Jesús de Nazaret Dios y Salvador Nuestro

DECIMO PRIMERA PARTE
CRISTO VIVO EN SU IGLESIA


El amor de Jesús es contagioso: San Juan Bautista contagio su amor a los dos
primeros discípulos de Jesús, Andrés y Juan, ellos corrieron a comunicárselo
a sus dos hermanos, Simón y Santiago. Felipe corre a decirle a Natanael que
ha encontrado al Cristo y así hasta que el amor a Jesús llene la tierra para
que muchos glorifiquen a Dios. El que mas lo ama, mas lo comunica: Quisiera
que todos se agregaran a imitar a Jesús, a seguir a Jesús; pero hay muchos
que tienen muy fuertes sus defensas, otros que ya están vacunados y a veces
nuestro virus no tiene la suficiente fuerza como para producir un contagio o
una epidemia.
Participes de las promesas. Ciudadanos del cielo. Que “El nombre de Jesús”
sea glorificado en vosotros: Vivid en el Amor; Es en la correspondencia al
amor del Dios creador y Salvador donde se contiene la síntesis más perfecta
del cristianismo: Conocer a Jesús más profundamente, amarlo más
ardientemente y seguirlo más de cerca y mediante él a Dios y a nuestros
hermanos. Por eso en este día, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús yo me
entrego absoluta y irrevocablemente a él, para que queme en su amor toda la
escoria de amor a mi mismo, confíe solo en él y él inflame mi corazón en su
amor divino.


259. Origen divino del Evangelio.
Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mi, dice Pablo “el
pequeño”, que llego a ser grande en el Reino, pues yo no lo recibí ni lo
aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Pues ya estáis
bien enterados de mi conducta anterior en el judaísmo. Mas, cuando aquel que
me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien
revelar en mí a su Hijo, para que le enunciase entre los gentiles, al punto
me fui Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco y solo 3 años después
subí a Jerusalén para conocer a Pedro y estuve 15 días en su compañía.
Aun cuando nuestro cristianismo este todavía en pañales, ya nacimos. Hemos
nacido de Dios y si no permitimos que muera nuestra fe, tendremos que seguir
de su mano hasta llegar a la plenitud de la madurez de Cristo.

 
260. Participación de los gentiles.
La escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe,
anunció con anterioridad a Abraham esta Buena Nueva: “En ti serán benditas
todas las naciones”.
El hombre no se justifica por las obras de La antigua Ley, sino solo por la
fe en Jesucristo. Cristo nos rescató de la maldición de La Ley, haciéndose
el mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que
está colgado en un madero, a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo
Jesús, la Bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la
Promesa.
En efecto, yo por la fe he muerto a La Ley, a fin de vivir para Dios: Con
Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en mí.


261. En la fe de Abraham.
Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los
Bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judía ni
griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois
uno en Cristo Jesús. 
Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la
promesa. De manera que La Ley ha sido vuestro pedagogo hasta Cristo, para
ser justificados por la fe.
La prueba de que sois hijos, es que Dios ha enviado a vuestros corazones el
Espíritu de su Hijo que clama: ¡ Abba, Padre !. De modo que ya no eres
esclavo sino hijo, y si hijo, tambien heredero, por voluntad de Dios.

 
262. Descendencia de Abraham.
Dice la Sagrada Escritura que Abraham tuvo 2 hijos: Uno de la esclava y otro
de la libre. Pero el de la esclava nació según la naturaleza: el de la
libre, en virtud de la promesa. Y vosotros hermanos, a la manera de Isaac,
sois hijos de la promesa. 

Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en
realidad no son dioses: Más ahora que habéis conocido a Dios,  o mejor, que
él os ha conocido, ¿ como retornareis a esos elementos sin fuerza ni valor,
a los que queréis servir de nuevo?.


263. Fe y Caridad.
¡ hijos míos !, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a
Cristo formado en vosotros, los que queréis estar sometidos a La Ley. Dios
mando a su hijo nacido bajo La Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo
La Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. 
Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircusición tienen valor,
sino solamente la fe que actúa por la caridad. Pues toda la Ley alcanza su
plenitud en un solo precepto: “ Amaras a tu prójimo como a ti mismo”.
Nacida de su costado, la Iglesia llena del amor de Dios y el de Cristo se ha
convertido en esposa de Cristo y madre de todos sus hijos. Es el Padre que
esta en el cielo, el verdadero jefe de aquella familia y su amor derramado
por obra del Espíritu Santo es quien hace la unión entre ambos esposos y
forma a sus hijos.


