Jesús de Nazaret Dios y Salvador Nuestro

SEXTA PARTE
LA OBRA DEL ESPÍRITU


105. Para gloria de Dios.
Dios puede dar sin limite. De hecho se ha dado a si mismo en Cristo. Pero no
puede desordenar a su creatura destinándola a otro fin que no sea  EL MISMO .
Para gloria de Dios se hizo hombre el Hijo de Dios, para su gloria acogió a
los hombres pecadores.
Para gloria de Dios los llama a su Reino y los llena de sus dones.
Para gloria de Dios escoge a sus Apóstoles y los envía a predicar el Evangelio.
Todo en una palabra tiene un solo fin ultimo que es Dios y su gloria que ha
sido alcanzada en Cristo.
“ Dad gracias a Dios, sin cesar a causa de la gracia de Dios que os ha sido
otorgada en Cristo Jesús. El os fortalecerá hasta el fin para que seáis
irreprensibles en el ida de Nuestro Señor Jesucristo, pues fiel es Dios, por
quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo Señor Nuestro ”.


106. Vivid en gracia.
No podemos entender la Justificación que nos ha alcanzado Cristo, a la
manera de algunos protestantes, como un estado de justicia que se alcanzo
por la fe y el bautismo y ya no se pierde ni con el pecado. Solo falta
nuestra muerte para que volemos derecho al cielo.
La Justificación, que tambien conocemos como estado de gracia,  es cierto,
se alcanza por la fe en Jesús el Hijo de Dios, y se conserva permanentemente
mientras no la perdemos con el pecado mortal, que por eso se llama mortal,
porque mata el alma privándola de la gracia santificante que la hace grata a
Dios.
Tambien es cierto que Dios ofendido se porta como nosotros como un verdadero
Padre esperando siempre nuestro regreso como con el del hijo prodigo, y que
el sello del Espíritu hijos con que hemos sido marcados en el Bautismo no se
pierde nunca. Que mientras nos quede un instante de vida nunca debemos
perder la Esperanza; que podemos volver al estado de gracia por la
contrición perfecta, la confesión y el Sacramento de la Unción de los
enfermos, pero,  si para nuestra desgracia, morimos en estado de pecado
mortal, con todo y nuestra fe muerta y nuestro bautismo inútil, iremos al
infierno.


107. Misión del Espíritu Santo.
Así como el día de la Navidad nos hace sentir visiblemente la presencia de
Cristo, aunque eso no significa que en otro tiempo no estuviera en el mundo.
Así tambien el día de Pentecostés, a Iglesia naciente experimentó  la
presencia sensible del Espíritu Santo continuador de la obra redentora de
Cristo por su medio.
El espíritu de Dios estuvo en el mundo desde su origen, particularmente en
sus profetas que anunciaron a Cristo, y singularmente  en todos los
acontecimientos relacionados con la Encarnación del Hijo de Dios hecho
hombre por obra del Espíritu Santo. Lleno a Isabel y santifico a su hijo aun
en el seno de su madre.
Pero en el ida de Pentecostés, se hace manifiesta su presencia en el lugar
privilegiado de su acción salvadora: La Iglesia y los corazones de los
fieles, aunque tambien es cierto que el Espíritu de Dios con la libertad
absoluta que corresponde a Dios, sopla donde quiere, en el mundo entero,
impulsando con gran fuerza a todos a recibir al Señor, su Salvador. 


108. Consagración de Jesús a Dios.
Al cumplirse 40 días de su nacimiento, el niño Jesús fue llevado por sus
padres para consagrarle a Dios como estaba prescrito en la Ley de Moisés,
que todo primogénito fuese dedicado a Dios, recordando que al salir de
Egipto, Dios había salvado a todos los primogénitos de Israel del exterminio
por la sangre  del cordero que ofrecieron en sacrificio. 
Jesús estaba consagrado a Dios desde toda la eternidad como el Hijo
Unigénito de Dios y desde el primer momento de su ser como hombre. En el
principio del libro esta escrito esta escrito sobre mi: Aquí estoy Señor
para hacer tu voluntad. Consagrarse es pues comprometerse libre y
voluntariamente a hacer la voluntad de Dios en cualquier cosa que el quiera
pedirnos,  no solo las que nos obligan, sino aun las que nos pide
libremente, que son las mayores: Como La cruz que el Padre pidió a Cristo, o
el consentimiento de María, para ser madre del Salvador a costa de tantas
lagrimas.


