Jesús de Nazaret Dios y Salvador Nuestro

OCTAVA PARTE
VOLVER A JESUS


158. El camino de salvación.
El de Pedro, el de Pablo, el de cualquier pecador.
Yo que negué al Señor, le confieso tres veces mi amor, doy testimonio de él
ante toda la expectación de los judíos, me entrego a su causa y doy mi vida
por confesar su nombre.
Yo que encarcele a  los cristianos y perseguí al Señor, anuncio su nombre a
los gentiles y paso por el, y por  la predicación de su Evangelio,
tribulaciones y trabajos mayores que ningún otro . 
Yo que viví desordenadamente sin tener en cuenta a Dios, renuncio a la
impiedad y a las pasiones mundanas, para empezar a vivir para Dios.
 
La conversión es el primer paso indispensable, el único camino para llegar a
Dios: Arrepentirse, convertirse, mortificarse, humillarse y volver los ojos
Cristo, descubrir en él la Bondad de Dios y el gran amor que tiene a los
hombres . 
Y  luego acercarse a Cristo siempre presente en su Iglesia, para encontrar
en el al hermano, al amigo, al guía, al maestro el salvador, acogerse a su
perdón y seguirle. 


159. A sus Pastores. 
Como dijo Pablo a su discípulo Timoneo: Reaviva el carisma de Dios que hay
en ti,  para anunciar la promesa de vida que está en Cristo Jesús. Enseña,
arguye, corrige, educa en la justicia según el plan de Dios fundado en la
fe: Con un corazón limpio, una conciencia recta, una fe sincera y una
caridad ardiente que procede de ellas y se extiende a todos.
Ocúpate de estas cosas, vive entregado a ellas, pues si nos fatigamos y
luchamos, es porque tenemos la esperanza puesta en Dios vivo que es el
Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes.

Soporta las fatigas como un buen soldado de Cristo Jesús por los elegidos y
corrige con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la
conversión y también alcancen la salvación que esta en Cristo Jesús con la
gloria eterna. Y nadie que se dedica a la milicia se enreda en los negocios
de la vida, si quiere complacer al que le ha enlistado.


160. Sobresalid en Buenas Obras.
También nosotros estuvimos muchas veces alejados de Dios y entregados a
nuestras propias pasiones.    
Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los
hombres, el nos salvo según su misericordia por medio del baño de
regeneración y de renovación en el Espíritu Santo para que, justificados por
su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna.  
Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres,
que nos enseña a que renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas,
vivamos con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente, aguardando la
feliz esperanza y la Manifestación de la gloriosa del gran Dios y Salvador
nuestro Jesucristo; el cual se entrego por nosotros a fin de recatarnos de
toda iniquidad y purificar para si un pueblo que fuese suyo fervoroso en
buenas obras.


161. El amor de Cristo nos apremia. 
Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos,
todos por tanto murieron.
Y murió por todos para que ya no vivan para si los que viven, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos. Por tanto el que esta en Cristo, es
una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.
A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniéramos
a ser justicia de Dios en él.
Y todo proviene de Dios, que nos reconcilio consigo por Cristo y nos confío
el ministerio de la reconciliación. Somos pues embajadores de Cristo, como
si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos:
¡ Reconciliaos con Dios!.
Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice el: En
el tiempo favorable te escuche y en el día de la salvación te ayude. Mirad
ahora el momento favorable; mirad ahora el día de la Salvación.


162. El Buen olor de Cristo.
La comunión con Dios y la vida nueva de ella derivada, envolviendo la
existencia entera de las personas y de las comunidades son para Dios el buen
olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden.
San francisco de Asís, refleja y comunica la alegría y la pobreza de Jesús.
San Juan Bosco, sus cualidades de  maestro. San Ignacio de Loyola el
servicio incondicional a Dios en el cumplimiento de su voluntad. Creí,  por
eso hable,  dice San Pablo.  Ame  y  por  eso  creí.  Fui  amado y  por eso
amé,  creí,  y  serví.
También nosotros, creemos y por eso hablamos, sabiendo que el que resucito
al Señor Jesús, también nos resucitara a nosotros y no llevara hasta el.
Todos nosotros, como un espejo, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos
transformando en esa imagen cada vez mas gloriosos. Pero llevamos este
tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan
extraordinaria es de Dios y no de nosotros.