264. Vida en el Espíritu.
Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la
carne: fornicación. impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios,
discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias,
embriagueces, orgías y cosas semejantes, como yo os previne, que quienes
hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales
cosas NO HAY LEY. Puesto que los que son de Cristo Jesús, han crucificado la
carne con sus apetencias.


265. Haced el bien.
Hermanos, cuando alguno incurra en una falta, corregidle con espíritu de
mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues tu tambien puedes ser tentado.
Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo.
Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. 
No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembra eso cosecha:
Así que mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero
especialmente a nuestros hermanos en la fe.


266. Amados en Cristo.
Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha
bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos, en
Cristo. Por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo,
para ser santos e inmacaludos en su presencia en el amor; eligiendonos de
antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo según
el beneplácito de su voluntad, según el benévolo designio que en él se
propuso de antemano para realizarlo en la plenitud de los tiempos: “Hacer
que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está
en la tierra”.


267. Iglesia de Cristo.
En el tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los pecados
según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros. Por eso
tambien yo, al tener noticia de vuestra fe en Jesús, y de vuestra caridad
para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros para que el
Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda conocer
cual es la esperanza a la que habéis sido llamados por él, cual es la
riqueza de la gloria otorgada por él a los santos, y cual la soberana
grandeza de su poder para con nosotros, que desplegó en Cristo resucitándole
de entre los muertos y sentándolo a su diestra en el cielo por encima de
todo lo que tiene nombre. Bajo sus pies sometió todas las cosas y lo
constituyo cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del
que lo llena todo en todo.


268. Ciudadanos del cielo.
Estabais a la sazón lejos de Cristo, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos,
habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo.
Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.
Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los
santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y
profetas, siendo la Piedra Angular Cristo mismo, en quien todas edificación
bien trabada se eleva hasta formar un Templo Santo, en que tambien vosotros
estáis siendo juntamente edificados hasta ser morada de Dios en el Espíritu.

 
269. Participes de las promesas.
A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: La de
anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo. ¡Que los gentiles
sois coherederos, miembros del mismo cuerpo, y participes de la misma
promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio!.
Por eso doblo mis rodillas ante el Padre de quien toma nombre toda familia
en el cielo y en la tierra, para que seáis fortalecidos en la acción del
Espíritu,  que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que,
arraigados y cimentados en el amor, podáis conocer con todos los santos cual
es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo,
que excede todo conocimiento, para que os VAYÁIS LLENANDO hasta la total
plenitud del mismo Dios.


270. Vivid en el Amor.
No salga de vuestra boca palabra dañosa. No entristeiscais al Espíritu Santo
de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención. Perdonaos
mutuamente como os perdonó Cristo. La impureza y la codicia, ni se nombre
entre vosotros ¡que es idolatría!.
Sed pues imitadores de Dios como hijos queridos, y Vivid en el amor, como
Cristo os amó y se entregó por vosotros. Porque en otro tiempo fuisteis
tinieblas, más ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz. Pues
el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. 
Vivid pues como prudentes, aprovechando bien el tiempo presente, porque los
días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino comprended  bien cual es
la Voluntad del Señor.


271. Para Santificarla.
Cristo es la cabeza de la Iglesia, él Salvador del cuerpo. Nadie aborrece
jamás a su propia carne, antes bien la alimenta y cuida con cariño lo mismo
que Cristo a La Iglesia. 
Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por ella para santificarla,
purificándola mediante el baño de agua, con la fuerza de la Palabra, y
presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha, ni arruga,
ni cosa parecida sino que sea santa e inmaculada.
Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos, lo
mismo que Cristo a su Iglesia.
En el texto : “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a
su mujer, y los dos serán una sola carne”, San Pablo descubre en la creación
de -hombre y mujer- y su expresión en el Génesis, una prefiguración
profética de la unión de Cristo y de la Iglesia, representada en el
matrimonio: ya no son dos sino uno solo en Cristo.  En cuanto a vosotros,
que cada uno ame a su mujer como a si mismo; y la mujer que respete al marido.


272. Por vosotros.
Revestios de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del
diablo: Porque vuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra
los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo
tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas.
Por eso, tomada las armas de Dios, para poder resistir el día malo, y
después de haber vencido todo, mantenemos firmes; firmemente convencidos de
que quien inicio en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día
de Cristo Jesús.
Para mi, la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Pero si el vivir en la
carne significa para mi trabajo fecundo, no se que escoger... Me quedaré y
permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe. 