109. En el Bautismo de Jesús.
Llego el momento de cumplir libre y amorosamente la Misión que el Padre le
había encomendado: La redención del mundo. Jesús se despide de María,  su
madre,  va en busca de Juan el Bautista a decir su SI A DIOS  en la
aceptación de nuestra costosisima Redención.
Toma sobre si nuestras culpas y se somete al Bautismo de Juan como todos los
demás. El Padre no resiste más: Se abre el cielo y se escucha la voz
conmocionada del Padre: "Este es mi Hijo muy amado, en quien me complazco". 
Luego el desierto, las tentaciones,  y a su regreso el testimonio claro de
Juan : =  Este es el Cordero de Dios  que  quita  el  pecado  del  mundo = .
Yo no lo conocía, pero el que me envío a bautizar con agua, me dijo: Aquel
sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre el, ese es el que
bautiza con el Espíritu Santo. Y yo lo he visto y doy testimonio de que este
es el Elegido de Dios. 


110. En el momento de su Inmolación.
LA MUERTE DE JESUS es el acto mas puro de Confianza en el Dios de la vida y
de la Resurrección, amor a la voluntad de Dios , obediencia a su Padre, e
inmensa  caridad hacia nosotros. Me amo y dio su vida por mi. Tanto amo Dios
al mundo, que le dio a su Hijo como redención por sus pecados para así
salvar cuanto se había perdido. El sufrimiento y la cruz son transformados
por Jesús en instrumento de salvación: “ Sacrificios y holocaustos no
quisiste, pero me diste un cuerpo: He aquí que vengo a cumplir tu voluntad.”
En el principio del libro esta escrito sobre mi: “Aquí estoy para hacer tu
voluntad".
Siendo el Hijo, aprendió sufriendo a obedecer y  llevado a la consumación,
se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de la salvación
eterna. Por eso Dios lo exalto y le dio el Nombre que esta sobre todo
nombre. Para que al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en los cielos, en
la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesús es el Señor,
para gloria de Dios Padre.


111. Cristo Cimiento de la Edificación de Dios.
Nadie puede pues poner otro cimiento que el ya puesto por Dios: Jesucristo.
El que no perdono ni a su propio Hijo, antes bien lo entrego por nosotros.
¿Como no nos dará en el graciosamente todas las cosas?:  Justificación,
perdón  y  olvido,  virtud,  paz,  amor, bienes de sabiduría,  de
subsistencia  y  de  vida  eterna. 
En todo salimos vencedores gracias a aquel que nos amo y se entrego a si
mismo por nosotros, al cual hizo Dios salvación de Dios para quienes le
reciben.  De Dios os viene que estéis en Cristo Jesús.: Sabiduría de origen
divino,  Justicia que viene de Dios,  Santificación  y Redención, porque
nadie vive para si mismo, como tampoco nadie muere para si mismo. Si
vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos,  para el Señor morimos. Así
que ya que vivamos, ya que muramos, del Señor somos.


112. Glorifica tu nombre.
Tres veces la voz del Padre respondió conmovido a la obediencia de Jesús que
aceptaba la pasión por la salvación del mundo: En el bautismo en el Jordán;
en la Transfiguración y en el pasaje de los primeros 
gentiles que quieren  “ver a Jesús” . El Evangelista San Juan, partiendo del
deseo de los Griegos de ver 
a Jesús,  escribe una de las paginas más bellas de su Evangelio. Entre los
que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua,
había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de
Galilea, y le rogaban diciendo : “Señor, queremos ver a Jesús”.
Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se los dijeron a Jesús y él
les respondió:
“Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les
aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra no muere, queda
infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.” 
Y  ante la eminencia de su pasión, adelanta Jesús la oración que repetirá
después muchas veces en el huerto de los olivos: “Ahora mi alma esta
turbada”, ¿ y que diré ?: “¿ Padre líbrame de esta hora ?”. No,  pues
precisamente para esta hora he venido.  Padre, da gloria a tu nombre.” 
Vino entonces una voz del cielo que dijo: Lo he glorificado y de nuevo lo
glorificaré. Respondió Jesús y dijo: esta voz no ha venido por mi, sino por
ustedes. Ahora es el juicio de este mundo,  ahora va a ser echado fuera el
príncipe de este mundo. Y  yo,  si fuere levantado sobre la tierra,  atraeré
a todos hacia mí. Esto lo decía significando de que muerte había de morir.


113. Consagrados a Dios.
Dios a derramado su amor en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que
habita en nosotros.
Por nuestro Bautismo en el agua y el Espíritu Santo, somos consagrados a
Dios. Le pertenecemos por creación, le pertenecemos por redención, le
pertenecemos por conquista porque convirtiéndonos a Cristo el Espíritu Santo
nos ha ganado para Dios.
Estar consagrados a Dios significa de nuestra parte, comprometerse
personalmente a hacer su voluntad: Cristo a muerto por nosotros y el
Espíritu Santo nos ha ganado para Dios ahora solo falta que nosotros nos
comprometamos voluntariamente a servir a Dios cumpliendo su voluntad para
que el nos reciba como hijos, insertándonos en Cristo y en su Iglesia y
sellando su adopción con el carácter sacramental y el don del Espíritu Santo.