163. Señor San José.
Que Señor San José ocupe un lugar muy importante en nuestras vidas, como lo
ocupo en la vida de la Virgen María su esposa y en la de Jesús a quien el
Padre puso bajo su protección, formación  y cuidado.
De muchas maneras se llama a Señor San José: Padre nutricio,  padre
adoptivo, padre legal, y aunque todas expresan algo de  la realidad de la
misión de José, se quedan muy lejos de expresar toda la riqueza espiritual
de Señor San José y de su lugar en el Reino. (Los más grandes tesoros de
Dios, permanecen
generalmente escondidos) .
José es el verdadero esposo de María, y el es el primer responsable de
formar y educar el alma de Jesús.
María es suya, como verdadero esposo según Dios, y el fruto de María es
suyo, como el árbol que nace en  un huerto que es mío. El Padre le doto de
todas las gracias singulares que eran necesarias como autoridad y  primer
responsable para con su Hijo Jesús y su Santísima Madre.
Por eso después de María, el primer lugar en nuestro corazón cristiano debe
ocuparlo Señor San José,  por la excelencia de su santidad y  también por su
poder de intercesión por nosotros, pues su misión paternal sobre Jesús y
María, se extiende ahora a los hermanos de Jesús y su Iglesia. Probad y lo
veréis.


164. Una alianza nueva.
Se acerca el tiempo dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la
casa de Judá una alianza nueva.
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus
corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Porque todos me van a
conocer desde el más pequeño hasta el mayor de todos cuando yo les perdone
sus culpas y olvide para siempre sus pecados. Porque me apiadaré de sus
iniquidades y de sus pecados, yo no me acordare más.
Todo esto es una figura del tiempo presente, por eso al entrar en este mundo
, dice Jesús: Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
Entonces dije ¡ He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad. Y en virtud
de esta voluntad, somos santificados, merced a la oblación de una vez para
siempre del cuerpo de Jesucristo.


165. La serpiente de bronce.
En el camino al mar rojo el pueblo se impaciento y murmuro contra Dios y
contra Moisés diciendo: ¿Para que nos sacaste de Egipto?. No tenemos pan ni
agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida.
Entonces envío Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían,
y murieron mucho israelitas.
Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “ Haz una
serpiente como esas y levántala en un palo. El que haya sido mordido por las
serpientes y la mire, vivirá ”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la
levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce,
quedaba curado.
Todo esto como figura de Jesús a quien habían de levantar en la cruz para
redención del mundo.
Dijo Jesús a los judíos: El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he
oído decir a el es lo que digo al mundo. Y prosiguió: “Cuando hayan
levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que yo Soy y que no hago
nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseño, eso digo.” Y él que me envío,
esta siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que a el le agrada.


166. El que quiera servirme que me siga.
Igual que Jesús se compara a si mismo al grano de trigo, que solo si muere
da fruto, el que quiera seguir a Jesús tendrá que ir por su mismo camino. El
que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi
servidor. El que me sirva será honrado por mi Padre.
Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado en manos
de los judíos que el entregaran a los gentiles,  y el azotarán, le
insultaran, le escupirán, le abofetearan y le harán subir a la cruz.
El justo por los injustos, el inocente por los culpables; por el único
delito de amarlos,  de enseñarles, de hacerles el bien, de apartarlos de sus
culpas y de llevarlos a Dios.
El que se ama a si mismo, se pierde; el que se aborrece a si mismo por la
mortificación, se asegura para la vida eterna


167. Aplicación practica.
Que bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre
injustamente.
¿Pues que gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado?. Pero si
obrando bien soportáis el sufrimiento,  ESTO ES COSA BELLA ANTE DIOS,  pues
para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros,
dejandoos ejemplo para que sigáis sus huellas.
Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal.
Estad siempre alegres. Orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto
es lo que Dios, en Cristo Jesús,  quiere de vosotros.


168. La generosidad con Dios.
Poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el
conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a
la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la
caridad,  pues si tenéis estas cosas y las tenéis en abundancia, no os
dejaran inactivos ni estériles para el conocimiento perfecto de nuestro
Señor Jesucristo.
Por tanto hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y
vuestra elección. Pues así se os dará amplia entrada en el Reino eterno de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 


169. Volver al primer amor.
En el seno de mi Padre te vi desde siempre, a las plantas de mi madre te vi
en el Tepeyac,  te amé y di a ella como pequeño esclavo, para que hiciera de
ti un mensajero de mi amor.
Volver al primer amor no es solo confortarse con el recuerdo de aquel primer
día de encuentro con el Señor que llama: las primeras misiones, el primer
día en el noviciado, el primer destino, las primeras obras realizadas con
gran entusiasmo y amor. 
Es más, mucho más que eso: Es fijarnos mas en el don que en la respuesta. Es
reconocer plenamente que la llamada  procede del Señor, que es el regalo
gratuito, irrevocable y de predilección del que Dios  nunca se arrepiente y
que aun cuando mil veces le hallamos negado hoy vuelve a llamarnos a su
amor, como en aquella vez primera en que respondimos entusiasmados, aun
cuando con el tiempo haya llegado a hacerse muy débil y mezquina nuestra
respuesta . 
“ Los llamo por su nombre ”. Para estar con El,  predicar el Evangelio,
Perdonar y Exorcizar en su nombre y para que fueran 12. Es decir grupo.
Iglesia. Comunidad de Salvación. Y solo en ella volverán a encontrar a
Cristo, como el incrédulo Tomas, que ya se había apartado de los doce y
borro su pecado confesando a Jesús como su Dios y Señor: “Señor mío y Dios mío”.


