158. El camino de salvación. El de Pedro, el de Pablo, el de cualquier pecador. Yo que negué al Señor, le confieso tres veces mi amor, doy testimonio de él ante toda la expectación de los judíos, me entrego a su causa y doy mi vida por confesar su nombre. Yo que encarcele a los cristianos y perseguí al Señor, anuncio su nombre a los gentiles y paso por el, y por la predicación de su Evangelio, tribulaciones y trabajos mayores que ningún otro . Yo que viví desordenadamente sin tener en cuenta a Dios, renuncio a la impiedad y a las pasiones mundanas, para empezar a vivir para Dios. La conversión es el primer paso indispensable, el único camino para llegar a Dios: Arrepentirse, convertirse, mortificarse, humillarse y volver los ojos Cristo, descubrir en él la Bondad de Dios y el gran amor que tiene a los hombres . Y luego acercarse a Cristo siempre presente en su Iglesia, para encontrar en el al hermano, al amigo, al guía, al maestro el salvador, acogerse a su perdón y seguirle. 159. A sus Pastores. Como dijo Pablo a su discípulo Timoneo: Reaviva el carisma de Dios que hay en ti, para anunciar la promesa de vida que está en Cristo Jesús. Enseña, arguye, corrige, educa en la justicia según el plan de Dios fundado en la fe: Con un corazón limpio, una conciencia recta, una fe sincera y una caridad ardiente que procede de ellas y se extiende a todos. Ocúpate de estas cosas, vive entregado a ellas, pues si nos fatigamos y luchamos, es porque tenemos la esperanza puesta en Dios vivo que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes. Soporta las fatigas como un buen soldado de Cristo Jesús por los elegidos y corrige con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión y también alcancen la salvación que esta en Cristo Jesús con la gloria eterna. Y nadie que se dedica a la milicia se enreda en los negocios de la vida, si quiere complacer al que le ha enlistado. 160. Sobresalid en Buenas Obras. También nosotros estuvimos muchas veces alejados de Dios y entregados a nuestras propias pasiones. Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, el nos salvo según su misericordia por medio del baño de regeneración y de renovación en el Espíritu Santo para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna. Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres, que nos enseña a que renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente, aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo; el cual se entrego por nosotros a fin de recatarnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo que fuese suyo fervoroso en buenas obras. 161. El amor de Cristo nos apremia. Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos para que ya no vivan para si los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por tanto el que esta en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniéramos a ser justicia de Dios en él. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilio consigo por Cristo y nos confío el ministerio de la reconciliación. Somos pues embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡ Reconciliaos con Dios!. Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice el: En el tiempo favorable te escuche y en el día de la salvación te ayude. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de la Salvación. 162. El Buen olor de Cristo. La comunión con Dios y la vida nueva de ella derivada, envolviendo la existencia entera de las personas y de las comunidades son para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. San francisco de Asís, refleja y comunica la alegría y la pobreza de Jesús. San Juan Bosco, sus cualidades de maestro. San Ignacio de Loyola el servicio incondicional a Dios en el cumplimiento de su voluntad. Creí, por eso hable, dice San Pablo. Ame y por eso creí. Fui amado y por eso amé, creí, y serví. También nosotros, creemos y por eso hablamos, sabiendo que el que resucito al Señor Jesús, también nos resucitara a nosotros y no llevara hasta el. Todos nosotros, como un espejo, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en esa imagen cada vez mas gloriosos. Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. 