273. Se despojo de si mismo. 
Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad,
considerando cada cual a los demás como superiores a si mismo, buscando cada
cual no su propio interés sino el de los demás.
Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de
condición divina, no retuvo ávidamente ser igual a Dios. Sino que se despojo
de sí mismo tomado condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y
se humillo a si mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que esta sobre todo nombre
para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la
tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el
Señor, para gloria de Dios Padre.


274. Sublimidad del conocimiento de Cristo.
Así pues, queridos míos, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación,
pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar como bien le
parece. Haciendo todo sin murmuraciones ni discusiones para que seáis
irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha, en medio de una
generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas
en el mundo
Si alguno cree poder confiar en la carne, más yo. Pero lo que para mí era
ganancia, lo he considerado perdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que
todo es perdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a
Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía la que viene de La Ley,
sino la que viene de Dios, apoyada en  la fe en él, el poder de su
resurrección y la comunión de sus padecimientos.
No que lo tenga ya conseguido, o que sea perfecto, sino que continuo mi
carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo yo mismo sido alcanzado por
Cristo Jesús.


275. Ciudadanos del cielo.
Por lo demás, desde el punto en que hayamos llegado, sigamos adelante.
Porque muchos viven según os dije tantas veces y ahora repito con lagrimas
como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es
el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan mas que en
las cosas de la tierra.
Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador
al Señor Jesucristo, el cual TRANSFIGURARÁ esté miserable cuerpo nuestro, en
un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a
si todas las cosas.


276.A causa de la Esperanza.
Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona,
mantenemos firmes en el Señor. No os inquietéis por cosa alguna, antes bien
en toda ocasión presentad a Dios vuestras peticiones y la paz de Dios que
supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús.
Al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y de vuestra caridad que
tenéis con todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada
en los cielos y acerca de la cual fuisteis ya instruidos por la Palabra  de
Verdad, el Evangelio,  que llegó hasta vosotros, y fructifica y crece entre
vosotros lo mismo que en todo el mundo, desde el día que oísteis y
conocisteis la gracia de Dios en la verdad.   


277. Paciencia en el sufrimiento. 
Por eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por vosotros desde el día que lo
oímos, y de pedir que lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad, con
toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que viváis de una manera
digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y
creciendo en el conocimiento de Dios, confortados por el poder de su gloria,
para toda constancia en el sufrimiento y paciencia; dando con alegría
gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los
santos en la luz. El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó  al
Reino del Hijo de su Amor, en quien tenemos la Redención: el perdón de los
pecados.


278. Imagen de Dios invisible.
El que es imagen del Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque
en él fueron creadas, todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las
visibles y las invisibles.. Todo fue creado por él y para él. El existe con
anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.
El es tambien la cabeza del cuerpo, de la Iglesia: El es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que sea él, el primero en todo. Pues
Dios tuvo a bien residir en él toda la plenitud, y reconciliar por él y para
él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de la cruz, lo que hay en
la tierra y en los cielos.


279. Reconciliados por su muerte.
Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis extraños  y enemigos, por vuestros
pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte
de su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles
delante de él; con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe,
firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha
sido proclamado a toda creatura bajo el cielo y del que yo Pablo, he llegado
a ser ministro.
Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo
en mi carne lo que le falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su
cuerpo que es la Iglesia.


280. Ministro de Cristo.
De la cual he llegado A SER MINISTRO conforme a la misión que Dios me
encomendó en orden a vosotros, para dar cumplimiento a la palabra de Dios:
“Al misterio escondido” desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a
sus santos a quienes Dios quiso dar a conocer cual es la riqueza de la
gloria de  este misterio que es Cristo entre vosotros,  la esperanza de la
gloria a la que tambien vosotros los gentiles habéis sido llamados por la fe
en Cristo,  al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a todos
los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en
Cristo. 
Quiero que sepáis qué dura lucha estoy sosteniendo por vosotros..., para que
sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en
toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del misterio
de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la
ciencia. 


281. Edificados en él.
Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido;
enraizados y edificados el él; apoyados en la fe, tal como se os enseño,
rebosando en acción de gracias.
Porque en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y
vosotros alcanzáis la plenitud en él que es la cabeza. Y a vosotros que
estabais muertos en vuestros delitos... os vivificó juntamente con él y nos
perdonó todos nuestros delitos. CANCELO LA NOTA DE CARGO que había contra
nosotros, y la suprimió CLAVÁNDOLA EN LA CRUZ.
Por tanto, que nadie os inquiete por cuestiones de comida o bebida o a
propósito de fiestas o sábados. Todo esto es sombra de lo venidero, pero la
realidad es el cuerpo de Cristo.