114. Supremacía de Dios.
Luego, en el Bautismo, los Cristianos hemos sido consagrados a Dios, nos
hemos comprometido a hacer su voluntad y hemos llegado a ser sus hijos en
Cristo.
Hoy mas que nunca es necesario que los consagrados a Dios: Bautizados,
Sacerdotes y Obispos, Religiosos y Religiosas, proclamen con la palabra y
con los hechos, con su vida, con su ejemplo la supremacía de los bienes
absolutos sobre las realidades temporales. Que por lo menos en lo que a
ellos mismos se refiere devuelvan su mundo a Dios. ¿No sabéis que sois
santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vosotros?. Vivid pues
según Cristo y no como el mundo.


115. Vasallos de Cristo.
Un reino supone un Rey a quien sus vasallos reconocen como su soberano y,
unos vasallos que gustosamente ponen al servicio de su Rey sus personas y
todos sus bienes. Que están al servicio de su causa y acatan en todo su
voluntad. Que se someten a su juicio. Y que todo lo esperan de la
magnanimidad y benevolencia de su Rey y Señor.
El Espíritu Santo esta en nuestro ser para hacer de nosotros esos siervos
fieles que cumplen siempre la voluntad de Dios,  amigos perfectos que lo
ponen todo a su servicio, hasta llegar a convertiste en los hijos
comprometidos con su Dios y entregados a la causa del Señor.
 

116. Nuestra muerte.
La humanidad entera, doblemente mortal. 
Primero: por la fragilidad de nuestra efímera condición de criaturas.
Segundo: como castigo del pecado cometido por nuestros primeros padres que
perdieron para ellos y para toda su descendencia la  prerrogativa singular
que había decretado Dios concederles de no cruzar por la muerte en su paso
de la vida terrena a la eterna.
Testigos como somos de la muerte inevitable para todos,  nos es muy difícil
imaginar como seria  nuestra salida de este mundo, si no hubiera mediado el
pecado. En el Antiguo testamento conocemos por lo menos dos casos en que
Dios intervino especialmente para librar de el paso por la muerte a sus
siervos: A Henoc y a Elias a quienes fueron arrebatados al cielo.
En el Nuevo Testamento,  tenemos el caso clarísimo de la Santísima Virgen
María, libre de todo pecado, que sin pasar por la muerte fue elevada al
cielo en cuerpo y alma gloriosos, como sabemos ciertamente  por  el dogma
de  fe definido  por  la Iglesia con su autoridad infalible: “ La Asunción
gloriosa de la Santísima Virgen María a los Cielos.”

 
117. El amor del Padre
El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquél que me ha enviado. Y mi
Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada.
¿ Que hombre conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu que está en él ?. 
Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios.
Nosotros hemos conocido la gracia que Dios nos ha otorgado, no con palabras
de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu. Anunciamos lo que ni el
ojo vio,  ni el oído oyó,  ni al corazón del hombre llegó lo que Dios
preparó para los que le aman. Hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa,
escondida, destinada por Dios desde todos los siglos  para manifestarse en
la plenitud de los tiempos,  en  Cristo,  para gloria de Dios y  redención
nuestra. El  misterio  escondido  desde  toda la eternidad: el amor de Padre
por el cual creó el mundo, lo reconcilió consigo, y lo llevó a su perfección
en Cristo: La encarnación redentora del Hijo de Dios.


118. Familia de Cristo.
Ahora todos los hombre son mis hermanos y tengo una nueva familia: Mi Padre
Dios,  Jesús mi Salvador, El Espíritu Santo que vive en mí, Mi Reina, Madre,
Dueña y Señora la Santísima Virgen María. 
Mi madre y maestra la Santa Iglesia y en ella el Papa, mi Obispo, mi
Parroquia y mi Iglesia doméstica donde están mi esposa, mis hijos, mis
hermanos, sus familias y todos cuantos están cerca de nosotros. No he
perdido a los míos, al contrario ahora tengo una razón más para amarlos, que
es Cristo. 

Oración : Jesús mío; yo te amo, creo en ti, yo espero en ti, yo te adoro y
quiero recibirte siempre sacramentalmente en la sagrada Eucaristía. Te pido
perdón por los que no te aman, no creen en ti, no esperan en ti y no quieren
recibirte en la sagrada comunión.
Siempre Virgen María, yo te amo, creo en ti, espero en ti, y quiero estar
siempre bajo tu protección. Te pido perdón por los que no te aman, por los
que no creen en ti,  no esperan en ti  y no quieren acudir a ti.
Dios mío, yo te amo, yo creo en ti, yo espero en ti, yo te adoro y te pido
perdón por los que no te adoran, por los que no te aman,  por los que no
creen en ti,  y por los que no esperan en ti. 