163. Señor San José. Que Señor San José ocupe un lugar muy importante en nuestras vidas, como lo ocupo en la vida de la Virgen María su esposa y en la de Jesús a quien el Padre puso bajo su protección, formación y cuidado. De muchas maneras se llama a Señor San José: Padre nutricio, padre adoptivo, padre legal, y aunque todas expresan algo de la realidad de la misión de José, se quedan muy lejos de expresar toda la riqueza espiritual de Señor San José y de su lugar en el Reino. (Los más grandes tesoros de Dios, permanecen generalmente escondidos) . José es el verdadero esposo de María, y el es el primer responsable de formar y educar el alma de Jesús. María es suya, como verdadero esposo según Dios, y el fruto de María es suyo, como el árbol que nace en un huerto que es mío. El Padre le doto de todas las gracias singulares que eran necesarias como autoridad y primer responsable para con su Hijo Jesús y su Santísima Madre. Por eso después de María, el primer lugar en nuestro corazón cristiano debe ocuparlo Señor San José, por la excelencia de su santidad y también por su poder de intercesión por nosotros, pues su misión paternal sobre Jesús y María, se extiende ahora a los hermanos de Jesús y su Iglesia. Probad y lo veréis. 164. Una alianza nueva. Se acerca el tiempo dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Porque todos me van a conocer desde el más pequeño hasta el mayor de todos cuando yo les perdone sus culpas y olvide para siempre sus pecados. Porque me apiadaré de sus iniquidades y de sus pecados, yo no me acordare más. Todo esto es una figura del tiempo presente, por eso al entrar en este mundo , dice Jesús: Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije ¡ He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad. Y en virtud de esta voluntad, somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. 165. La serpiente de bronce. En el camino al mar rojo el pueblo se impaciento y murmuro contra Dios y contra Moisés diciendo: ¿Para que nos sacaste de Egipto?. No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida. Entonces envío Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron mucho israelitas. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “ Haz una serpiente como esas y levántala en un palo. El que haya sido mordido por las serpientes y la mire, vivirá ”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado. Todo esto como figura de Jesús a quien habían de levantar en la cruz para redención del mundo. Dijo Jesús a los judíos: El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a el es lo que digo al mundo. Y prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseño, eso digo.” Y él que me envío, esta siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que a el le agrada. 166. El que quiera servirme que me siga. Igual que Jesús se compara a si mismo al grano de trigo, que solo si muere da fruto, el que quiera seguir a Jesús tendrá que ir por su mismo camino. El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirva será honrado por mi Padre. Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado en manos de los judíos que el entregaran a los gentiles, y el azotarán, le insultaran, le escupirán, le abofetearan y le harán subir a la cruz. El justo por los injustos, el inocente por los culpables; por el único delito de amarlos, de enseñarles, de hacerles el bien, de apartarlos de sus culpas y de llevarlos a Dios. El que se ama a si mismo, se pierde; el que se aborrece a si mismo por la mortificación, se asegura para la vida eterna 167. Aplicación practica. Que bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. ¿Pues que gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado?. Pero si obrando bien soportáis el sufrimiento, ESTO ES COSA BELLA ANTE DIOS, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejandoos ejemplo para que sigáis sus huellas. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal. Estad siempre alegres. Orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. 168. La generosidad con Dios. Poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad, pues si tenéis estas cosas y las tenéis en abundancia, no os dejaran inactivos ni estériles para el conocimiento perfecto de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección. Pues así se os dará amplia entrada en el Reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 169. Volver al primer amor. En el seno de mi Padre te vi desde siempre, a las plantas de mi madre te vi en el Tepeyac, te amé y di a ella como pequeño esclavo, para que hiciera de ti un mensajero de mi amor. Volver al primer amor no es solo confortarse con el recuerdo de aquel primer día de encuentro con el Señor que llama: las primeras misiones, el primer día en el noviciado, el primer destino, las primeras obras realizadas con gran entusiasmo y amor. Es