuando volvió a reunirlos
después de su gloriosa resurrección: “ Recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo y seréis mis testigos en toda Jerusalén y hasta los últimos confines
de la tierra ”. Redimidos por Dios, nos convertimos en testigos de Cristo y
heraldos de su Evangelio, en nuestro hogar, dentro de nuestro trabajo, en
nuestra Iglesia Particular  y con todas las gentes sin limite alguno.
  

206. Que nuestro Señor sea más conocido y amado.
La preparación al jubileo de año 2000 ha de contribuir a que el Señor sea
más conocido y amado primero por nosotros los que creemos en Jesús el Hijo
de Dios y luego por todos, aun por los indiferentes y los que todavía no han
escuchado su mensaje de salvación.
La fe y el amor a Jesús deberán llevarnos  a  CUMPLIR SU MANDATO DE AMARNOS
LOS UNOS A LOS OTROS  y de allí a la Bienaventuranza eterna: “ Venid
benditos de mi Padre al lugar que os tiene preparado desde antes de la
creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer...”
Pero los que se nieguen a creer,  no podrán superar la seducción de este
mundo, vivirán según sus pasiones cometiendo impiedades y no podrán cumplir
su mandato de amor a sus hermanos,  terminando por recibir la sentencia de
eterna condenación: “ Apartaos de mi malditos al fuego eterno preparado para
Luzbel y sus ángeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed
y no me disteis de beber ”.


207. Jesucristo único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre.
La preparación  a la celebración del jubileo del año 2000 está dedicada este
año a la reflexión sobre Cristo “ Verbo del Padre, hecho hombre por obra del
Espíritu Santo ”. Celebrará la venida al mundo del Hijo de Dios, misterio de
salvación para todo el genero humano.
El centro de la reflexión será  el conocimiento profundo y el amor a Cristo
descubierto como nuestro Dios y Salvador, la profundización en el misterio
de su Encarnación  y la necesidad de la fe en Él para la salvación. Todo
deberá mirar al objetivo prioritario del Jubileo que es el fortalecimiento
de la fe y del testimonio de los cristianos para suscitar en cada fiel un
verdadero anhelo de conversión  y renovación en un clima de oración siempre
más intensa y  de acogida solidaria al prójimo, especialmente al más necesitado.


208. Vida fraterna.
La vida fraterna del cristiano tiene su origen en la confesión de su fe en
el misterio de la Santísima Trinidad y de su amor por nosotros: del Padre
que toma como suya a la única familia humana; del Hijo que vino a realizar
la fraternidad de un mundo dividido; del Espíritu que es vinculo de comunión
y unidad en la Iglesia.
El primer fruto de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés es la
formación de la comunidad de los creyentes:  Estos se convierten en una
comunidad de hermanos reunidos en el nombre del Señor.
La comunión manifiesta la presencia del Espíritu y se concreta en las
practicas fundamentales de la vida de los primeros cristianos: La enseñanza
de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración en
común, como momento privilegiado en el que se revela y manifiesta la
presencia y la acción de Dios para realizar la salvación en la historia.


209. Dimensión comunitaria del seguimiento de Jesús.
En la vida comunitaria, es el Espíritu quien introduce en la comunión con el
Padre y con su Hijo Jesucristo.
En realidad la Iglesia es esencialmente misterio de comunión: “ muchedumbre
reunida por la unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo ”
Dentro de la Iglesia, la vida comunitaria se vive siempre  en medio de
conflictos porque el Evangelio anuncia y revela la voluntad de Dios y, por
tanto desaprueba y denuncia las opiniones y decisiones puramente humanas
contrarias al Espíritu. Y porque en el interior de las comunidades mismas
hay siempre debilidades e incoherencias.
Pero todo esto no le quita su valor salvifico, antes lo acrecienta:
Impulsada continuamente hacia el Padre mediante un amor alimentado con la
Palabra y la Eucaristía y guiado por el Espíritu que une el presente al
futuro impulsando a la comunión plena  de la cual es primicia y arras, la
vida fraterna refleja la hondura y riqueza de la Trinidad fuente y modelo de
la fraternidad de los seres humanos .