119. La conversión.
La vida cristiana como seguimiento de Cristo y transformación en él, no se
queda en inútiles deseos, sino que lleva al cristiano a alcanzar a Cristo y
seguirlo.
Cuatro elementos esenciales caracterizan nuestra unión a Cristo: Nuestra
orientación fundamental a Dios por Cristo y en la Iglesia. La lucha por
vivir en Gracia. El uso constante de los Sacramentos y demás medios de
salvación. El buen uso de nuestros talentos.
La conversión a Dios, es fundamental y principio de todo. “ Convertíos y
creed en el Evangelio ”.
La lucha por vivir en gracia es indispensable: como a un boxeador, a quien
no se le pide que evite todos los golpes, sino que nos mantengamos en pie. 
Es una lucha desigual, con enemigos muy superiores a nosotros mismos, y muy
ingenuo será el que quiera triunfar por sí mismo sin acudir a los medios que
Cristo ha puesto para ayudarnos a conseguirlo. 


120. Construyendo la unidad.
En virtud de la gracia que me fue dada, dice San Pablo a los Romanos:
No os estiméis en más de lo que conviene, apreciando a los otros más que a
vosotros mismos. 
Con la alegría de la Esperanza, constantes en la tribulación, perseverantes
en la oración, sin complaceros en la altivez, atraídos mas bien por lo
humilde, no os complazcáis en vuestra propia sabiduría.
En lo posible, en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres,
no tomando la justicia por cuenta vuestra:  No os dejeis vencer por el mal,
antes bien vence el mal con el bien. 
Dad a cada cual lo que se le debe: Si impuestos, impuestos; si tributo,
tributo;  respeto y honor; y a todos amor, pues el que ama al prójimo, ha
cumplido la Ley. 
Acoged bien al que es débil en la fe, sin discutir opiniones, que no por
esas pequeñeces destruyas a aquél por quien murió Cristo. Y el Dios de la
paciencia y del consuelo, os conceda tener, los unos con los otros, los
mismos sentimientos, para que unánimes a una voz, glorifiquéis al Padre de
Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, acogeos mutuamente, como os acogió
Cristo para gloria de Dios.


121. Fortaleza en las tribulaciones.
El Señor conoce cuan vanos son los pensamientos de los sabios del mundo y
prende a los sabios en su propia astucia.
Mientras haya entre vosotros envidia y discordia,  ¿no es verdad que sois
carnales y vivís a lo humano?
¿No sabéis que vuestro cuerpo es Santuario del Espíritu Santo, que está en
vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?. Os ruego,
pues, que seáis imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.
Nos fatigamos trabajando con nuestras manos, si nos insultan bendecimos, si
nos persiguen, lo soportamos, si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos
venido a ser como la basura del mundo y el desecho de todos. Nuestro auxilio
es invocar al Señor. El que acude a él, no quedará confundido.


122. Por María.
Consagrarse a María, es responder por su medio al proyecto salvífico de Dios
de la mejor manera que nos es posible: En Cristo y por medio de aquélla que
Dios asoció al misterio Salvífico de Jesús como verdadera madre,  modelo ,
maestra de fidelidad en el servicio, en la escucha, en la aceptación y en el
cumplimiento de la misión que Dios quería encomendarle.

Ilusión sería querer corresponder vitalmente y con gran perfección al
proyecto salvífico de Dios confiando en nuestras propias fuerzas. Dios mismo
ha querido, para nuestro bien,  ponernos bajo la protección de María, y
dárnosla por madre encomendado a ella los tesoros de la gracia y la salvación.


123. Dios busca al hombre.
En Jesucristo, Dios no sólo habla al hombre, sino que lo busca. Es una
búsqueda que nace de lo íntimo de Dios y que tiene su punto culminante en la
Encarnación del Verbo. Si Dios busca al hombre, creado a su imagen y
semejanza, lo hace porque lo ama eternamente en el Verbo, y en Cristo lo
quiere elevar a la dignidad de hijo.
¿Porque lo busca? Porque el hombre se ha alejado de él. El hombre se ha
dejado extraviar por el enemigo de Dios: Satanás lo ha engañado
persuadiéndolo de que es Dios, de poder conocer como Dios el bien y el mal.
De que él puede gobernar al mundo a su arbitrio sin tener en cuenta la
voluntad divina.
Buscando al hombre, Dios quiere que abandonando el camino del error,
caminemos tras sus huellas por el sendero que conduce a la vida. Derrotar el
mal, mediante la Redención que se realiza en el sacrificio de Cristo
rescatando al hombre del pecado y reconciliándolo con Dios.


