Jesús de Nazaret Dios y Salvador Nuestro

DÉCIMA PARTE
MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUS


Hermosas son y muy propias de la vida cristiana las metas de esta
consideración, paso a paso, de los misterios de la pasión y muerte de
Cristo, por mi, por mis pecados. Por mi AMOR, por mi Salvación: Descubrir en
su humanidad doliente todo el Amor que como Dios nos tiene siempre y
responder a el de la mejor manera que nos sea posible: Conocer a Jesús más
profundamente, amarlo con mayor intensidad para  seguirle más de cerca:
Imitar su vida de mortificación y sacrificio, muestra suprema del amor con
que tanto nos amó y que le hemos pagado solo con ingratitud, indiferencia y
desprecio, sobretodo las almas consagradas a él.  Sentir internamente cuanto
Cristo padece, unirse a él y, ofrecernos tambien para continuar sufriendo su
prolongada agonía en favor de los hombres de todos los tiempos, que él
prosigue por medio de los miembros vivos de su cuerpo místico.


233. La Resurrección de Lázaro.
El Cristo de ayer, de hoy y de siempre sigue sufriendo su prolongada agonía.
Su muerte y resurrección no es un hecho privado, aislado de la historia
humana, sino por el contrario, el principio de toda muerte  que lleva a la
resurrección y a la vida.
En el milagro de la Resurrección de su amigo Lázaro, Jesús prepara a sus
discípulos para creer en su propia resurrección y anticipa su llegada, ya
que las autoridades judías viendo lo que había hecho, allí deciden la Muerte
de Jesús: “ Porque este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga
así, todos creerán en él;  vendrán los Romanos y destruirán nuestro Lugar
Santo y nuestra nación ”.
Jesús amaba a Marta, su hermana María y a Lázaro. Habían venido muchos
judíos a la casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Al llegar
Jesús dice María: Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera
muerto. Le dice Jesús: Tu hermano resucitara. Ya se, le respondió Marta, que
resucitará en el último día. “Yo soy la resurrección y la vida ” le
respondió Jesús. El que cree en mí, aunque muera vivirá y todo el que vive y
cree en mi, no morirá jamas. 


234. La cena en Bethania.
Encontrándose Jesús en Betania, en casa de Simon el leproso, se acerco a él
una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo
derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto los
discípulos se indignaron y dijeron: ¿Para que este despilfarro?. Se podía
haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres. Jesús, dándose
cuenta les dijo: ¿Porque molestáis a esta mujer? pues ha hecho una obra
buena conmigo. Porque pobres tendréis siempre, pero a mi no me tendréis
siempre. Y al derramar  ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi
sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: Donde quiera que se proclame esta
Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará tambien de lo que esta ha hecho
para memoria suya.
Se acerca ya la hora de las sombras, la hora del príncipe de este mundo,
Jesús lo sabe perfectamente y lo acepta como homenaje a la voluntad de su
Padre: es preciso seguir las huellas que caminan al calvario, pero día
vendrá en que el signo del Hijo de Dios resplandezca glorioso para salvación
del mundo..   


235. Domingo de Ramos.
Cuando se aproximaban a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de
los olivos, envió Jesús dos de sus discípulos diciéndoles: “ Id al pueblo
que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una asna 
atada,  y un pollino con ella; desatadlos  y traedmelos ”. Fueron, pues, los
discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron el asna y el
pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, e él se montó encima. Todo
esto sucedió para que se cumpliera el oráculo del profeta: “ Decid a la hija
de Sión: He ahí que tu Rey viene a ti,  manso y sentado en una asna y un
pollino, hijo de animal de yugo ”. La gente muy numerosa, extendió sus
mantos por el camino; otros cortaban ramas de arboles y las tendían por el
camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: “ ¡ Hosanna el
Hijo de David ! ¡ Bendito el que viene en nombre del Señor ! ¡ Hosanna en
las alturas !   
Y al entra en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. ¿Quien es este?. Y la
gente respondía: “ Este es Jesús el profeta de Nazaret de Galilea ”. Estaba
cada día enseñando en el Templo y acabada la predicación se volvía a
Betania, porque no había nadie que lo recibiese en Jerusalén.


236. La Última Cena.
Comió Jesús el Cordero Pascual con sus 12  apóstoles, lavo sus pies,  y
luego “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el
extremo”: Instituyó la Sagrada Eucaristía y  les dio su mandato de amor:
Hijitos  míos,  todavía un poco estaré con vosotros y como dije a los judíos
también os los digo a vosotros. A donde voy yo, no podéis venir ahora,
vendréis más tarde. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los
otros así como yo os he amado. Enseñanza central de Jesús que abarca a todas
las demás: Disculpar,  ser misericordiosos, perdonar, devolver bien por mal,
amar a los enemigos, rogar por los que nos persiguen y calumnian.
Pero tiene que ser un amor real, que se manifieste en obras y actitudes:
cuando amo inmediatamente tiendo a disculpar,  a ver lo bueno y no lo malo,
perdonar devolviendo puro amor y puros favores, a dar, ayudar, a ser
solidarios con las necesidades ajenas, que siempre que haya oportunidad
este disponible hasta que consiga que los demás cuenten conmigo, que me den
un gusto cuando me piden un sacrificio. Que podamos decir con verdad a Jesús
cada noche y el día de nuestra muerte: Te he querido lo más que he podido en
cada uno de mis hermanos. 