282. Vida oculta en Cristo.
Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, no
las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está OCULTA con
Cristo en Dios: Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces tambien
apareceréis vosotros glorioso con él.
Por tanto mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza,
pasiones, malos deseos, y la codicia que es una idolatría, todo lo cual
atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes.
Revestios del hombre nuevo que se va renovando hasta alcanzar un
conocimiento perfecto, según la imagen de su creador.


283. Sed agradecidos.
Revestios, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de
misericordia, de bondad, mansedumbre, paciencia, soportandoos unos a otros y
perdonadoos mutuamente como el Señor os perdonó.
Y por encima de todo revestiós del amor, que es el vinculo de perfección. Y
sed agradecidos. Instruios y amonestaos con toda sabiduría, cantad
agradecidos himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis de palabra y
de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su
medio a Dios Padre.
Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los
hombres, conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa.


284. Perseverancia en la oración.
Sed perseverantes en al oración velando en ella con acción de gracias; orad
tambien por el Evangelio; orad al mismo tiempo por nosotros para que Dios
nos abra una puerta a la Palabra, y podamos anunciar el Misterio de Cristo,
por cuya causa estoy yo encarcelado, para darlo a conocer anunciándolo como
debo hacerlo.
Portaos prudentemente con los de fuera, aprovechando bien el tiempo
presente. Que vuestra conversación sea siempre amena, sazonada con sal,
respondiendo a cada cual como conviene y sabiendo dar razón de vuestra
esperanza.


285. En espera de Jesús.
Escondidos en el silencio de Dios, bendecidos anticipadamente en nuestra
elección a la fe y ministros del misterio escondido por los siglos en Dios.
Muertos en Cristo y escondidos en Dios para una vida que se manifestara con
la venida gloriosa de Cristo.
En todo momento damos gracias a Dios por vuestra elección, ya que nuestro
Evangelio os fue predicado no solo con palabras, sino tambien con el poder y
con  plena persuasión en el Espíritu Santo.
Por vuestra parte, os convertisteis a Dios, tras haber abandonado las obras
muertas de vuestros ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero, y esperar
así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucito de entre
los muertos  y que nos salva de la cólera venidera.


286. No buscar agradar a los hombres.
Que tu nombre sea alabado, no el mío; que sea encarecida tu obra, no la mía;
que sea bendecido tu nombre y que ningún elogio humano se haga de mí.
Nuestra exhortación no procede del error, ni de la impureza, ni con engaño,
sino que : “Así como hemos sido juzgados aptos por Dios para confiarnos el
Evangelio”, así lo predicamos, no buscando agradar a los hombres, sino a
Dios que examina nuestros corazones.
Muchas falsas doctrinas que ha tratado de suplantar al Evangelio de Cristo,
tienen en esta actitud su punto débil: Buscan agradar a los hombres y por
eso terminan por apartarlo más de Dios.
“Nunca nos presentamos, bien lo sabéis, con palabras aduladoras, ni con
pretextos de codicia, Dios es testigo,  pues recodáis hermanos nuestros
trabajos y fatigas, para no ser gravoso a ninguno de vosotros, ni buscando
gloria humana ni de vosotros ni de nadie”.  


287. Palabra operante de Dios.
De ahí que también por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios
porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no
como palabra de hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios, que
permanece operante en vosotros, los creyentes.
En cuanto a vosotros, que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el
amor de unos con otros, y en el amor para con todos, para que se consolide
vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en
la venida de Nuestro señor Jesucristo con todos sus santos.
En lo que se refiere al tiempo y el momento, hermanos, no tenéis necesidad
que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que EL DÍA DEL SEÑOR ha
de venir como un ladrón en la noche.
Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.


288. Fiel es Dios.
Dios no nos ha destinado para la cólera, sino par obtener la salvación por
Nuestro Señor Jesucristo que murió por nosotros, para que velando o
durmiendo, vivamos junto con él. Mirad que nadie devuelva a otro mal por
mal, Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues
esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.
No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinado todo y
quedas con lo bueno: Absteneos de todo genero de mal. Que él el Dios de la
paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma
y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de Nuestro Señor
Jesucristo. Fiel es el que os llama, y él es quien lo hará. Hermanos, orad
tambien por nosotros.