210. Dimensión  cristologica de la vida cristiana.
La carta apostólica Tercio Milenio Adveniente nos orienta a vivir en forma
particular la dimensión cristologica de la vida cristiana: Esta es
esencialmente un seguimiento de Jesús.
El seguimiento es una respuesta libre a una llamada gratuita. El primer
encuentro de Jesús con las personas, al iniciar la predicación de la Buena
Noticia, desemboca en una llamada al seguimiento.
Hay que dejar muchas cosas para seguir a Jesús, hay que romper los lazos que
impiden su seguimiento, hay que aceptar y adherirse a la comunidad de sus
seguidores.
El caminar detrás de Jesús se va convirtiendo poco a poco, en una vida en
comunión con Él, aceptando sus enseñanzas y entregándose a su persona y a su
obra. El seguimiento se va realizando en forma gradual. Va madurando
lentamente en los altibajos de la respuesta humana y en la fe y el amor
confiado, se reconocen y asumen las debilidades e infidelidades como parte
de la propia historia. 


211. Don gratuito.
La reflexión sobre el sentido del seguimiento de Jesús en los Evangelios nos
lleva, ante todo, a constatar que fruto de un llamamiento gratuito de Dios.
Esto conduce a vivir la experiencia de la gratuidad  de Dios, que hace
posible evitar la autosuficiencia y el desaliento. 

Seguir a Jesús significa renovar en nosotros su propia experiencia, trabajar
por lo que el trabajo y estar dispuestos   pasar lo que él pasó. El
Experimentó a Dios como Padre,  a los demás como hermanos y hermanas y al
mundo como lugar de encuentro con Dios y con los hermanos. Jesús trabajó por
la liberación total del ser humano y pasó por la incomprensión, la
persecución, la muerte y mediente ella alcanzo nuestra propia  resurrección.


212. Perspectiva  trinitaria.
Las obras externas de Dios, son todas comunes a las Tres Divinas Personas.
Un solo Dios creador, dueño y señor de todo cuanto existe en el cielo y en
la tierra, del que, como creaturas, somos colaboradores cuando hacemos mas
hermosa útil y admirable la obra de sus manos.
Pero en la vida interna de la Comunidad Divina las operaciones de cada
persona son distintas y propias de cada una de las Tres Divinas Personas :
Solo el Padre engendra, por el conocimiento a su propio Hijo; solo el Hijo
es engendrado desde siempre en el seno del Padre. Solo el Padre y el Hijo
aspiran al Espíritu Santo por el amor;  y solo el Espíritu Santo procede del
Padre y del Hijo desde siempre y por siempre.
Esta comunidad de vida divina es la que es propia de Jesús, en cuanto Dios ,
y de la que participa  en cuanto hombre por el misterio insondable de su
encarnación, y con el su Iglesia adquirida con el precio de su muerte y
resurrección y en ella nosotros que llamamos Padre a Dios, hermano a Jesús
nuestro Salvador y fuente de vida eterna al Espíritu Santo que habita en
nuestras almas. 
La Iglesia, fincada en la Trinidad Santísima, es la comunidad de seguidores
de Jesús. En ella Cristo resucitado sigue presente en la historia y el la
envía como pueblo profético que anuncia el Evangelio para proclamar sus
exigencias y denunciar todo lo que se opone a el para renovar el mundo según
el designio original de Dios.

 
213. La comunidad de los seguidores de Jesús.
La comunión en Cristo y la vocación a formar la comunidad eclesial crean
vínculos fraternos entre sus seguidores. El amor al prójimo hermano debe ser
como el de Jesús,  la fraternidad cristiana, que se origina en el llamado a
seguirlo, encuentra en el Maestro-Cristo y en sus enseñanzas. la expresión
concreta de la gratuidad, la universalidad y la entrega total que deben
caracterizarla. La comunión de corazones y el compartir los bienes aparecen
como el ideal para los cristianos de todos los tiempos.


214. Compromiso con la justicia.
Llamada a la construcción de una sociedad fraternal donde los hijos
participen en su propia edificación y en el goce de los bienes que Dios creo
para todos, la Iglesia está obligada a denunciar y a colaborar en la lucha
para quitar los hechos y las estructuras de injusticia donde opera el
misterio de iniquidad en la vida personal y social.
Ante la gravedad de la situación generalizada de injusticia y con el
nacimiento de una nueva conciencia social misionera, el seguimiento de Jesús
y su opción preferencial por los pobres, ha vuelto a tomar dimensiones
fuertes de solidaridad y compromiso con los que sufren la opresión ,
cuestionando los sistemas que generan la injusticia  y  comprometiéndose a
trabajar por la promoción humana, la liberación individual y el desarrollo
social sobretodo entre los más oprimidos y los más necesitados .  