170. Comprometidos con los demás.
Dios ama la justicia y el derecho y levanta al pobre y al desvalido. El
cuida con cariño a cada uno de los hombres .  Jesús es la mejor muestra de
ello y lo siguen siendo sus enviados siempre disponibles para con todos los
que lejos del Padre se sienten oprimidos y explotados , quizá porque ese era
el único medio de hacerlos volver al Padre. Y nosotros los que no decimos
cristianos consagrados a Dios desde el día del Bautismo y conscientes de
nuestra vocación al amor, anhelamos amar a Dios, a Jesús, a María y no
queremos saber nada de sus hijos, sobre todo de los mas alejados, de los
descarriados y  molestos que son los que de verdad necesitan nuestro amor, y
nos dan la oportunidad de demostrar la verdad de nuestro compromiso con Dios
y con La Iglesia. Tendrán que venir las renuncias, los sacrificios, las
pruebas. ¿ De otra manera que mérito tendríamos ?. Danos tu amor y tu gracia
y eso nos basta.


171. Oración de San Anselmo.
Oh Jesús , Hijo de Dios, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a
tu Madre:
concédeme amarla verdaderamente como Tú la amas y quieres que sea amada.
Oh María, Madre buena, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a tu
Hijo:
concédeme amarlo verdaderamente como Tú lo amas y quieres que sea amado.
...Oh María, Madre buena, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a
los hijos de tu dolor,
Oh Jesús, Hijo de Dios, te suplico, por aquel amor tan tierno que tienes a
los hijos de tu sangre derramada: concédeme amarlos verdaderamente como Tú
los amas y quieres que sean amados.


172. Madre de Dios y madre nuestra.
La presencia de María nos acompañara a lo largo de estos tres años de
preparación al Jubileo del Tercer Milenio del Cristianismo: Primero en el
misterio de su Maternidad  divina. Luego como la mujer humilde y dócil al
Espíritu Santo y finalmente en el tercer año, como la hija predilecta del
Padre, ejemplo perfecto de amor a Dios y al prójimo.
En el Concilio de Efeso (431) María fue proclamada Madre de Dios. Ahora en
el Concilio Vaticano II, María fue proclamada Madre de la Iglesia. En el
capitulo VIII de la Constitución  dogmática  Lumen Gentium sobre la Iglesia,
el Concilio Vaticano II, llama a María: madre amantísima, madre de los
hombres, madre de los fieles, madre de la gracia. 
En cualquier forma que se quiera leer el Evangelio de san Juan, es indudable
que Jesús desde la cruz entregó el don de su madre a Juan que nos
representaba a todos. Por la Encarnación redentora, María ha quedado hecha
no solo la Madre de Dios en el orden físico de la naturaleza,  sino también,
Madre de todos los hombres en el orden sobrenatural de la gracia. Nosotros
como mejicanos lo sabemos muy bien pues lo hemos iodo de sus propios labios:
¿No estoy yo aquí que soy tu madre?.


173. La Salvación Obra de Dios.
La Salvación es principalmente obra de la poderosa acción personal de Dios
para rescatar a su creatura de la tremenda esclavitud voluntaria a que se ha
sometido asintiendo a la tentación diabólica.
Es muy cierto que así como fue necesario el consentimiento del hombre para
apartarse de Dios, así es ahora necesaria su colaboración para volver a el:
Si, su colaboración es necesaria, pero no es la parte mas importante en la
historia global de su salvación.
La salvación es principalmente obra de el don gratuito de Dios, de la cruz
de Cristo  y de la acción santificadora del Espíritu Santo, que obra en
nosotros con todo el poder de su gracia para llevarnos a Dios. Es iniciativa
divina y, por tanto, depende totalmente de la voluntad del Dios salvador,
que porque así lo ha dispuesto, ha abierto al hombre posibilidades inmensas
de salvación en su Iglesia.
La Iglesia de Cristo esta formada no solo por los hombres pecadores, sino
principalmente por Cristo, por su Santísima Madre y por todos los santos,
por los que todavía están en el purgatorio, y por todos nosotros unidos en
la comunidad de amor que procede del Espíritu Santo y de el recibe su
impulso.  De ahí el inmenso poder de intercesión concedido por Cristo a su
Iglesia, que no solo salva cuando predica, sino tambien cundo sufre, cuando
ama, cuando ora y cuando alcanza de Dios las gracias necesarias para la
salvación ya de sus miembros, ya de los que aun están fuera y de todos los
hombres incluyendo a aquellos que ni siquiera conocen su existencia.