124. La Gracia Santificaste.
Hay en el mundo una riqueza infinita ante la cual todas las demás nada
valen. Los tesoros de la ciencia, de la técnica, de las bellas artes, todo
lo bueno que el mundo tiene, no puede compararse con el tesoro que poseemos
los cristianos y que por desgracia muy pocos conocen y aprecian. La Gracia
Santificante.
¿Qué es la gracia santificante, que es capaz de elevar a la llena de gracia,
la más humilde esclava del Señor, a llegar a ser la mas excelsa de todas las
criaturas, incluidos los ángeles, los patriarcas, los profetas, los
apóstoles, los mártires, las vírgenes, y todos los santos juntos?.
Desde toda la eternidad decretó Dios hacernos el máximo regalo que su
divinidad pudiera darnos. Hacernos partícipes de la Vida Divina. !Eso es la
vida de la gracia!
Es la comunicación de la vida divina a una creatura, en tal forma que en
cuanto es posible queda transfigurada a la mas alta semejanza con Dios: Dios
Hijo, comparte plenamente nuestra condición humana para hacernos partícipes
de la suya, divina. Dios Padre nos adopta en Cristo como hijos suyos.    Y
Dios Espíritu Santo, divinizando nuestra alma y nuestro cuerpo, hace posible
esa adopción filial.


125. Vocación a la santidad.
Desde antes de crear nada, ya Dios pensaba en nosotros con un amor infinito
y había decretado que estas pequeñas criaturas, creadas a su imagen y
semejanza, llegáramos a pesar de nuestros pecados, a ser sus hijos por medio
de Cristo el Señor. En cierto modo podemos decir que la creación, la
redención y la divinización del hombre, no son más que tres tiempos o
aspectos del mismo proyecto eterno de Dios.

La vocación primaria del hombre, la más profunda, la más universal es el
llamado a la santidad que confiere la vida en gracia. Eso quiere Dios de
todos los hombres y con muchísima mayor razón de todos los cristianos. Por
desgracia esta sublime invitación es desconocida por la mayoría .
A partir de la gracia, el hombre puede hacer lo que quiera en el mundo.
Puede tener la profesión u oficio que le agrade, puede dedicarse a las más
diversas actividades que su creatividad le permita. Pero siempre en
santidad, es decir en gracia de Dios. Sin la gracia divina estará solo
echando a perder el magnífico plan que Dios forjó para él. Pues en la medida
en que hayamos amado a Dios y vivido en plenitud en gracia, en esa misma
medida gozaremos de Dios por toda la eternidad.


126. Conversión a Dios.
La distancia entre Dios y el hombre,  es infinita,  todas las riquezas de la
vida creada,  no son sino un pálido reflejo de la riqueza de la vida de
Dios. No podemos ni imaginarla, como una hormiga no puede ni soñar en la
perfección y grandeza del hombre. 
Sin embargo, por amor a las creaturas, los pecadores rechazamos a Dios, ya
por las riquezas, ya por el poder, ya por nuestra supuesta sabiduría, los
honores,  las venganzas, los rencores, los placeres o cualquiera otra de
nuestras inclinaciones naturales que nos conducen al pecado, a perder la
amistad de Dios,  a alejar al Espíritu Santo e impedirle permanecer en
nosotros para producir en nuestra vidas  la gracia  y  sus  hermosos  frutos.
Que la recepción frecuente de los sacramentos principalmente de la
penitencia primero y después repetidamente de la Sagrada Eucaristía, abra
nuestro corazón a la fe, a la justicia  y a la caridad que tu quieres de
nosotros.


127. Vacío de si mismo.
Mientras más un hombre este lleno de si mismo, mas imposible es que se llene
de Dios, mas difícilmente reconocerá que todo lo tiene de Dios, y en lugar
de darle gracias por haberlo recibido, se erguirá contra su benefactor.
Mientras mas apoyado este en las riquezas, en el poder, o si es pobre, en
otros, mas difícil será que ponga toda su confianza en Dios.
Mientras mas apegado este a los honores, a la autoaprobación y a la búsqueda
de la estima de los otros, mas difícilmente buscara la aprobación y la
gloria que vienen de  Dios.
Por tanto gran beneficio es descubrir a tiempo la falibilidad de los apoyos
terrenos y entender que solo podemos apoyarnos en Dios: “Ya no nos salvará
Asiria, ya no confiaremos en nuestro ejercito, ni volveremos a llamar  “dios
nuestro” a las obras de nuestras manos. Porque solo tu eres grande y haces
maravillas, porque solo tu eres Dios y solo en ti encuentra piedad el huérfano. 