más, mucho más que eso: Es fijarnos mas en el don que en la respuesta. Es reconocer plenamente que la llamada procede del Señor, que es el regalo gratuito, irrevocable y de predilección del que Dios nunca se arrepiente y que aun cuando mil veces le hallamos negado hoy vuelve a llamarnos a su amor, como en aquella vez primera en que respondimos entusiasmados, aun cuando con el tiempo haya llegado a hacerse muy débil y mezquina nuestra respuesta . “ Los llamo por su nombre ”. Para estar con El, predicar el Evangelio, Perdonar y Exorcizar en su nombre y para que fueran 12. Es decir grupo. Iglesia. Comunidad de Salvación. Y solo en ella volverán a encontrar a Cristo, como el incrédulo Tomas, que ya se había apartado de los doce y borro su pecado confesando a Jesús como su Dios y Señor: “Señor mío y Dios mío”. 170. Comprometidos con los demás. Dios ama la justicia y el derecho y levanta al pobre y al desvalido. El cuida con cariño a cada uno de los hombres . Jesús es la mejor muestra de ello y lo siguen siendo sus enviados siempre disponibles para con todos los que lejos del Padre se sienten oprimidos y explotados , quizá porque ese era el único medio de hacerlos volver al Padre. Y nosotros los que no decimos cristianos consagrados a Dios desde el día del Bautismo y conscientes de nuestra vocación al amor, anhelamos amar a Dios, a Jesús, a María y no queremos saber nada de sus hijos, sobre todo de los mas alejados, de los descarriados y molestos que son los que de verdad necesitan nuestro amor, y nos dan la oportunidad de demostrar la verdad de nuestro compromiso con Dios y con La Iglesia. Tendrán que venir las renuncias, los sacrificios, las pruebas. ¿ De otra manera que mérito tendríamos ?. Danos tu amor y tu gracia y eso nos basta. 171. Oración de San Anselmo. Oh Jesús , Hijo de Dios, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a tu Madre: concédeme amarla verdaderamente como Tú la amas y quieres que sea amada. Oh María, Madre buena, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a tu Hijo: concédeme amarlo verdaderamente como Tú lo amas y quieres que sea amado. ...Oh María, Madre buena, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a los hijos de tu dolor, Oh Jesús, Hijo de Dios, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a los hijos de tu sangre derramada: concédeme amarlos verdaderamente como Tú los amas y quieres que sean amados. 172. Madre de Dios y madre nuestra. La presencia de María nos acompañara a lo largo de estos tres años de preparación al Jubileo del Tercer Milenio del Cristianismo: Primero en el misterio de su Maternidad divina. Luego como la mujer humilde y dócil al Espíritu Santo y finalmente en el tercer año, como la hija predilecta del Padre, ejemplo perfecto de amor a Dios y al prójimo. En el Concilio de Efeso (431) María fue proclamada Madre de Dios. Ahora en el Concilio Vaticano II, María fue proclamada Madre de la Iglesia. En el capitulo VIII de la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II, llama a María: madre amantísima, madre de los hombres, madre de los fieles, madre de la gracia. En cualquier forma que se quiera leer el Evangelio de san Juan, es indudable que Jesús desde la cruz entregó el don de su madre a Juan que nos representaba a todos. Por la Encarnación redentora, María ha quedado hecha no solo la Madre de Dios en el orden físico de la naturaleza, sino también, Madre de todos los hombres en el orden sobrenatural de la gracia. Nosotros como mejicanos lo sabemos muy bien pues lo hemos iodo de sus propios labios: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?. 173. La Salvación Obra de Dios. La Salvación es principalmente obra de la poderosa acción personal de Dios para rescatar a su creatura de la tremenda esclavitud voluntaria a que se ha sometido asintiendo a la tentación diabólica. Es muy cierto que así como fue necesario el consentimiento del hombre para apartarse de Dios, así es ahora necesaria su colaboración para volver a el: Si, su colaboración es necesaria, pero no es la parte mas importante en la historia global de su salvación. La salvación es principalmente obra de el don gratuito de Dios, de la cruz de Cristo y de la acción santificadora del Espíritu Santo, que obra en nosotros con todo el poder de su gracia para llevarnos a Dios. Es iniciativa divina y, por tanto, depende totalmente de la voluntad del Dios salvador, que porque así lo ha dispuesto, ha abierto al hombre posibilidades inmensas de salvación en su Iglesia. La Iglesia de Cristo esta formada no solo por los hombres pecadores, sino principalmente por Cristo, por su Santísima Madre y por todos los santos, por los que todavía están en el purgatorio, y por todos nosotros unidos en la comunidad de amor que procede del Espíritu Santo y de el recibe su impulso. De ahí el inmenso poder de intercesión concedido por Cristo a su Iglesia, que no solo salva cuando predica, sino tambien cundo sufre, cuando ama, cuando ora y cuando alcanza de Dios las gracias necesarias para la salvación ya de sus miembros, ya de los que aun están fuera y de todos los hombres incluyendo a aquellos que ni siquiera conocen su existencia. 