174. El sentido de nuestra vida.
Con la Encarnación, Dios en persona ha entrado en la historia haciendo
plenos los tiempos de su presencia salvadora: El Cristo de Dios nos comunica
su propio Espíritu para llevar una nueva vida de fe y de reconciliación. No
hay tiempo que perder, LA INVITACIÓN AUN ESTA VIGENTE: Hay que convertirse a
Cristo  Evangelio del Padre. Creer en el y salir después entusiasmados a
contar a todos lo que hemos visto y oído. 
El Papa  convoca a todos a un tiempo de perdón de los pecados y de
reconciliación fraterna. A restituir a los pobres su dignidad y hasta el pan
que les hemos mezquinado, dando al Jubileo del Tercer Milenio un sentido
trascendente, personal y social.
Cada persona necesita una razón seria para vivir y un sentido con el cual
llenar todos sus días. Sin fe no se puede vivir: La fe es como el aire, como
el agua, como el fuego, como el pan. Y a calidad de nuestra vida es
directamente proporcional al objeto de nuestra fe. 
Nosotros creemos en Jesús, el verdadero Emanuel: Dios con nosotros. El
Cristo de Dios, muerto y resucitado, presente en cada persona, en cada
Eucaristía, que vendrá al final de los tiempos, a dar pleno sentido a la
historia de la humanidad. El es el sentido de nuestra existencia. 


175. Heraldos del Evangelio.
La fe que se oscurece en el mundo, pide a gritos un testimonio, una
presencia. Reclama a un hombre o a una mujer que algo tenga de Abraham, el
padre de la fe. A alguien que nos devuelva el sentido y las ganas de vivir.
Por eso nuestra reflexión se pone al servicio de la renovación de nuestras
vidas, del nuevo ardor que tanto pide el Papa con su palabra y con su
ejemplo, con palabras de afecto, pero sin ocultar la exigencia de pedir y
alcanzar la gracia de ser renovados por el Espíritu Santo para entrar al
Tercer Milenio de la Fe,  con una conciencia mas limpia y un entusiasmo
renovado, acreditados con nuestras obras ante la comunidad que servimos,
como servidores de la fe que sin desconocer este mundo, superan su oposición
y su indiferencia  convirtidolo al primer amor.


176. Enviados del Padre.
Ante el aparente fracaso en el apostolado por falta de fruto visible en
nuestra acción pastoral, podemos  recordar a Jesús: Nadie fracaso a tal
grado que hasta la vida le arrancaron los que debían adorarlo. En esta como
en tantas otras oportunidades el vigor le vino de un dialogo aún más intenso
con su Padre, alcanzando el descanso de su espíritu como un preludio de la
resurrección definitiva que había de convertir en triunfo su fracaso. Es la
obra del Padre y solo el Padre conoce sus caminos. Para nosotros, la oración
es la clave secreta de la eficacia escondida de nuestras obras, la fuerza de
la debilidad que tan claro expone San Pablo: “mi gracia te basta”.  Dios es
amor y no puede dar sino amor.
 El yugo suave de Jesús NO VIENE del menor peso de la coyunda, sino de ser
“enyugados” para siempre con Jesús para recorrer en su compañía los caminos
de la vida.


177. Ser Jesús.
No  existe sino un único Redentor;  Cristo, “ Nuestro Sumo y  Único
Sacerdote,  santo,  inocente,  sin mancha, apartado de los pecadores y
encumbrado por encima de lo más alto de los cielos ”, que redimió nuestros
pecados   “ de una vez para siempre ofreciéndose él mismo en sacrificio. ”
Jesús, el Hijo de María, el hijo del carpintero, el que  “ fue crucificado,
muerto y sepultado, pero que subió a los cielos y está ahora a la diestra
del Padre.”
Nuestra Madre del cielo nos entrego un niño, nos entrego una persona, nos lo
trajo a Él y ahora se nos pide que difundamos su mensaje,  no basta,  - no
puede jamás bastar - que lo hagamos de palabra, hemos de llevar en nuestra
vida esa persona.
¿Como puede un mensajero llevar no nada más el mensaje, sino a la persona
misma que lo envía ?. ¿No acaso por eso lo está enviando, porque ella no
puede o no quiere ir personalmente. ?  La respuesta es muy sencilla en este
caso: tenemos que ser esa persona; tenemos que ser Cristo para llevar a Cristo.
 Así lo aseguró El: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. Tenemos que ser
tan lo mismo que Él, como lo es un planta con sus ramas, como los primeros
predicadores de su mensaje “ viviendo ya no ellos,  sino Cristo quien vivía
en ellos.” Poder decir como ellos: Sed imitadores míos, como yo los soy de
Cristo.  
 