215. Volver a la Escritura.
Tercio Milenio Adveniente invita a todos los cristianos a que durante primer
año de preparación próxima
al Jubileo “ vuelvan con renovado interés a la Sagrada Escritura ”, con
todos los medios que se organizan hoy en todas partes. Esto los llevará a
conocer la verdadera identidad de Cristo.
La escucha de la Palabra de Dios en la Escritura y en la vida, como primer
fuente de la vida espiritual, alimenta una relación personal con el Dios
vivo que nos muestra su voluntad salvifica y santificadora. manifestándonos
la naturaleza de su Hijo unigénito y su proyecto de salvación en Cristo para
toda la humanidad. De la meditación de la Palabra de Dios y de los misterios
de Cristo en particular, nacen la intensidad de la contemplación y el ardor
de la actividad apostólica que no es otra cosa que la vida en Cristo que se
acoge por la fe, se expresa en la caridad y nos lleva compartir nuestra
esperanza..


216. Vida en el Espíritu.
La vida cristiana ES una “vida en el Espíritu ”, a la escucha de lo que el
dice, para poder responder a los designios del Padre y seguir a Jesús “tal
como se propone en el Evangelio”.
Uno de los más grandes desafíos que enfrenta la Iglesia de hoy ante la
secularización de la vida, es el de renovar su espiritualidad, que no es
otra cosa que la “vida en Cristo” o “vida en el Espíritu” a la que tendremos
que llegar por la escucha y la fidelidad a la Palabra de Dios en la
Escritura y en la vida y por la docilidad al Espíritu Santo, fuente de vida
eterna, que continua en nuestro interior la obra salvadora del Padre hasta
llevarla a su plena realización mediante el sublime conocimiento de Cristo y
la aceptación de su persona y de su obra en nuestra propia existencia.


217. A partir de la vida.
Para poder permanecer a la escucha de la Palabra de Dios,  se requiere
partir de la vida a la Palabra , y de esta a la vida. Arrancar de los
problemas de la vida, de los cuestionaminentos que brotan de la realidad
para interrogar a la Escritura en una actitud de búsqueda y de apertura para
escuchar su mensaje que se encuentra  en el acercamiento a su sentido
histórico literal  y a partir de el encontrar el sentido para nosotros en
las circunstancias de nuestra vida. Otro requisito importante es el esfuerzo
por vivir las exigencias de la Palabra y no solo como individuos a quienes
Dios interpela, sino tambien como familia, como pueblo de hermanos que
comparten el mundo en concordancia con el proyecto de Dios sobre él..


218. Los signos de Dios.
La lectura de los acontecimientos como voz de Dios impulsa al pueblo de
cristiano a discernir en los signos de los tiempos y a descubrir en los más
profundos anhelos y problemas de los seres humanos el plan de Dios en la
construcción de una sociedad humana justa y fraterna.
Descubrir en todo a Dios,  buscar su voluntad en los acontecimientos,
contemplar a Cristo en todas las personas y valorar debidamente la realidad
en si misma y en su relación con lo definitivo, subrayan la importancia que
tiene en la vida cristiana el discernir y llevar a cabo lo que Dios va pidiendo.
La conexión entre la vida y  la Biblia hace crecer en la dimensión
contemplativa  que da sentido a la existencia y a la historia en todas las
circunstancias: La realidad se hará transparente y se podrá descubrir a Dios
en todo,  compartir a otros la propia experiencia de Dios, discernir sus
caminos  y mantener  permanentemente el dinamismo de la conversión y de la
esperanza. 


219. Fidelidad a la Palabra.
La escucha de la Palabra de Dios es algo tan fundamental en la vida
cristiana, que esta ligada a todo el desarrollo y crecimiento de la vida
personal y comunitaria y de su misión profética.
La puesta en practica de lo que Dios pide es en la Sagrada Escritura el
medio para profundizar existencialmente todas las implicaciones de la
Palabra: Se requiere superar la superficialidad y tener un corazón libre de
las preocupaciones, las riquezas, el egoísmo, los placeres.
La condición básica para acoger la Palabra de Dios es poner a Dios en el
centro de nuestra vida en todas las circunstancias, amarlo con radicalidad
total y esto implica superar toda idolatría y amarlo con todo el corazón y
con todas las fuerzas: “ Escucha,  Israel: Yahveh es nuestro Dios, Yahve es
único. Amaras a Yahve tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu ser, con
toda tu fuerza ”. Esta es la puerta de entrada para todo lo que debe ser
escuchado, y señala la condición básica par acoger la Palabra de Dios.  