174. El sentido de nuestra vida. Con la Encarnación, Dios en persona ha entrado en la historia haciendo plenos los tiempos de su presencia salvadora: El Cristo de Dios nos comunica su propio Espíritu para llevar una nueva vida de fe y de reconciliación. No hay tiempo que perder, LA INVITACIÓN AUN ESTA VIGENTE: Hay que convertirse a Cristo Evangelio del Padre. Creer en el y salir después entusiasmados a contar a todos lo que hemos visto y oído. El Papa convoca a todos a un tiempo de perdón de los pecados y de reconciliación fraterna. A restituir a los pobres su dignidad y hasta el pan que les hemos mezquinado, dando al Jubileo del Tercer Milenio un sentido trascendente, personal y social. Cada persona necesita una razón seria para vivir y un sentido con el cual llenar todos sus días. Sin fe no se puede vivir: La fe es como el aire, como el agua, como el fuego, como el pan. Y a calidad de nuestra vida es directamente proporcional al objeto de nuestra fe. Nosotros creemos en Jesús, el verdadero Emanuel: Dios con nosotros. El Cristo de Dios, muerto y resucitado, presente en cada persona, en cada Eucaristía, que vendrá al final de los tiempos, a dar pleno sentido a la historia de la humanidad. El es el sentido de nuestra existencia. 175. Heraldos del Evangelio. La fe que se oscurece en el mundo, pide a gritos un testimonio, una presencia. Reclama a un hombre o a una mujer que algo tenga de Abraham, el padre de la fe. A alguien que nos devuelva el sentido y las ganas de vivir. Por eso nuestra reflexión se pone al servicio de la renovación de nuestras vidas, del nuevo ardor que tanto pide el Papa con su palabra y con su ejemplo, con palabras de afecto, pero sin ocultar la exigencia de pedir y alcanzar la gracia de ser renovados por el Espíritu Santo para entrar al Tercer Milenio de la Fe, con una conciencia mas limpia y un entusiasmo renovado, acreditados con nuestras obras ante la comunidad que servimos, como servidores de la fe que sin desconocer este mundo, superan su oposición y su indiferencia convirtidolo al primer amor. 176. Enviados del Padre. Ante el aparente fracaso en el apostolado por falta de fruto visible en nuestra acción pastoral, podemos recordar a Jesús: Nadie fracaso a tal grado que hasta la vida le arrancaron los que debían adorarlo. En esta como en tantas otras oportunidades el vigor le vino de un dialogo aún más intenso con su Padre, alcanzando el descanso de su espíritu como un preludio de la resurrección definitiva que había de convertir en triunfo su fracaso. Es la obra del Padre y solo el Padre conoce sus caminos. Para nosotros, la oración es la clave secreta de la eficacia escondida de nuestras obras, la fuerza de la debilidad que tan claro expone San Pablo: “mi gracia te basta”. Dios es amor y no puede dar sino amor. El yugo suave de Jesús NO VIENE del menor peso de la coyunda, sino de ser “enyugados” para siempre con Jesús para recorrer en su compañía los caminos de la vida. 177. Ser Jesús. No existe sino un único Redentor; Cristo, “ Nuestro Sumo y Único Sacerdote, santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y encumbrado por encima de lo más alto de los cielos ”, que redimió nuestros pecados “ de una vez para siempre ofreciéndose él mismo en sacrificio. ” Jesús, el Hijo de María, el hijo del carpintero, el que “ fue crucificado, muerto y sepultado, pero que subió a los cielos y está ahora a la diestra del Padre.” Nuestra Madre del cielo nos entrego un niño, nos entrego una persona, nos lo trajo a Él y ahora se nos pide que difundamos su mensaje, no basta, - no puede jamás bastar - que lo hagamos de palabra, hemos de llevar en nuestra vida esa persona. ¿Como puede un mensajero llevar no nada más el mensaje, sino a la persona misma que lo envía ?. ¿No acaso por eso lo está enviando, porque ella no puede o no quiere ir personalmente. ? La respuesta es muy sencilla en este caso: tenemos que ser esa persona; tenemos que ser Cristo para llevar a Cristo. Así lo aseguró El: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. Tenemos que ser tan lo mismo que Él, como lo es un planta con sus ramas, como los primeros predicadores de su mensaje “ viviendo ya no ellos, sino Cristo quien vivía en ellos.” Poder decir como ellos: Sed imitadores míos, como yo los soy de Cristo. 