128. El estado de gracia.
La presencia del Espíritu Santo en nosotros, no es pasajera, sino
permanente, por eso decimos que la gracia es habitual. Por ser un estado
permanente tambien le llamamos "estado de gracia" . Dios presente
permanentemente en nuestras almas. vivificando, santificando, divinizando
nuestro ser.
Este estado de gracia solo se rompe con el pecado mortal, que por esos se
llama mortal, porque nos priva de la gracia, arroja el Espíritu Santo de
nosotros, nos hace hijos de ira y por tanto sin derecho de ir al cielo.
No todos los pecados son mortales. Ya el apóstol san Juan hace la distinción
entre "pecado que lleva a la muerte y el que no lleva a la muerte", que no
matan la gracia, aunque si la debilitan y a la larga son el camino para
cometer el pecado mortal. En cambio, los pecados mortales, uno solo de
ellos, es una ofensa grave a Dios, nos quita el estado de gracia y nos pone
en peligro de condenación eterna.  


129. Naturaleza de la gracia.
Con el Bautismo nacemos a la gracia sin perder nada de nuestra naturaleza
que al contacto con el fuego divino de la gracia, permaneciendo humana queda
inflamada con la vida divina. No se transforma en Dios como quieren
entenderlo algunas religiones orientales. El creyente en gracia de Dios,
sigue siendo una creatura, solamente que llena de Dios, como un hombre puede
estar lleno de pena o de alegría y felicidad  sin dejar de ser el mismo.

Una comparación puede ayudarnos a comprenderlo: nada más distinto que el
hierro y el fuego:
El primero, cuando está frío, es sólido, duro, oscuro, sin embargo en
contacto con el fuego, sin dejar de ser hierro, ya encendido, adquiere las
condiciones del fuego: luminoso, caliente, transparente, libre de impurezas
que han sido quemadas por el fuego, dúctil, fluido como un torrente
chispeante que sale del alto horno convertido en  un arroyo de luz. Es lo
que sucede con nuestras almas al contacto con el fuego divino de el Espíritu
Santo, que habita en nosotros y comunica a nuestro ser natural la gracia
santificante, permaneciendo humanos, pero quedando inflamados por la vida
divina.


130. El modelo perfecto de la gracia.
Todos estamos llamados a la gracia y todos debemos ser santos, pero también
es cierto que todos somos pecadores. Por el pecado original, nacemos ya
privados de la gracia santificante e inclinados al mal. Nos es mucho más
fácil hacer el mal, que hacer el bien.
Pero ha habido una excepción: aquella mujer, que desde toda la eternidad
estaba destinada a ser la madre del Verbo Encarnado, Jesús de Nazaret,
Cristo el Señor. Por una gracia especialista que anticipa los méritos de
Cristo en favor de su santísima madre, María la doncella de Nazaret fue
preservada de toda culpa, concebida en gracia y libre del pecado original.
Solo ella alcanzó, por su inmaculada concepción , por su maternidad divina,
y por su plena correspondencia a la gracia, el más alto grado de santidad
que una creatura podía alcanzar. Y así  “ llena de gracia ”, es como fue
saludada por el ángel Gabriel el día de la Anunciación. Porque nada es
imposible para Dios. Y así convenía que fuera la madre del Salvador.


131. Gloria anticipada.
Elegir a Jesús significa estar con él, acompañarlo, andar detrás de él. Es
por tanto, vivir la vida con Jesús y en consecuencia, según los criterios de
Jesús: El amor y el sacrificio.
Esta vida de hijos de Dios se vive en la oración, en la liturgia,
principalmente en la santa misa, en los sacramentos, en la escucha de la
palabra de Dios, en la comunión fraterna hecha  obediencia, colaboración,
disponibilidad a todos los niveles y con todos, en el servicio al prójimo ,
primero para con los miembros de  Cristo y  despues con todos
independientemente de su religión y conducta.
Este comunión existencial con Dios: Abandono de si mismo en Dios, mediante
la oración del corazón, llega a ser tan presente y viva, que en la mañana es
la que despierta al peregrino, para comfortarlo y sostenerlo. Es como la
respiración del Espíritu Santo en el alma, y la encarnación de la palabra de
Dios en su vida. 
Por la fe y la gracia santificante, tenemos en cierta manera, un anticipo de
lo que será nuestra vida en el cielo: Dios siempre presente en los que viven
en el, él es todo para ellos, provee a cada una de sus necesidades y  no
permite que vuelvan su mirada a ningún otro objeto, ni que busquen nada
fuera de él. El es su valor absoluto.