178. Encargo de María.
Nuestra  Madre Santísima, le mando a Juan Diego en el Tepeyac, que
transmitiera integro su mensaje al Obispo Fray Juan de Sumarraga y el lo
recibió con el encargo de ratificarlo con su autoridad como representante de
su Hijo en esta tierra, para anunciarlo a todas las naciones, para
pregonarlo a toda la humanidad.
Nuestra Madre de Guadalupe, no nos trajo un recado,  nos entregó a una
persona, “ Ardía en deseos de que le construyéramos un templo para en el
mostrarnos a su Hijo ”, ponerlo de manifiesto, dárnoslo a las gentes.
Ella le ordenó a Juan Diego, narrar con todo detalle cuanto había visto y
admirado y lo que había oído.
Vino a decirnos  que ella es nuestra madre, de todos los hombres que en esta
tierra estamos en uno, y de los demás variados linajes de hombre, amadores
míos, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión.
No solo ha venido a decirnos que seamos sus hijos, sino que seamos su Hijo.
A darnos a luz, a hacer nacer a Jesús en nuestros corazones. Ese es su
mensaje, que debemos compartir a todos sus hijos en el mundo entero. 


179. Jesús el Viviente.
A partir de la resurrección. la Iglesia ha manifestado abiertamente su fe en
Jesucristo, el Resucitado y el Viviente.
Existe una continuidad personal entre el auténtico Jesús de la historia que
nos entrega el Nuevo testamento y  el Cristo anunciado por la tradición
bimilenaria de la Iglesia. Este último no es un Cristo desfigurado, sino un
Cristo auténtico, comprendido y vivido por ella.
La historia salvífica de Jesús no puede limitarse a su pasado bíblico, pues
continúa en la experiencia y vida de la Iglesia que iluminada por el
Espíritu Santo confiesa a Jesús como el viviente que está eucaristicamente
presente para santificarla y guiarla en su camino.


180. Comunión con Jesús.
La Eucaristía es el sacramento de la comunión con Jesús en la tierra: “
Quien come mi carne y bebe mi sangra habita en mí y yo en él .”
Y así como Jesús refiriéndose a la fe nos enseña que acercarnos a él es
acercarnos Al Padre.
Del mismo modo, la comunión con Jesús es comunión con El Padre: “ El Padre
que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come
vivirá por mí.”
“ Yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.”


181. Alma del mundo.
Los cristianos no se distinguen de los otros hombres ni por territorio, ni
por lengua ni por vestidos. Habita cada uno en la ciudad que le toco en
suerte adaptándose a los usos del país en que viven dando ejemplo de una
forma de vida social maravillosa, que según confesión de todos, tiene cosas
de increíble.
Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las
leyes establecidas pero con su tenor de vida superan las leyes.
Aman a todos y de todos son perseguidos. Por esta originalidad suya los
cristianos están en el mundo como el alma en el cuerpo: El alma invisible
habita en el cuerpo, pero no proviene del cuerpo: también los cristianos
habitan en el mundo, pero no provienen del mundo.
Dice Jesús: “ Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del
mundo... Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras
buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.” 


182. Nacidos de Dios.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron
que son los que creen en su nombre, les dio la potestad de llegar a ser
hijos de Dios, los cuales no nacen de la carne ni de voluntad de varón sino
de Dios.
El que cree en mi,  no cree en mi, sino en aquel que me ha enviado, y el
Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. 
La vida en Cristo llega a ser en la Iglesia encuentro sacramental con Él y
por tanto, dispensación de gracia y de redención.
El encuentro con Jesús en el Bautismo es tambien un encuentro con la
comunidad de fe, esperanza y caridad y en ella los bautizados viven juntos
su experiencia de salvados en el misterio Pascual de Cristo. Todo ello
alcanza su máxima expresión en la celebración Eucarística que se prolonga en
la recepción de su cuerpo y de su sangre como ALIMENTO.
Vivir en Jesús es, por tanto, vivir con la Iglesia y en la Iglesia.