178. Encargo de María. Nuestra Madre Santísima, le mando a Juan Diego en el Tepeyac, que transmitiera integro su mensaje al Obispo Fray Juan de Sumarraga y el lo recibió con el encargo de ratificarlo con su autoridad como representante de su Hijo en esta tierra, para anunciarlo a todas las naciones, para pregonarlo a toda la humanidad. Nuestra Madre de Guadalupe, no nos trajo un recado, nos entregó a una persona, “ Ardía en deseos de que le construyéramos un templo para en el mostrarnos a su Hijo ”, ponerlo de manifiesto, dárnoslo a las gentes. Ella le ordenó a Juan Diego, narrar con todo detalle cuanto había visto y admirado y lo que había oído. Vino a decirnos que ella es nuestra madre, de todos los hombres que en esta tierra estamos en uno, y de los demás variados linajes de hombre, amadores míos, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión. No solo ha venido a decirnos que seamos sus hijos, sino que seamos su Hijo. A darnos a luz, a hacer nacer a Jesús en nuestros corazones. Ese es su mensaje, que debemos compartir a todos sus hijos en el mundo entero. 179. Jesús el Viviente. A partir de la resurrección. la Iglesia ha manifestado abiertamente su fe en Jesucristo, el Resucitado y el Viviente. Existe una continuidad personal entre el auténtico Jesús de la historia que nos entrega el Nuevo testamento y el Cristo anunciado por la tradición bimilenaria de la Iglesia. Este último no es un Cristo desfigurado, sino un Cristo auténtico, comprendido y vivido por ella. La historia salvífica de Jesús no puede limitarse a su pasado bíblico, pues continúa en la experiencia y vida de la Iglesia que iluminada por el Espíritu Santo confiesa a Jesús como el viviente que está eucaristicamente presente para santificarla y guiarla en su camino. 180. Comunión con Jesús. La Eucaristía es el sacramento de la comunión con Jesús en la tierra: “ Quien come mi carne y bebe mi sangra habita en mí y yo en él .” Y así como Jesús refiriéndose a la fe nos enseña que acercarnos a él es acercarnos Al Padre. Del mismo modo, la comunión con Jesús es comunión con El Padre: “ El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí.” “ Yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.” 181. Alma del mundo. Los cristianos no se distinguen de los otros hombres ni por territorio, ni por lengua ni por vestidos. Habita cada uno en la ciudad que le toco en suerte adaptándose a los usos del país en que viven dando ejemplo de una forma de vida social maravillosa, que según confesión de todos, tiene cosas de increíble. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las leyes establecidas pero con su tenor de vida superan las leyes. Aman a todos y de todos son perseguidos. Por esta originalidad suya los cristianos están en el mundo como el alma en el cuerpo: El alma invisible habita en el cuerpo, pero no proviene del cuerpo: también los cristianos habitan en el mundo, pero no provienen del mundo. Dice Jesús: “ Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo... Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.” 182. Nacidos de Dios. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron que son los que creen en su nombre, les dio la potestad de llegar a ser hijos de Dios, los cuales no nacen de la carne ni de voluntad de varón sino de Dios. El que cree en mi, no cree en mi, sino en aquel que me ha enviado, y el Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. La vida en Cristo llega a ser en la Iglesia encuentro sacramental con Él y por tanto, dispensación de gracia y de redención. El encuentro con Jesús en el Bautismo es tambien un encuentro con la comunidad de fe, esperanza y caridad y en ella los bautizados viven juntos su experiencia de salvados en el misterio Pascual de Cristo. Todo ello alcanza su máxima expresión en la celebración Eucarística que se prolonga en la recepción de su cuerpo y de su sangre como ALIMENTO. Vivir en Jesús es, por tanto, vivir con la Iglesia y en la Iglesia. 