132. Satisfacción infinita de Jesús.
Una ofensa se mide mas por la dignidad de la persona ofendida, que por el
ofensor. Quienquiera que sea el que ofende a un rey, es reo de una falta de
leza majestad, si se mata al hijo del rey, es un crimen sin nombre. Pero si
se ofende a Dios, es una culpa que tiene un componente infinito: Dios ofendido.
Solo una persona divina podía expiar un solo pecado mortal, cada uno de los
pecados cometidos por cada uno de nosotros, todos los pecados juntos desde
el primero cometido por los ángeles que se negaron a servir a Dios, el de
nuestros primeros padres que arrastro a todos sus hijos al mal, hasta el
último cometido hoy por cualquier pecador. 
Todos ellos, cada uno de ellos crucificó a Cristo, hizo necesaria la muerte
del Hijo de Dios en los más grandes sufrimientos, si se trata de una
satisfacción digna ofrecida a Dios para resarcir plenamente  la ofensa
inferida a un Dios de majestad infinita.
Y si el amor a Dios su Padre ofendido llevó a Cristo voluntariamente y por
obediencia a la cruz, no menos lo llevó el amor a nosotros, que habíamos de
perdernos: “ Nadie tiene mayor amor, que el que da la vida por su amigo ”. Y
Cristo Jesús dió su vida  para librar del infierno a los que tu tanto amaba.
Ni la Santísima Virgen María, redimida anticipadamente y libre de todo
pecado, podía entrar al cielo sin ser redimida, si  Cristo no moria por
ella, para librarla del pecado original, que nunca llego a tocarla. Con
cuanta mayor razón tenia que pagar por cada uno de nosotros  que mil veces
hemos merecido personalmente nuestra eterna condenación.


133. Glorioso final.
Pero la muerte de Cristo no termina ahí. Como premio a su obediencia, Dios
lo devuelve glorioso a la vida. La resurrección es la respuesta de Dios
Padre a la condena y suplicio al que los hombres sometieron a su Hijo. La
demostración de que él era en verdad El Hijo de Dios y Dios mismo.
Por la resurrección La Vida Divina, refluye abundantemente como primicia en
la humanidad de Cristo  y a través de él, a todos los hombres.La humanidad
del Hijo se introduce gloriosa en la Trinidad de Dios.  Jesús resucitado es
el hombre nuevo que arrastra tras de sí a la humanidad entera.
La Resurrección de Jesús es también el cumplimiento de la esperanza humana
de inmortalidad y trascendencia. Cristo resucitado no es solo ejemplo, sino
el autor de nuestra resurrección. El tiene el poder espiritual de
transformar a los hombres conforme a su imagen para hacerlos de nuevo hijos
del Padre. Hacerlos vivir como hijos de Dios aquí en la tierra para después
resucitarlos y llevarlos al cielo.
La resurrección completa para nosotros la revelación del misterio de Dios
Uno y Trino: El Padre, que glorifica a su Hijo resucitándolo y elevándolo a
su derecha. Y del Espíritu Santo que se manifiesta Espíritu de Vida y de
Resurrección y hace posible nuestra vida en Cristo y  nuestra futura
resurrección el día del Señor.

134. Rescatados con Dios
!Y a que precio!. A una ofensa infinita corresponde, o un castigo infinito o una satisfacción infinita, seguida de una verdadera conversión. La santidad infinita de Dios, no permite que simplemente se haga desentendido o borre gratuitamnte la ofenza a Dios. Cristo pagó verdaderamente por nosotros y a un altísimo precio: ¿ pero como podia pagar por los pecados ajenos, si primero no cargaba sobre si nuestras culpas?. Verdaderamente ofreció una satisfacción vicaria en lugar de nosotros. Se hizo maldíto a los ojos de Dios y soporto la repugnancia infinita que produce en Dios el hombre en pecado. Se vistió con nuestras culpas, destruyó el pecado con su muerte, lo clavó en la cruz y nos dejó limpios y en paz con Dios.
Lo que le tocaba a Cristo está completo. Ahora solo falta lo que nos tocó a nosotros: la aplicación de la redención a cada uno de los hombres mediante una verdadera conversion a Dios. A ejemplo de Jesús y unidos a él con la fuerza de Dios que nos conforta en Cristo; marcados con su sello y ungidos con su Santo Espíritu que Dios derramó en nuestros corazones como arras de nuestra futura y gloriosa resurreción.
La muerte y la resurrección de Jesús es la realización de la nueva humanidad, liberada de la esclavitud del pecado y de sus consecuencias. El regreso al Padre. El perdón y el restablecimiento de la amistad con Dios, asi como la renovación de la llamada de Jesús a sus discípulos y la comunicación de la misión que como Hijo habia recibido del Padre: predicar el Evangelio y perdonar en su nombre.

135. ¡Reconciliaos con Dios!
Dice San Pablo en su segunda carta a los Corintios: El amor de Cristo nos apremia al pensar que, sí uno murió por todos, todos por tanto murieron.Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resusitó por ellos. Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.Y todo proviene de Dios que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliacion. Somos pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!
A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniesemos a ser justicia de Dios en él. Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibais en vano la gracia de Dios. Pues dice él: = En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación.

