51. Características y exigencias del Reino. Jesús revela progresivamente las características y exigencias del Reino mediante sus palabras, sus obras y su persona: El Reino esta destinado a todos los hombres: todos están llamados a ser sus miembros, y Jesús lo ofrece señaladamente aquellos a quienes la sociedad ha marginado, manifestando su inmensa ternura hacia los necesitados y los pecadores, tratándolos como iguales y amigos y haciéndolos sentirsé amados por Dios. La liberación y la salvación que el Reino de Dios trae consigo alcanzan a la persona humana tanto en su dimensión física como espiritual. Dos gestos caracterizan la misión de Jesús: curar y perdonar. El Reino de Dios interesa a todos: a las personas, a la sociedad, al mundo entero: Es la comunión de todos los seres humanos entre si y con Dios y trabajar por el Reino es reconocer y favorecer el dinamismo divino que esta presente en la historia humana y la transforma. El Reino tiende a transformar las relaciones humanas y se realiza progresivamente, a medida que los hombres aprenden a amarse, a perdonarse y a servirse mutuamente. 52. La conversión es posible. El ejemplo de Jesús nos muestra que por más pecador que alguien sea, siempre queda la posibilidad de su encuentro y reconverción a Dios. Lo vemos en su trato con los publicanos y grandes pecadores: con la mujer adúltera, con la samaritana, con Mateo el publicano. Transformados todos al encuentro personal con Jesús que cambió su corazón y después los mandó a comunicar su fe a otros semejantes a ellos.. ¿Donde están los que te acusaban? ¿Nadie te condena?. Yo tampoco, vete y no peques más. Y a la samaritana: Si tu conocieras el don de Dios y supieras quien es el que te pide de beber, tu me pedirías a mi, y yo te daría agua viva. Y a Mateo: Hoy ha entrado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham. Y no he venido a llamar a la conversión a los justos, sino a los pecadores. No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos. Y yo a eso he venido, a salvar lo que se había perdido, a dar mi vida por la salvación del mundo. 53. La perfección de la Ley. “ No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento ”. Si os lo aseguro: el cielo y la tierra pasaran antes que pase una "i" o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido. Jesús no ha venido a destruir la Ley que Dios dio a su Pueblo por medio de Moisés, sino a llevarla a su plenitud y a abrir para los hijos del Reino caminos insospechados de perfección como las Bienaventuranzas y su mandato de amarnos los unos a los otros como el nos amo. 54. Amor a los enemigos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrareis en el Reino de los Cielos. Habéis iodo que se dijo: No mataras; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues Yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal; y el que le diga “renegado” será reo del fuego eterno. Habéis iodo que se dijo: Amaras a tu prójimo y odiaras a tu enemigo. Pues Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y rogada por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre Celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman; ¿Que recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo los publicanos?. Vosotros pues sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. 55. El Padre que ve en lo secreto. Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre Celestial. Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedara en secreto y tu Padre que ve en lo secreto te recompensara. Sea vuestro lenguaje: “si, si” , “no, no”. Porque lo que pasa de aquí viene del maligno. 56. No resistáis al mal. Habéis iodo que se dijo: “ Ojo por ojo y diente por diente ”. Pues Yo os digo: no resistáis al mal; antes bien al que te abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. Y al que te obligue a andar una milla, vete con el dos. A quien te pida, da; Y al que quiera que le prestes algo, no le vuelvas la espalda. Para que glorifiques al Padre que esta en el Cielo. Para que en verdad puedas llamarte “hijo de Dios”. Para que muchos al ver tus obras glorifiquen a Dios. 57. Vuestro tesoro. No os amontonéis tesoros en la tierra done hay polilla y herrumbre que corroen; y ladrones que socavan y roban. Amontonaos, mas bien, tesoros en el cielo, donde no hay polilla y herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esta tu tesoro, allí estará también tu corazón. Nadie puede servir a dos Señores; porque aborrecerá a uno y amara al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. 58. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia. No andéis preocupados por vuestra vida, que comeréis, ni por vuestro cuerpo, con que os vestiréis: ¿No vale mas la vida que el alimento, y el cuerpo mas que el vestido? Mirad las aves del cielo: Ni siembran ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre Celestial las alimenta ¿No valéis vosotros mas que ellas? No andéis pues preocupados, diciendo: ¿Que vamos a comer?. ¿Que vamos a beber?. ¿Con que nos vestiremos?. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas se os darán por añadidura. Pedid y recibiréis; buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá. 59. Amaras a tu prójimo, como a ti mismo. No juzguéis, para que no seais juzgados. Todo cuanto queráis que os hagan los demás, acedselo también vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas. “ Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en practica, será como el hombre prudente que edifico su casa sobre roca: Cayo la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayo, porque estaba cimentada sobre roca ”. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en practica, será como un hombre insensato que edifico su casa sobre arena: “ Cayo la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayo, y fue grande su ruina.” 60. Los seguidores de Jesús. Que fácil resulta para los que viven como si Dios no existiera, descalificar a Cristo y a su doctrina poniéndole la etiqueta de imposible. Nada mas falso y peligroso porque quita al hombre toda posibilidad de conversión. Desde el principio, enormes multitudes siguieron a Cristo, innumerables mártires y santos hicieron vida sus enseñanzas y conquistaron al mundo para el. Mejor ejemplo no podemos encontrar que sus Apóstoles escogidos de entre sus muchos discípulos: Hombres dedicados a la causa de Cristo, que hicieron de sus enseñanzas el modelo de su vida y dieron su vida por el y su evangelio, todos menos uno, el que lo traiciono. 61. La revelación a los pequeños. “ Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de la tierra , porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a péqueños ”. Si, Padre, porque tal ha sido tu voluntad. Nadie conoce bien al Hijo, sino el Padre, ni al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Ciertamente muchos rechazaron y seguirán rechazando a Jesús, pero muchos, principalmente entre los humildes del pueblo lo siguieron decididamente. En ellos parece inspirarse Jesús cuando proclama sus Bienaventuranzas: Bienaventurados vosotros los pobres porque vuestro es el Reino de los Cielos. 62. Misión de los 12. Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad pues al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Entonces llamo a doce de sus discípulos, a los que el quiso, para que estuvieran con el y para enviarlos a predicar, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 63. Invitación a convertirnos. Nuevamente Cristo repite, ahora por la voz de su Vicario en la Tierra, su invitación a la conversión para nosotros los hombres de este tiempo: Es necesario que TODOS y en todas partes SE CONVIERTAN A DIOS, porque Dios tiene fijado desde un principio el día en que juzgara a este mundo en justicia, por medio de su Hijo a quien a constituido Señor y Juez de vivos y muertos. Y tremendo es caer en manos de la justicia de el Dios vivo, apresuraos pues a caer en los brazos de su misericordia en estos años de gracia especial del Señor con motivo del Jubileo del tercer milenio del Cristianismo, no sea que al llegar su día grande y terrible, o el momento definitivo de vuestra muerte os encuentre todavía entregados al mundo. 64. Que debemos pedir. Cuando oréis, no charléis mucho como los gentiles, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros pues orad así: Padre Nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu Reino. hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. La gloria de Dios; la llegada de su Reino; que se cumpla su voluntad en nosotros: reconociendo a Cristo, viviendo en gracia y guardando los mandamientos; nuestro pan de cada día principalmente en la palabra de Dios y la Eucaristía; el perdón de nuestros pecados, que sepamos perdonar a nuestros semejantes, y que no permita que caigamos en las seducciones del mal. Gracias todas de suma importancia, que Dios nos manda pedir porque quiere concedérnoslas, que el mundo rechaza y que si nosotros no alcanzamos es por que no las pedimos. 65. Necesidad de morir para Vivir para Dios. Jesús es el Cordero de Dios que cargo sobre si los pecados del mundo y dio su vida para expiar por ellos. El Justo por los injustos, el Cordero Inmaculado por los pecadores, con su muerte clavo en la cruz la sentencia que nos condenaba, pago en justicia por nuestros pecados aceptando la muerte de cruz , dando su vida por nosotros y volviendo a tomarla para ya nunca perderla más.. Igualmente, los que son de Cristo han muerto al mundo y a sus concupiscencias para empezar a vivir para Dios. 66. Necesidad de volver a nacer para entrar en su Reino. Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, porque nadie puede hacer lo que tu haces si Dios no esta con el. Jesús le respondió: En verdad en verdad te digo: El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Como puede uno nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?. Respondió Jesús: En verdad en verdad te digo: “ el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios ”. 67. María nuestra Madre. Al tener por madre a María, tenéis automáticamente a Dios por Padre, pues no os engendro María para la vida terrenal que os dieron vuestros padres, sino para la vida divina que solo procede de Dios. Así el que ha hallado a María por madre, ha hallado a Dios por Padre. Por los meritos e intercesión de su Santísima Madre será un verdadero hijo de Dios, dispuesto buscar y abrazar siempre la voluntad de Dios su Padre: = Salvar a todos los hombres en Cristo = y procurará hacer de su parte, cuanto pueda para alcanzar de Dios por intersesion de su Santísima Madre la gracia altísima de la conversión para todo el mundo. También por lo contrario; el que no quiera tener a la santísima Virgen María por madre, que tampoco tenga a Dios por Padre, porque solo en el seno purismo de María, tomo Cristo nuestra carne y solo en su purismo corazón engendra en la gracia el Espíritu Santo a los nuevos hijos de Dios.