183. Continuadores de Cristo. Id por todo el mundo, dice el Señor, y proclamada el Evangelio a todos los hombres. Aleluya. En la aparición oficial de Cristo Resucitado a sus apóstoles, Jesús los envía a continuar en su nombre la obra que el Padre le había encomendado, Mc 16, 15-20: Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “ Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estas son las señales que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mí nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos.” El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían. 184. Llenos de Dios. Dios ilumina la inteligencia, mueve la voluntad y llena el alma de gozo, gratuitamente, a quien él quiere, cuando él quiere y como el quiere, tocando al corazón, iluminado la fe, llenándola en la contemplación de los misterios de Dios y produciendo en el alma los los frutos de santidad y justicia del Espíritu Santo. Así como en una familia, las iniciativas llenas de vida para toda la familia vienen del padre y a los hijos les toca tan solo hacerlas suyas y disfrutar de cuanto bueno ha preparado su padre. Así en el orden de la salvación y de la gracia nuestra participación en la vida divina, es iniciativa del Padre y ha sido realizada por su inmenso amor a los hombres redimidos por Cristo su Hijo bajo la accion eficaz del Espíritu Santo, quien nos hace participes del triunfo definitivo de Dios sobre el pecado y su autor, nos aplica los frutos de la redención y nos conduce a su gozo. Cuando venga el Espíritu Santo, el convencerá al mundo: De Pecado, porque no creyeron en el Hijo de Dios, de Justicia porque Dios ha glorificado a Cristo resucitándole y sentándole a su derecha. De Juicio porque el príncipe de este mundo ya está condenado. 185. Jesús, único Salvador del mundo. La voluntad salvífica de Dios, respecto a la humanidad entera, se ha manifestado y realizado de modo único y definitivo en el misterio de Jesús y de su comunidad eclesial, sacramento de salvación en la historia. Esta es la afirmación más importante de nuestra fe en Cristo: El es el mediador único y constitutivo de salvación para la humanidad entera: El no es uno de tantos mediadores salvíficos, sino el único y definitivo, la fuente de cualquier otra mediación participada. El valor salvífico universal del misterio de Jesucristo no niega el significado salvífico de las religiones no cristianas simplemente les da su verdadero valor en Jesús, quien tiene en si mismo, en su acontecimiento y en su persona la razón última de todas las cosas y la esperanza absoluta y definitiva de la salvación para todos, y tambien para cada uno de los hombres. 186. Testimonios de San Pedro y San Pablo. La Iglesia entera desde su origen subraya con énfasis la realidad de Jesús como Único Salvador de la humanidad entera: San Pedro, responde a las autoridades religiosas judías sobre la curación del lisiado : “ En el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos: por su nombre se presenta este sano ante vosotros...” “ Ningún otro puede salvar; bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos ”. Tambien San Pablo ve en Cristo Resucitado al Señor, cuando escribe: No hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor Jesucristo, por quien existe el universo y por quien nosotros vamos al Padre. (1 Cor. 8, 5-6) 187. Los caminos secretos de Dios. La Iglesia primitiva consideró el acontecimiento de Cristo eficaz salvíficamente no solo para los cristianos, sino para toda la humanidad sin discriminación ninguna. Jesús es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros sino tambien por los del mundo entero. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. En el credo Niceno-Constantinopolitano decimos: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo y el Concilio Vaticano II sugiere que, a aquellos que no conocen a Cristo y viven en otros contextos religiosos, les sea ofrecida la salvación mediante caminos misteriosos solo conocidos por Dios, atrayendo a la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios, a los hombres que sin culpa propia, desconocen el evangelio. 