220. Los designios de Dios.
La escucha de la Palabra debe llevar al cristiano a través del
discernimiento de su santísima voluntad  a ser una persona abierta a los
designios de Dios que va descubriendo  en la búsqueda activa de la voluntad
de Dios, iluminada por la Palabra. En frases muy sencillas resume San
Ignacio la forma de descubrir esa divina voluntad: ¿ Señor que quieres que
haga ?. - ¿Que aconsejaría yo a otro en iguales circunstancia?   -  Cuando
me presente delante de ti :¿ Que me gustaría haber hecho ?
Ser personas abiertas a los designios de Dios implica el reconocer la
gratuidad y el absoluto dominio de Dios sobre todos sus dones y que el es el
principal actor de su obra salvadora y puede realizarla como el quiera.
Nuestra parte será buscar su voluntad y cumplirla, ello nos librara de dos
grandes peligros: La  autosuficiencia y el desanimo. ¡ Cuan grande es la
fortaleza del que solo busca la voluntad de Dios!.


221. Renovación personal.
El papa nos invita como preparación para recibir la gracia del gran Jubileo
del año 2000. a la conversión y a la renovación personal en un clima de
oración siempre más intensa, y de solidaria acogida al prójimo,
especialmente al más necesitado. Buscar ante todo el Reino de Dios es ante
todo una llamada a la plena conversión en la renuncia de si mismo en la
respuesta de amor y entrega total a Cristo.
Las llamadas de Dios se perciben en la realidad de cada día, examinada a la
luz de la fe :En al escritura encontramos como una constante la preocupación
de responder a lo que Dios va pidiendo en la historia muchas veces sin saber
a donde ir, como Abraham  que salió obedeciendo a Dios. Los santos y las
santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias
más difíciles a lo largo de toda la historia de la Iglesia. 


222. Experiencia gradual.
Una característica de nuestra respuesta a Dios es la gradualidad  y porque
negarlo los altibajos tan de acuerdo a nuestra fragilidad humana. No todo es
claro desde el primer día en la vida del cristiano: Al confrontar la Palabra
de Dios en la Escritura con la Palabra de Dios en la vida exige abandonar la
postura anterior o al menos modificarla y completarla.
El desarrollo de la revelación en la historia de la salvación tiene como
finalidad suscitar una respuesta de los individuos y del pueblo a la acción
fiel y misericordiosa de Dios de modo nuevo y diferente en cada uno de los
pasos de acercamiento para conseguir que el pueblo vuelva a descubrir que Él
es el único absoluto y vuelva a colocarlo en el centro de su vida. 
La pedagogía de Dios a lo largo de toda una historia vivida por su pueblo,
ayuda a  supera los elementos imperfectos y temporales  con nuevos desafíos
y una revelación  que se realiza poco a poco hasta culminar en Cristo. 


223. El papel de los profetas.
Los profetas buscaron siempre respuestas nuevas a situaciones nuevas.
Vivieron comprometidos con Dios y con la época en que vivieron. Denunciaron
las injusticias, proclamaron el juicio de Dios y anunciaron un futuro mejor
fruto del don de Dios y de la colaboración humana. El papel de los profetas
en los momentos de crisis fue el de ser “conciencia” del Pueblo de Dios.
Inmersos profundamente en los problemas existenciales de su pueblo, supieron
contemplar los acontecimientos de la historia, juzgarlos y proclamar su
significado.
Mas que predecir el futuro, el profeta revela le dimensión autentica del
presente que interpela y exige creatividad para preparar un futuro que Dios
dispone con bondad y contando con la colaboración humana. Impulsan al pueblo
a retornar al pasado para recordar las maravillas hechas por Dios para
llenarse de confianza en El y volver a la justicia y el amor para renovar el
futuro.