136. El sufrimiento del cristiano
Venid a mí todos los que estáis cansados y abatidos que yo os aliviaré. Jesús, de hecho, no eliminó el sufrimiento y la muerte de la existencia del hombre.Esta meta la anunció como plena realidad en el cielo, donde ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.El sufrimiento y la muerte son parte no sólo del destino terreno de Jesús, sino también de la misma identidad cristiana. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
El seguimiento de Jesús comporta la cruz antes que el premio: El que quiera seguirme, que se niege a sí mismo, cargue con su cruz cada día y después venga y síigame.
El sufrimiento es transformado por Jesús en instrumento de salvación. Su sufrimiento y su muerte aceptados como obediencia al Padre fueron la causa de la salvacion para toda la humanidad. Los cristianos, uniendo sus sufrimientos a los de Cristo, llegan a ser intersesores ante Dios para la aplicación de la redención a sus hermanos :"Completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia."

137. Plegaria de un hombre atribulado
Dime Señor cúal es mi culpa, Señor cúal mi pecado, que así tus iras contra mi desatas.
Porqué has todo el dolor acumulado, porque con tu rigor me has flagelado, hasta sentir que la razón me matas.
¿ Porqué Señor, porqué este castígo ? ¿porqué tantos dolores me has enviado? ¿Porqué en este sendero en el que sígo mi ruta por la vida cúal mendígo, has llenado de espinas despiadado?.
¿Porqué dime Señor, tanto he sufrido?,
¿Porqué en tanta amargura yo he vivido?.¿ Porqué dime, porqué dime Señor?.
Di cúal la causa de tu enojo ha sido.
Ni mejor, ni peor, que mis hermanos fui encontrado.
Pues que, al no negar tu existencia, ni adorarte, al mismo pecado de omisón hemos venido
Si así he pecado mi Dios, si te he ofendido. Si de nuevo el costado te hube hendido,
mira Señor que me has amado y al precio del dolor fui rescatado.
¡Me arrodillo Señor y te bendigo!.

138. Seguimiento de Cristo
Jesús es nuestro único guía y nuestro único maestro: Jesús no solamente nos enseña a ser hombres, o a ser hombres de fe. El nos invita a ser suyos: Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Permaneced en mí y yo en vosotros.
Esto implica el reconocimieno vital de Jesús, como Señor y Cristo, como salvador de la humanidad entera, como único revelador del Padre y mediador necesario entre Dios y los hombres.
El Hijo de Dios encarnado, profundamnete hombre, aun sindo verdaderamente Hijo unigénito de Dios es el único que puede llevar a la plena realización a toda persona humana, a la humanidad entera y con ella a toda la creación.
Aceptar a Cristo como el horizonte y cumplimiento definitivo de todas las esperanzas salvíficas de la humanidad; significa, ver en él al Reconciliador Universal, el liberador de la esclavitud del mal, al recreador del hombre, al modelo de la humanidad y al bien absoluto por el cual somos y por el cual llegaremos a nuestra perfección.

139. Jesucristo es el centro y la fuente del anuncio cristiano
Nuestra fé situa a la persona de Cristo en el centro mismo del anuncio evangélico. Jesucristo es el único verdadero maestro, por lo cuál, en nuestra catequesis, sólo es necesario enseñar la doctrina y la vida de Jesús: Su misterio de encarnación, pasión, muerte y resurrección redentora.
Poner no solo en contacto, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo a cada uno. Sólo El puede conducirnos al amor del Padre en su Santo Espíritu y hacernos participar de la vida de la Santísima Trinidad.
En el discurso de apertura del Concilio Vaticano II (11 de noviembre de 1962), el Papa Juan XXIII, puso a Jesucristo en el centro de la historia y de la vida: Los hombres, estan con El y con su Iglesia, y entonces gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz; o por el contrario, estan sin El. Cristo está siempre presente en su Iglesia, de modo especial en las acciones litúrgicas. Cristo es el nuevo Adán, que con su muerte destruyó la muerte y nos dió nueva vida, para que hijos, con el Hijo, clamemos en el Espíritu: ! Abba, Padre !

140. Palabras de Pablo VI
Jesús está en el vértice de la aspiración humana, es el término de nuestras esperanzas y de nuestras oraciones, es el punto focal de los deseos de la historia y de la civilización, es decir, es el Mesías, el centro de la humanidad. El verdadero hombre, el tipo de perfección, de belleza, de santidad puesto por Dios para personificar el verdadero modelo, el verdadero concepto de hombre, el hermano de todos, el amigo insustituible, el único digno de toda confianza y de todo amor; ES EL CRISTO HOMBRE.
Y al mismo tiempo, Jesús está en el principio de toda nuestra veradera suerte, es la luz por la cual el mundo toma proporciones, forma belleza y sombra; es la palabra que todo lo define, todo lo explica, todo lo clasifica, todo lo redime; es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia, de hacerlo; reverbera su imagen, más aún, su presencia, en cada alma que se hace espejo para acoger su rayo de verdad y de vida, de quien cree en él y acoge su contacto sacramental; ES EL CRISTO DIOS, el Maestro, el Salvador, la Vida.


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