183. Continuadores de Cristo.
Id por todo el mundo, dice el Señor, y proclamada el Evangelio a todos los
hombres. Aleluya.
En la aparición oficial de Cristo Resucitado a sus apóstoles, Jesús los
envía a continuar en su nombre la obra que el Padre le había encomendado, Mc
16, 15-20:  Se apareció  Jesús a los Once y les dijo: “ Vayan  por todo el
mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se
salvará; el que se resista a creer, será condenado.
Estas son las señales que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán
demonios en mí nombre, hablarán lenguas nuevas,  cogerán serpientes en sus
manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán  las manos a
los enfermos y estos quedarán sanos.”
El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la
derecha de Dios.
Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba
con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.


184.  Llenos de Dios.
Dios ilumina la inteligencia, mueve la voluntad y llena el alma de gozo,
gratuitamente, a quien él quiere, cuando él quiere y como el quiere, tocando
al corazón, iluminado la fe, llenándola en la contemplación de los
misterios de Dios y  produciendo en el alma los los frutos de santidad y
justicia del Espíritu Santo.
Así como en una familia, las iniciativas llenas de vida para toda la familia
vienen del padre y a los hijos les toca tan solo hacerlas suyas y disfrutar
de cuanto bueno ha preparado su padre.
Así en el orden de la salvación y de la gracia nuestra participación en la
vida divina, es iniciativa del Padre y ha sido realizada por su inmenso amor
a los hombres redimidos por Cristo su Hijo  bajo la accion  eficaz del
Espíritu Santo, quien nos hace participes del triunfo definitivo de Dios
sobre el pecado y su autor, nos  aplica los frutos de la redención  y nos
conduce  a su gozo.
Cuando venga el Espíritu Santo, el convencerá al mundo: De Pecado, porque no
creyeron en el Hijo de Dios,  de Justicia porque Dios ha glorificado a
Cristo resucitándole y sentándole a su derecha. De Juicio porque el príncipe
de este mundo ya está condenado.


185. Jesús, único Salvador del mundo. 
La voluntad salvífica de Dios, respecto a la humanidad entera, se ha
manifestado y realizado de modo único y definitivo en el misterio de Jesús y
de su comunidad eclesial, sacramento de salvación en la historia. Esta es la
afirmación más importante de nuestra fe en Cristo:
El es el mediador único y constitutivo de salvación para la humanidad
entera: El no es uno de tantos mediadores salvíficos, sino el único y
definitivo, la fuente de cualquier otra mediación participada.
El valor salvífico universal del misterio de Jesucristo no niega el
significado salvífico de las religiones no cristianas simplemente les da su
verdadero valor en Jesús, quien tiene en si mismo, en su acontecimiento y en
su persona la razón última de todas las cosas y  la esperanza absoluta y
definitiva de la salvación  para todos, y  tambien  para cada uno de los
hombres.


186. Testimonios de San Pedro y San Pablo.
La Iglesia entera desde su origen subraya con énfasis la realidad de Jesús
como Único Salvador de la humanidad entera: San Pedro, responde a las
autoridades  religiosas  judías sobre la  curación  del lisiado : “ En el
nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien
Dios resucitó de entre los muertos: por su nombre se presenta este sano ante
vosotros...” “ Ningún otro puede salvar; bajo el cielo no se nos ha dado
otro nombre que pueda salvarnos ”.
Tambien San Pablo ve en Cristo Resucitado al Señor, cuando escribe: No hay
más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y quien estamos
destinados nosotros, y un solo Señor Jesucristo, por quien existe el
universo y por quien nosotros vamos al Padre. (1 Cor. 8, 5-6)


187. Los caminos secretos de Dios.
La Iglesia primitiva consideró el acontecimiento de Cristo eficaz
salvíficamente no solo para los cristianos, sino para toda la humanidad sin
discriminación  ninguna. Jesús es víctima de propiciación por nuestros
pecados, no solo por los nuestros sino tambien por los del mundo entero.
Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la
verdad.
En el credo Niceno-Constantinopolitano decimos: por nosotros los hombres y
por nuestra salvación bajo del cielo y  el  Concilio Vaticano II  sugiere
que,  a  aquellos  que  no conocen a Cristo  y  viven en otros contextos
religiosos, les sea ofrecida la salvación mediante caminos misteriosos solo
conocidos por Dios, atrayendo a la fe, sin la cual es imposible agradar a
Dios, a los hombres que sin culpa propia, desconocen el evangelio.