224. Los acontecimientos.
La convicción de la presencia del Espíritu Santo,  hizo que los primeros
cristianos vivieran en una actitud de discernimiento para descubrir, desde
la fe, en los acontecimientos las interpelaciones o llamamientos del
Espíritu. Esta experiencia de los primeros cristianos no es exclusiva. La
revelación en el Nuevo Testamento  subraya que el Espíritu está siempre
cerca para guiar a la comunidad cristiana a la verdad plena. Que el es el
que mueve a la Iglesia de todos los tiempos para que de testimonio de Cristo
y vaya haciendo realidad el proyecto de Dios sobre la humanidad.
En cada época hay señales que permiten descubrir al Espíritu y escuchar sus
llamadas desde el corazón de la vida en los más profundos anhelos de la
humanidad. Entre los principales podemos enumerar: La toma de conciencia de
la realidad de injusticia en la que se encuentra la humanidad. El creciente
aprecio a la diversidad de culturas. La defensa de los derechos humanos. La
valorización de la ciencia y de la técnica. La caída de los muros en el este
europeo. Los anhelos de libertad y liberación. La necesidad de una Nueva
evangelización. Las nuevas estructuras  de participación y
corresponsabilidad en la Iglesia Universal y en las Iglesia locales, a
partir del Concilio.


225. Disponibilidad a la voluntad del Padre.
María ha sido siempre el modelo de entrega total al Reino de Dios viviendo a
la escucha de la Palabra de Dios , guardándola en su corazón y llevándola a
la vida con todas sus exigencias. Ella junto con la apertura a Dios, vive la
cercanía a las necesidades de los hermanos preocupándose de ellas. 
La virgen María en su canto del Magnificat anuncia el comienzo de una
historia nueva en la que Dios derriba del trono a los poderosos y exalta los
pobres. Se pone de parte de ellos y proclama el modo de actuar de Dios en la
historia; y entrega su vida al servicio de ellos. 
Ella recuerda a los cristianos el primado de la iniciativa divina, y la
exigencia de nuestra respuesta, es modelo de seguimiento de Jesús y de
docilidad al Espíritu Santo, y  respondiendo  por entero a la voluntad de
Dios, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la
humanidad y del cosmos, enseñándonos  el más profundo  sentido de nuestra
liberación en Cristo.   


226. Jesús acoge a los pobres y marginados.
 Uno de los hechos más notables  de su historia es su acercamiento a los
pecadores y a los marginados y  su compasión sin limites hacia ellos: “Al
ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y
abandonadas como ovejas sin pastor.” Acogida, compasión, comprensión y
perdón fueron las actitudes habituales de Jesús para con la multitud de
necesitados y pecadores que sele acercaban cada día. 
Es significativo el encuentro con Zaqueo, jefe de los publicanos de Jericó:
No obstante las riquezas mal ganadas y las múltiples preocupaciones para
administrarlas y acrecentarlas, Zaqueo atraído por la fuerza irresistible
del bien, quería ver a Jesús que había restituido la felicidad al ciego de
la entrada de la ciudad. Jesús al llegar a aquel sitio, levanto los ojos y
le dijo: Zaqueo baja en seguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
Zaqueo comprende que le ha llegado la hora del cambio: Baja en seguida del
árbol y acoge a Jesús con alegría: “ Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se
la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro
veces más.” Jesús vive en aquel que lo recibe para llenar de fe de amor y de
esperanza su corazón vacío.
 

227. Jesús perdona y convierte a los pecadores.
Pecadores todos somos y ante Jesús debemos decidirnos. Zaqueo debe escoger
entre seguir igual y perseverar en el pecado o abrirse a la justicia y la
equidad. La llamada de la gracia exige una respuesta pronta y decidida.
“Zaqueo baja en seguida”. El presente es el “hoy” que se tiene a disposición
para convertirse de corazón,  y alcanzar la felicidad ahora, ahora que Jesús
le sale al encuentro lleno de generosidad y de voluntad de perdonar, pero
atendiendo a la disponibilidad del hombre para acogerlo. Zaqueo comienza una
vida nueva, una vida reconciliada no solo con Dios, sino también con los
hermanos:
“ Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entrare y comeremos
juntos.” El hoy es el tiempo salvifico en que Jesús da su perdón  y
convierte:  “ Hoy estarás conmigo en el paraíso ”.


228. Jesús cura a los enfermos.
Cristo el gran taumaturgo medico de los cuerpos y de las almas recorría toda
Galilea predicando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo. Su fama llegó a toda Siria; y le traían todos los
pacientes aquejados de enfermedades y sufrimientos, y él los curaba.
Una vez se acerco a un enfermo abandonado por todos durante 38 años, Jesús
al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: ¿Quieres
quedar sano?.
En este paralítico se puede ver la humanidad herida en la extrema
marginación de la soledad y la desgracia; ninguno se preocupaba de ella; hoy
tambien, las grandes ciudades esconden frecuentemente dramas silenciosos de
marginación y soledad. 
Jesús va al encuentro de todos, ofreciendo su agua de vida de muchas
maneras: con su Palabra del Evangelio, con su presencia Eucarística
especialmente cuando sele recibe sacramentalmente en la comunión, con la
acogida y la ayuda y la solidaridad de hombres buenos y virtuosos, con la
comunidad eclesial donde se encuentra el perdón  que renueva la esperanza.
 