289. Encontrados dignos del Reino.
Tenemos que dar en todo tiempo gracias a Dios por vosotros, porque vuestra
fe está progresando mucho y se acrecienta la mutua caridad de todos y cada
uno de vosotros...la tenacidad y la fe en todas las persecuciones y
tribulaciones que estáis pasando .Esto es señal del justo juicio de Dios, en
el que seréis declarados dignos del reino de Dios, por cuya causa padecéis.
Porque es propio de la justicia de Dios el pagar con tribulación a los que
os atribulan, y a vosotros con el descanso, cuando el Señor Jesús se revele
desde el cielo con sus poderosos ángeles, en medio de una llama de fuego, y
tome venganza de los que no conocen a Dios y de los que no obedecen al
Evangelio de Nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán la pena de una ruina
eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,
cuando venga en aquel Día a ser glorificado en sus santos y admirado en
todos los que hayan creído.


290. Que “El nombre de Jesús” sea glorificado en vosotros.
Que nuestro Dios os haga dignos de la vocación a que os ha llamado y lleve a
termino con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actitud de fe,
para que así, el nombre de Nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en
vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor
Jesucristo.
Sobre la venida del Señor, que nadie os engañe de ninguna manera, primero
tiene que venir la apostaría y manifestarse el hombre impío, el hijo de
perdición, el adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de
Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el
Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. La venida del impío
estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros,
señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades que seducirán a los que
se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les
hubiera salvado.


291. Dios os ha escogido para la salvación.
Nosotros, en cambio, debemos dar gracias a Dios en todo tiempo, porque Dios
os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción
santificadora del Espíritu y la fe en la verdad. Para esto os ha llamado por
medio de nuestro Evangelio, para que consigáis la gloria de Nuestro Señor
Jesucristo. 
El destino último del hombre es Dios: Ver a Dios como Él es, amarlo, unirse
a Él y transformarse en Él y esto por medio de su gracia. En esta vida, la
gracia de Dios consiste en llenar a nuestros corazones de su amor mediante
el Espíritu derramado en nosotros, como prenda de la visión de Dios que
recibiremos en la otra.
Nuestra vocación definitiva consiste en ver a Dios como él es. Nuestra vida
es un caminar en la obscuridad de la fe hacia la luminosidad de la visión.
Que el mismo Señor Nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha
amado y que nos ha dado, gratuitamente una consolación eterna y una
esperanza dichosa, consuele nuestros corazones y los afiance en toda obra y
palabra buena. Finalmente, hermanos, orad por nosotros para que la palabra
de Dios siga propagándose y adquiriendo gloria, como entre vosotros. Y para
que nos veamos libres de los hombres perversos y malignos; porque la fe no
es de todos. Fiel es el Señor; El os afianzará y os guardará del maligno.


292. Trabajad y orad.
Nuestra tarea más trascendental en esta vida consiste en hacer que todas
nuestras necesidades corporales, afectivas y espirituales, todos nuestros
deseos y todos los sentimientos que los acompañan: tristeza y alegría,
simpatía y antipatía, satisfacción, interés, desengaño o aburrimiento, se
vayan subordinando definitivamente a nuestro deseo de ver a Dios como es.
Todas nuestras actividades, deseos y sentimientos incapaces de tomar su
lugar en nuestra empresa más vital, son sentimientos desordenados.
Cuando estábamos entre vosotros os mandamos esto: Si alguno no quiere
trabajar, que tampoco coma.
Porque nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven
desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A esos les
mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego
para comer su propio pan. Vosotros,  hermanos,  ¡no os canséis de hacer el
bien!.
Fortalécete, pues, y cobra bríos, así en el hacer como en el padecer cosas
que a la naturaleza contrarían.


 293. Paciencia de Dios.
“Cristo Jesús vino al mundo a salvar  a los pecadores; y el primero de ellos
soy yo”. Pero encontré misericordia  porque obré por ignorancia en mi
infidelidad. Y la gracia de Nuestro Señor sobreabundó  en mí, juntamente con
la fe y la caridad en Cristo Jesús. Y si encontré misericordia, fue para que
en mi primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de
ejemplo a los que habrán de creer en El para obtener vida eterna. AL REY DE
LOS SIGLOS. AL DIOS INMORTAL, INVISIBLE Y UNICO, HONOR Y GLORIA POR LOS
SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMEN.