188. La Filiación Divina.
En el cristianismo el hombre descubre su verdadera vocación: “ Llegar a ser
hijo de Dios ”.
Para esto ha enviado a su Hijo, para hacernos hijos en su Hijo. El mensaje
de Jesús muestra que Dios es Padre de todos, sobretodo de los desheredados y
de los pecadores como bien nos lo muestran sus parábolas, como la del tesoro
escondido, la del sembrador y la del hijo prodigo. El llamado a ser parte de
su Reino es para todos y la obligación de predicarlo a toda creatura no pone
limites. Esta es la fuente de la civilización cristiana del amor y la igualdad
Mediante la practica de la vida cristiana por muchos seguidores de Cristo en
todos los lugares y en todos los tiempos,  su testimonio  y su vivencia
personal  y comunitaria el misterio de Cristo  vine a ser un don 
salvifico ofrecido universalmente a todos. El conocimiento y experiencia que
de Jesucristo tienen los cristianos, constituye un patrimonio precioso para
trasmitir y hacer fructificar en la humanidad entera.: La adopción como
hijos de Dios es el privilegio cristiano al que todos están invitados a acoger.


189. La Iglesia y el mundo.
La razón de ser de la Iglesia en el mundo actual es descubrirle al  hombre
el misterio del amor de Dios nuestro Padre que, en la plenitud de los
tiempos, nos ha dado a su propio Hijo, engendrado en el seno de María, por
obra del Espíritu Santo.
El animar a esta misión ha sido la gran constante del Papa Juan Pablo II:
Que Cristo se encuentre en el corazón y en los labios de todos.

Ahora, con motivo del gran jubileo de la  Encarnación del año 2000 nos
propone como meta del este primer año de preparación el descubrimiento de
Cristo Salvador y Evangelizador, orientando todo a la celebración del
misterio de Cristo Salvador del Mundo.


190. El Año de gracia.
El Jubileo del año 2000 pretende conmemorar y revivir  “ El año de gracia
del Señor ”, inaugurado y realizado por Jesús en su persona, como nos los
hizo saber en la Sinagoga de Nazaret al principio de su ministerio: “El
Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para
dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos  la libertad
, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar
el año de gracia del Señor. ” 
En 1997 los cristianos están invitados por la Iglesia para revivir este
gesto profético de Jesús. La celebración del Jubileo del año 2000 es, de
hecho, una llamada a ponerse en pie, a tomar el libro del Evangelio, a leer
ante todos el mensaje gozoso de Jesús y a revivir conmovidos, con humildad,
valentía y creatividad, su contenido de alegría, de liberación y de gracia.


191. El jubileo es la Celebración del misterio de la Encarnación.
Cada año la Iglesia concentra la celebración de los misterios centrales de
su fe en  dos grandes solemnidades la Navidad  y la Pascua. En realidad se
trata de un único y gran acontecimiento salvífico, el de la encarnación del
Hijo de Dios, que comienza con el nacimiento de Jesús , en Belén, y termina
en su pasión, muerte y resurrección en Jerusalén.
La fe en la Encarnación del Hijo de Dios es una verdad revelada por Dios ,
testimoniada en la Sagrada Escritura del Nuevo Testamento y ratificada por
la fe Bumilenaria de la Iglesia que los cristianos reafirman cada domingo en
la recitación del credo: “Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de
Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos... por quien todo fue
hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarno de María la Virgen, y se hizo
hombre, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado y resucito al tercer día, según las Escrituras, y
subió al cielo, y esta sentado a la derecha del Padre.”


192. Se anonadó hasta la muerte y muerte de Cruz.
La palabra  “se hizo carne” indica al hombre en su fragilidad y
transitoriedad de creatura mortal. 
La Palabra,  que estaba junto a Dios y que era Dios, llega a hacerse, por
tanto, verdadero hombre mortal.
El gran misterio de la encarnación  es el hecho de que Cristo se manifestó
como hombre. Porque es en Cristo en quien habita corporalmente la plenitud
de la divinidad.
- Pues la Vida , dice San Juan,  se manifestó,  y nosotros lo hemos visto y
damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba vuelta hacia el
Padre y que se nos manifestó - 
 “Cristo Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su
categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomo la condición
de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre
cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de
cruz” (Fil 2,6-8)


193. El Hijo de Dios encarnado.
Para San Pablo la encarnación es el misterio por excelencia, el “ misterio
que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y ahora ha revelado
a su pueblo santo.”
Madurado en seno de la comunión trinitaria, la encarnación es un don de lo
alto. Así afirma San Juan: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo
único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan
vida eterna.”
La Encarnación del Hijo de Dios es el misterio con que el Padre nos ha dado
a conocer su voluntad: Este es el plan que había proyectado realizar por
Cristo cuando llegase el momento culminante: “Recapitular en Cristo todas
las cosas del cielo y de la tierra”.