229. Jesús acoge a los pequeños.
Jesús por su comportamiento ejemplar aparece siempre como el hermano de
todos,  pero especialmente con  lo niños y  los pequeños;  sabe que ser niño
quiere decir abandonarse enteramente a los otros, depender de los otros,
aprender de los otros,  por eso invita a los adultos a “volverse como niños”
para entrar en el Reino de los cielos. El que no acepte el Reino de Dios
como un niño, no entrará en el. La familia humana creada por Dios,  se hace
por su entrada en El Reino la familia de los hijos de Dios y hermanos en Cristo.
Para el son “los pequeños”, sobre todo, los que comprenden esas cosas
divinas: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la
gente sencilla. Si Padre, porque así te ha parecido bien.” Lo necio del
mundo a escogido Dios para humillar a los sabios,  y lo débil del mundo ha
escogido Dios para humillar a los fuertes... de modo que nadie pueda
gloriarse en presencia del Señor.


230. Jesús enseña a perdonar y amar a los enemigos.
El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido: El
perdona al apóstol Pedro, a los discípulos que lo habían negado, a mi y a
sus mismos verdugos: “ Perdónalos porque no saben lo que hacen ”. 
El nos educa para la misericordia y el perdón con el ejemplo y la palabra: “
Si no perdonáis a los demás sus culpas, tampoco vuestro Padre del cielo os
perdonará a vosotros ”.  Jesús completa la difícil enseñanza  del perdón,
con la enseñanza del amor a los enemigos: “ Amad a vuestros enemigos, haced
bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian ”.
Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su
sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. 


231. Hijos del Padre.
Perdonar y amar a los enemigos es obra divina: “Sed perfectos como vuestro
Padre celestial es perfecto”, “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.
La  misericordia del Padre hacia el hijo pecador,  que  sabe esperar  la
conversión del hijo extraviado y que a su regreso lo abraza con alegría
desbordante , mas que manifestación de su justicia, es manifestación de su
fidelidad  y  amor y de su solicitud por la dignidad del hijo, que brota de
la esencia misma del Padre que ama de verdad y  no quiere que se pierda ni
uno solo de sus pequeños. 
Jesús a dejado a su Iglesia, como preciosa herencia, el poder de perdonar
los pecados, en el Bautismo, en la Unción de los  Enfermos, por la
contrición y por el sacramento de la reconciliación o Penitencia que concede
al penitente el amor de Dios que lo reconcilia con Dios y con la Iglesia.
Abierta esta puerta de la gracia, encuentra de nuevo el pecador todos los
tesoros de la salvación que necesita para recuperar su antigua condición  y
dignidad de hijo.


232. Jesús revela al Padre.
A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que está en el seno del
Padre, es quien lo ha dado a conocer. (Jn. 1,14). El contenido central de la
comunicación de Jesús fue la revelación de Dios: Jesús revela y comunica al
Padre, revela y comunica al Espíritu Santo, se revela a si mismo como Hijo
del Padre. Es más Él ES la revelación definitiva de Dios a la humanidad entera.
La  Encarnación es el acontecimiento que ha manifestado en toda su plenitud
el misterio inefable de Dios. Todo lo que Jesús dice y hace, lo dice y lo
hace en el nombre del Padre: “ Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado
a conocer ”. El  Hijo no puede hacer nada por su cuenta, nada que no vea
hacer al Padre. El Padre ama al Hijo y ha puesto en sus manos todas las
cosas. Quien me ha visto a mi, ha visto al Padre. Creedme: yo estoy en el
Padre y el Padre esta en mí. Sino creed a las obras. “ El Padre que
permanece en mí, Él mismo hace las obras. ” En ningún momento de su vida
Jesús esta fuera del Padre. El está siempre en el seno del Padre: “El Padre
y yo somos uno ”.(Jn 10,30). 
Las etapas más significativas del apostolado terreno de Jesús están
señaladas por la palabra de amor del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el
Padre: En el Bautismo y en la Transfiguración: “Tu eres mi Hijo muy amado”;
y en la cruz: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.


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