188. La Filiación Divina. En el cristianismo el hombre descubre su verdadera vocación: “ Llegar a ser hijo de Dios ”. Para esto ha enviado a su Hijo, para hacernos hijos en su Hijo. El mensaje de Jesús muestra que Dios es Padre de todos, sobretodo de los desheredados y de los pecadores como bien nos lo muestran sus parábolas, como la del tesoro escondido, la del sembrador y la del hijo prodigo. El llamado a ser parte de su Reino es para todos y la obligación de predicarlo a toda creatura no pone limites. Esta es la fuente de la civilización cristiana del amor y la igualdad Mediante la practica de la vida cristiana por muchos seguidores de Cristo en todos los lugares y en todos los tiempos, su testimonio y su vivencia personal y comunitaria el misterio de Cristo vine a ser un don salvifico ofrecido universalmente a todos. El conocimiento y experiencia que de Jesucristo tienen los cristianos, constituye un patrimonio precioso para trasmitir y hacer fructificar en la humanidad entera.: La adopción como hijos de Dios es el privilegio cristiano al que todos están invitados a acoger. 189. La Iglesia y el mundo. La razón de ser de la Iglesia en el mundo actual es descubrirle al hombre el misterio del amor de Dios nuestro Padre que, en la plenitud de los tiempos, nos ha dado a su propio Hijo, engendrado en el seno de María, por obra del Espíritu Santo. El animar a esta misión ha sido la gran constante del Papa Juan Pablo II: Que Cristo se encuentre en el corazón y en los labios de todos. Ahora, con motivo del gran jubileo de la Encarnación del año 2000 nos propone como meta del este primer año de preparación el descubrimiento de Cristo Salvador y Evangelizador, orientando todo a la celebración del misterio de Cristo Salvador del Mundo. 190. El Año de gracia. El Jubileo del año 2000 pretende conmemorar y revivir “ El año de gracia del Señor ”, inaugurado y realizado por Jesús en su persona, como nos los hizo saber en la Sinagoga de Nazaret al principio de su ministerio: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad , y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor. ” En 1997 los cristianos están invitados por la Iglesia para revivir este gesto profético de Jesús. La celebración del Jubileo del año 2000 es, de hecho, una llamada a ponerse en pie, a tomar el libro del Evangelio, a leer ante todos el mensaje gozoso de Jesús y a revivir conmovidos, con humildad, valentía y creatividad, su contenido de alegría, de liberación y de gracia. 191. El jubileo es la Celebración del misterio de la Encarnación. Cada año la Iglesia concentra la celebración de los misterios centrales de su fe en dos grandes solemnidades la Navidad y la Pascua. En realidad se trata de un único y gran acontecimiento salvífico, el de la encarnación del Hijo de Dios, que comienza con el nacimiento de Jesús , en Belén, y termina en su pasión, muerte y resurrección en Jerusalén. La fe en la Encarnación del Hijo de Dios es una verdad revelada por Dios , testimoniada en la Sagrada Escritura del Nuevo Testamento y ratificada por la fe Bumilenaria de la Iglesia que los cristianos reafirman cada domingo en la recitación del credo: “Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos... por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarno de María la Virgen, y se hizo hombre, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado y resucito al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y esta sentado a la derecha del Padre.” 192. Se anonadó hasta la muerte y muerte de Cruz. La palabra “se hizo carne” indica al hombre en su fragilidad y transitoriedad de creatura mortal. La Palabra, que estaba junto a Dios y que era Dios, llega a hacerse, por tanto, verdadero hombre mortal. El gran misterio de la encarnación es el hecho de que Cristo se manifestó como hombre. Porque es en Cristo en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad. - Pues la Vida , dice San Juan, se manifestó, y nosotros lo hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó - “Cristo Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomo la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz” (Fil 2,6-8) 193. El Hijo de Dios encarnado. Para San Pablo la encarnación es el misterio por excelencia, el “ misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y ahora ha revelado a su pueblo santo.” Madurado en seno de la comunión trinitaria, la encarnación es un don de lo alto. Así afirma San Juan: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.” La Encarnación del Hijo de Dios es el misterio con que el Padre nos ha dado a conocer su voluntad: Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: “Recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra”. 