194. Fuente de salvación.
La  encarnación del Hijo de Dios no es solo una gran verdad teórica del
cristianismo,  Jesús verdadero Dios y verdadero hombre es la fuente de la
eficacia salvifica de su obra en la historia. Jesucristo es la última y
definitiva palabra de Dios a la humanidad, el único mediador entre Dios y
los hombres,  la fuente de toda salvación presente y futura.  
La encarnación revela el misterio de la vida en la Trinidad de Dios,  el
misterio de la participación del hombre y mediante el de todo el cosmos en
la gloria de Dios,  y el misterio de la Iglesia, como prolongación en la
historia de la venida del reino.
Por eso, nosotros que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener la
gracia y, mediante ella ofrecer a Dios un culto que le sea grato con
religiosa piedad y reverencia a nuestro Dios. 


195. Jesús es el Señor.
La enseñanza de Jesús, el Señor, y el acontecimiento de su muerte y
resurrección redentoras,  son el contenido del primer anuncio misionero y
de los primeros escritos cristianos. Por esto los Evangelios no son otra
cosa que los primeros grandes catecismos de la comunidad cristiana donde en
la historia de Jesús ocupa un lugar principalisimo lo referente a su obra
Evangelizadora y Redentora.
La instrucción básica de los cristianos era el anuncio de la muerte, de la
sepultura, de la resurrección y de las apariciones del Resucitado: “ Porque
lo primero que yo os trasmite, tal como lo había recibido, dice Pablo,  es
esto: que Cristo murió por nuestros pecados , según las Escrituras; que fue
sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se le
apareció a Cefas,  y más tarde a los Doce.”  


196. La comunión  Eclesial.
En las cartas Paulinas y  después de San Juan,  se refleja la fe de las
primeras comunidades cristianas: Más allá del anuncio y de la fe, el
seguimiento es testimonio de Jesús hasta el martirio  y vida de comunión con
El Padre, con el Hijo Resucitado y con el Espíritu Santo en una existencia
de comunión eclesial.
Nosotros somos el templo del Dios Vivo , porque estamos llamados a la
comunión con el Espíritu Santo y con el Padre y con su Hijo Jesús Cristo.
 “ Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues
¡ lo somos !. El mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él .” “ Nosotros
sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los
hermanos.” “Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo,
Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mando.” Quien
guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos
que permanece en nosotros; por el Espíritu que nos dio.

 
197. La vida de comunión trinitaria.
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado
en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en
nosotros: En que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos
testimonio de que el Padre envió a su Hijo, para SER SALVADOR DEL MUNDO.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios,  Dios permanece en él y él en
Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído
en él.
Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.
Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y
sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al
mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.


198. Jesús nuestra Esperanza.
Para los cristianos el principio de nuestra esperanza es la persona de Jesús
y su mensaje.
Jesucristo es el único capaz de dar significado a la esperanza humana en las
dos situaciones limite de nuestra vida: la muerte y el juicio. Ante la
muerte el cristiano sabe que no camina hacia la nada, sino hacia una
existencia plena de felicidad en Dios. Ante nuestra historia y su
consumación, el poder de la cruz de Jesús y de su resurrección  es más
grande que todo el mal del que el hombre podría y debería tener miedo.
¡ No tengáis miedo ! nos ha dicho el Papa Juan Pablo II. Existe alguien que
tiene en la mano el destino de este mundo que pasa, alguien que es el Alfa
y la Omega de la historia individual y colectiva del hombre. Y este alguien
es amor: Amor hecho hombre, Amor crucificado y resucitado, Amor
continuamente presente entre los hombres,  Amor eucarístico y fuente
incesante de comunión. El es el único que puede dar plena garantía de las
palabras: ¡ No tengáis miedo !. tengáis miedo a Jesús, no tengáis miedo a
Dios, no tengáis miedo a vosotros mismos. No tengáis miedo a acercaros a la
fuente de vuestra redención.

  
199. El Jubileo del año 2000.
El Jubileo del año 2000 quiere ser una Gran Plegaria  de agradecimiento  al
Padre por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención
realizada por él.
El año de la remisión de los pecados y de la pena de los pecados, el año de
la reconciliación con los otros y de la conversión a la Penitencia
Sacramental  y por tanto: A la solidaridad, a la Esperanza, a la Alegría y
al empeño en el servicio de Dios y la Paz con los hermanos.
Y sobre todo El Año de Cristo, portador de Vida y de Gracia para la humanidad. 
La preparación al tercer milenio debe suscitar una explosión misionera en
todos los niveles de nuestra Iglesia: El anuncio de Cristo, vida para todos,
debe contribuir a la emancipación de los oprimidos, a la promoción de los
más necesitados, a  reconocer la igualdad de todos los hijos de Dios y
conducirnos a todos a la verdadera solidaridad de hermanos y así abrirnos a
la esperanza del cielo.


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