237. El Huerto de los Olivos.
Avanzada al noche, cuando Jesús acompañado por sus discípulos se encaminó al
Huerto de los Olivos, día de luna llena entre el 14 y 15 de Nisan; dejando a
los 8 en Getsemani, tomo consigo a Pedro, Santiago y Juan . Empezó  a sentir
tristeza, tedio, pavor, angustia, disgusto de hacer lo que Dios le pide.
Mudo, estupefacto ante la magnitud de la pena, el hombre Dios experimenta
sobre si todos los pecados: Al que no conoció la maldad, Dios lo ha hecho
pecado: Todo el odio al pecado de la santidad divina recae sobre el que ha
tomado sobre si los pecados del mundo.¡Mi alma esta triste hasta la muerte!
: Por la magnitud de los sufrimientos, la mirada del Padre, la inutilidad de
su sacrificio para tantos: Para que sigan pecando, para que sigan condenándose.
Deseaba ser bautizado con un bautismo de sangre y ahora al iniciar la
ascensión al calvario lleno de dolor exclama: “ Padre, si es posible, pase
de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya ”. Esta es
la única dificultad real entre Dios y nosotros, el sacrificio. Había pedido
comprensión y ayuda a sus tres amigos. Ellos se habían dormido. Y la sangre
de Jesús empieza a brotar por la salvación del mundo y seguirá brotando en
un Getsemani perenne siempre que Jesús encuentre un miembro dócil de su
cuerpo mistico, en donde pueda continuar su obra redentora. 


238. De el Huerto hasta la casa de Anás.
Jesús traicionado: ¡ Cuanta tieniebla, cuanta iniquidad,  cuantas
infidelidades la habrán precedido !. Que la entrega hubiera venido de un
enemigo, de un fariseo de un vendedor de los que a latigazos expulso del
Templo, pero la hacia un apóstol un discípulo a quien Jesús había colmado de
gracia y predilección.
“Como a un ladrón habéis salido a aprenderme con palos y espadas. ¿ No
estaba todos los días enseñando en el Templo ?. Mas esta es vuestra hora y
el poder de las tinieblas”.
Lo llevan primero ante Anas, que era suegro de Caifas, Sumo Pontífice aquel
año: interrogo a Jesús sobre su doctrina y sus discípulos . Jesús respondió:
He hablado abiertamente a todo el mundo. He enseñado en la sinagoga y en el
Templo. ¿Porque me preguntas?.  Un criado del pontífice le dio una bofetada
diciendo: Así respondes al pontífice. Y Jesús: Si he hablado mal, dime en
que, si he hablado bien ¿porque me hieres?.


239. De la casa de Anás a la de Caifas.
Anas entonces le envío atado al Sumo Sacerdote Caifas, los principales
sacerdotes buscaban un falso testimonio contra Jesús para entregarlo a la
muerte. Juicio nocturno, ilegal, para encontrar la acusación concreta para
que el juicio matinal fuera muy rápido por temor a la gente. Preparados con
especial empeño dos falsos testigos le acusan: Este ha dicho yo puedo
destruir el Templo de Dios y en tres días reedificarlo. Pero sus testimonios
no concordaban. Caifas, malvadamente inteligente, encuentra una pregunta a
la que Jesús SI CONTESTA. “En nombre del Dios vivo te conjuro que nos digas
si tu eres el Mesías, el Hijo de Dios Bendito”. “Tu lo has dicho”. “Yo lo
soy”. Yo os digo que después de esto , veréis al hijo del hombre sentado a
la derecha del poder de Dios y venir sobre las nubes del cielo.
El sumo Sacerdote se rasga las vestiduras y dice: ¿Que necesidad tenemos ya
de testigos?. Habéis oído la blasfemia. ¿Que os parece?. Todos contestaron:
“Reo es de muerte”. Se lanzan sobre Jesús los que más le odian, le cubrían
la cara y le daban bofetadas mientras le decían: “Adivina” y los criados lo
recibieron a golpes. Pedro acaba de negarlo por tercera vez. Jesús lo miró.
Pedro salió fuera y rompió a llorar amargamente.