194. Fuente de salvación. La encarnación del Hijo de Dios no es solo una gran verdad teórica del cristianismo, Jesús verdadero Dios y verdadero hombre es la fuente de la eficacia salvifica de su obra en la historia. Jesucristo es la última y definitiva palabra de Dios a la humanidad, el único mediador entre Dios y los hombres, la fuente de toda salvación presente y futura. La encarnación revela el misterio de la vida en la Trinidad de Dios, el misterio de la participación del hombre y mediante el de todo el cosmos en la gloria de Dios, y el misterio de la Iglesia, como prolongación en la historia de la venida del reino. Por eso, nosotros que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener la gracia y, mediante ella ofrecer a Dios un culto que le sea grato con religiosa piedad y reverencia a nuestro Dios. 195. Jesús es el Señor. La enseñanza de Jesús, el Señor, y el acontecimiento de su muerte y resurrección redentoras, son el contenido del primer anuncio misionero y de los primeros escritos cristianos. Por esto los Evangelios no son otra cosa que los primeros grandes catecismos de la comunidad cristiana donde en la historia de Jesús ocupa un lugar principalisimo lo referente a su obra Evangelizadora y Redentora. La instrucción básica de los cristianos era el anuncio de la muerte, de la sepultura, de la resurrección y de las apariciones del Resucitado: “ Porque lo primero que yo os trasmite, tal como lo había recibido, dice Pablo, es esto: que Cristo murió por nuestros pecados , según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se le apareció a Cefas, y más tarde a los Doce.” 196. La comunión Eclesial. En las cartas Paulinas y después de San Juan, se refleja la fe de las primeras comunidades cristianas: Más allá del anuncio y de la fe, el seguimiento es testimonio de Jesús hasta el martirio y vida de comunión con El Padre, con el Hijo Resucitado y con el Espíritu Santo en una existencia de comunión eclesial. Nosotros somos el templo del Dios Vivo , porque estamos llamados a la comunión con el Espíritu Santo y con el Padre y con su Hijo Jesús Cristo. “ Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡ lo somos !. El mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él .” “ Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos.” “Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mando.” Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros; por el Espíritu que nos dio. 197. La vida de comunión trinitaria. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: En que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, para SER SALVADOR DEL MUNDO. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. 198. Jesús nuestra Esperanza. Para los cristianos el principio de nuestra esperanza es la persona de Jesús y su mensaje. Jesucristo es el único capaz de dar significado a la esperanza humana en las dos situaciones limite de nuestra vida: la muerte y el juicio. Ante la muerte el cristiano sabe que no camina hacia la nada, sino hacia una existencia plena de felicidad en Dios. Ante nuestra historia y su consumación, el poder de la cruz de Jesús y de su resurrección es más grande que todo el mal del que el hombre podría y debería tener miedo. ¡ No tengáis miedo ! nos ha dicho el Papa Juan Pablo II. Existe alguien que tiene en la mano el destino de este mundo que pasa, alguien que es el Alfa y la Omega de la historia individual y colectiva del hombre. Y este alguien es amor: Amor hecho hombre, Amor crucificado y resucitado, Amor continuamente presente entre los hombres, Amor eucarístico y fuente incesante de comunión. El es el único que puede dar plena garantía de las palabras: ¡ No tengáis miedo !. tengáis miedo a Jesús, no tengáis miedo a Dios, no tengáis miedo a vosotros mismos. No tengáis miedo a acercaros a la fuente de vuestra redención. 199. El Jubileo del año 2000. El Jubileo del año 2000 quiere ser una Gran Plegaria de agradecimiento al Padre por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención realizada por él. El año de la remisión de los pecados y de la pena de los pecados, el año de la reconciliación con los otros y de la conversión a la Penitencia Sacramental y por tanto: A la solidaridad, a la Esperanza, a la Alegría y al empeño en el servicio de Dios y la Paz con los hermanos. Y sobre todo El Año de Cristo, portador de Vida y de Gracia para la humanidad. La preparación al tercer milenio debe suscitar una explosión misionera en todos los niveles de nuestra Iglesia: El anuncio de Cristo, vida para todos, debe contribuir a la emancipación de los oprimidos, a la promoción de los más necesitados, a reconocer la igualdad de todos los hijos de Dios y conducirnos a todos a la verdadera solidaridad de hermanos y así abrirnos a la esperanza del cielo.