294. Que todos los hombres se salven.
Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y  acciones
de gracias por todos los hombres;  para los reyes y por todos los
constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y
apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios,
nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad.
Porque hay un solo Dios, y también  un solo Mediador entre Dios y los
Hombres, Cristo Jesús, hombre también, que entregó a sí mismo como rescate
por todos. Para que sepas cómo hay que comportarse en la casa de Dios, que
es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
Y sin duda alguna, grande es el misterio de la piedad: El ha sido
manifestado en la carne,  justificado en el Espíritu,  visto de los ángeles,
proclamado a los gentiles,  creído en el mundo,  levantado a la gloria.


295. En los últimos tiempos.
Si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en Dios
vivo, que es El Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes.
El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostataran
de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas.
Si alguno no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares,
ha renegado de la fe y es peor que un infiel.
Todos los que estén como esclavos bajo el yugo de la servidumbre consideren
a sus dueños como dignos de todo respeto, para que no se blasfeme el nombre
de Dios y de la doctrina.


296. El afán del dinero.
¿Que cosa tiene tu siervo sino lo que ha recibido de ti sin merecerlo?.
“Desde mi juventud soy pobre y vivo en mis trabajos”.  Tuyo es todo lo que
has dado y  tuyo cuanto has echo.
Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él
mientras tengamos comida y vestidos, estemos contentos con eso.
Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas
codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en
la perdición.
Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos por
dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos
dolores.


297. Tu en cambio corre tras la justicia.
Tú, en cambio,  hombre de Dios,  huye de estas cosas;  corre al alcance de
la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el
sufrimiento, de la dulzura. Combate el buen combate de la fe, conquista la
vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne
profesión delante de muchos testigos. 
Te recomiendo en la presencia de Dios que da la vida a todas las cosas, y de
Jesucristo, que  ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que
conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la manifestación de nuestro
Señor Jesucristo, manifestación que a su debido tiempo hará  ostensible el
Bienaventurado y Único Soberano,  El Rey de los reyes y el Señor de los
señores. El único que posee inmortalidad, que habita en una luz inaccesible,
a quien no ha visto ningún ser humano ni lo puede ver. A él el honor y el
poder por siempre. Amen.


298. Que practiquen el bien.
Todo hombre debe sentir temor ante la insondable profundidad de tus juicios:
cómo atribulas al justo con el pecador, mas no sin equidad y justicia.
A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su
esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee
espléndidamente de todo lo que disfrutemos.
Que practiquen el bien , que se enriquezcan de buenas obras, que den
generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro
un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera.


299. Renueva la gracia.
Pablo apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa
de vida que está en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido, gracia,
misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro.
Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la
imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu
de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.


300. Al servicio del Evangelio.
No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor,
ni de mí,  su prisionero; sino al contrario, soporta conmigo los
sufrimientos del Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha
salvado y nos ha llamado con una vocación santa; No por nuestras obras, sino
por su propia determinación y  por su gracia que nos dio desde toda la
eternidad en Cristo Jesús, y que se ha mostrado ahora con la manifestación
de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien  ha destruido la muerte y ha hecho
irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio  para cuyo servicio he
sido yo constituido heraldo, apóstol y maestro.  Por este motivo estoy
soportando estos sufrimientos;  pero no me avergüenzo,  porque yo sé bien en
quien tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar
mi deposito hasta aquel día.


301. Muertos con él.
Soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de Cristo Jesús. 
Nadie que se dedica a la milicia se enreda en los negocios de la vida, si
quiere complacer al que le ha alistado. Acuérdate de Jesucristo, resucitado
en entre los muertos, descendiente de David, según mi Evangelio; por él
estoy sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor; pero la palabra de
Dios no esta encadenada. Por esto todo lo soporto por los elegidos, para que
también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús  con la gloria
eterna.
Si hemos muerto con él, también viviremos con él; si nos mantenemos firmes,
también reinaremos con él; si le negamos, también  él nos negará; si somos
infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a si mismo.


302. El Señor conoce a los suyos.
El Señor conoce a los que son suyos. Apartase de la iniquidad todo el que
pronuncia el nombre del Señor.
Es una cosa grande, no hay  solamente utensilios de oro y de plata, sino
también de madera y de barro; y unos son para uso nobles y otros para usos
viles. Si, pues, alguno se mantiene limpio de estas faltas, será un
utensilio para uso noble, santificado y útil para su dueño, dispuesto para
toda obra buena.
Evita las discusiones necias y estúpidas, tu sabes bien que engendran
altercados. Y a un Siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser
amable, con todos, pronto a enseñar, sufrido, y que corrija con mansedumbre
a los  adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga
conocer plenamente la verdad, y volver a buen sentido, librándose de los
lazos del diablo que los tiene cautivos, rendidos a su voluntad.


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