240. De la casa de Caifas a la de Pilato.
En cuanto se hizo de día, se reunió el consejo de ancianos del Pueblo, los
sumos sacerdotes y los escribas, le hicieron venir a su tribunal y le
dijeron: “Si tu eres el Cristo, dínoslo”. El respondió: “Si os lo digo, no
me creeréis. Si os pregunto no me responderéis”. De ahora en adelante, el
hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios.
Dijeron todos: Entonces, ¿ tú eres el Hijo de Dios ?.
El les dijo: “Vosotros lo decís: yo soy ”. 
Dijeron ellos: ¿Que necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos
lo hemos oído de su propia boca ?. Y levantándose todo ellos , le llevaron a
Pilato.


241. De la casa de Pilato hasta la de Herodes.
Comenzaron a acusarle diciendo: “Hemos encontrado a este alborotando a
nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al Cesar y diciendo que él es
Cristo Rey ”. 
Ya estaban ahí María su santísima madre, los discípulos, las santas mujeres.
Desde ese momento la Virgen María está ya muy cerca, participando de los
sufrimientos de Jesús. Era la mañana muy temprano, los judíos no entraron en
el Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua. 
Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?.- Esto ¿lo dices por ti
mismo o te lo han dicho?
Responde Pilato: ¿Acaso soy Judío? - todo el que es de la verdad escucha mi
voz. -¿Que es la verdad?.
Sale fuera: “Yo no hallo culpa alguna en este hombre”. Pero los ancianos
insistían diciendo: “ Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde
Galilea donde empezó, hasta aquí ”. Al oír esto, pregunto si aquel hombre
era Galileo, y lo remitió a Herodes, que por aquellos días estaba tambien en
Jerusalén.


242. De la casa de Herodes a la de Pilato.
Cuando Herodes vio a Jesús se alegro mucho pues hacia mucho tiempo que
deseaba verlo y presenciar alguno de sus prodigios. Herodes es el prototipo
del hombre mundano: Un Rey frívolo, lascivo, que se dedicaba a divertirse y
a divertir a sus cortesanos.
Jesús calla, como un pequeño acostumbrado a que todos le lastimen, incapaz
de albergar rencor o venganzas, nada dice. Herodes puesto en ridículo,
después de despreciarle  y burlarse de él, le vistió una ropa brillante y lo
remitió a Pilato. Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes
estaban enemistados. La mayor humillación: Rey de burlas. La Sabiduría
divina tachada de loco por el mundo. Y así será siempre: gracia grande que
debemos pedir, es ser tenido y estimado por loco por amor a Cristo.
Pilato empieza a ceder ante los judíos: “lo he interrogado ante vosotros y
ninguna culpa he encontrado, tampoco Herodes, lo soltare pues después de
haberlo castigado”.
Llega la chusma pidiendo la gracia que con  motivo de la fiesta concedía
cada año Pilatos: soltarles un preso, cualquiera que fuera si ellos lo
pedían.  Pilato ve la oportunidad de libertar a Jesús. “A quien queréis que
os suelte a Barrabas o a Jesús llamado Mesías”. Los escribas y los ancianos
incitaron a la gente a que soltaran a Barrabas he hicieran morir a Jesús. En
que poco es tenido Jesús. Ser tenido en poco por Jesús.


243. De la casa de Pilato hasta la cruz.
Flagelación y coronación de Espinas, he aquí al hombre y condenación a
muerte: cuatro indescriptibles  escenas que se suceden rápidamente.
Pilato soltó a Barrabas y mando azotar a Jesús: Una columna baja de un metro
de altura con una argolla para atarle. Ahí queda el reo con la espalda
extendida y dos soldados que se alternan para azotarle. Jesús se estremece
de dolor, por mi, por mis pecados. Salta su carne y no la mía. Los solados
endurecidos en los abusos de su autoridad, tejen una corona de espinas y la
encajan en sus sienes, ponen en su mano derecha una caña y lo sientan en un
banco: Va pasando uno por uno, le quitan al caña, le golpean con ella y le
daban bofetadas: “Salve Rey mío”. Pilato muestra a la turba el rostro y
cuerpo desfigurado de Jesús y como ni así se compadecían, se los entrego
para que lo crucificaran. 
El camino con al cruz, el Cirineo, el dialogo de Jesús con las mujeres de
Jerusalén y su encuentro con María su madre, señalan momentos supremos de
comunión con nosotros, en que Cristo  olvidado de si mismo se vuelve a
nosotros para hacernos a participar de su pasión. La flagelación no ha
concluido, y seguirán cayendo recios golpes sobre el cuerpo místico de
Cristo hasta colmar su ventura: “Era preciso que Cristo padeciese y después
entrara en su gloria”


244. De los misterio hechos en la cruz.
Y llegaron al sitio llamado Golgota, calavera, y le dieron a beber vino
mezclado con mirra y habiendo gustado, no quiso beber. Era la hora de
tercia, las doce, y lo crucificaron. Jesús decía: Padre, perdónales, porque
no saben lo que hacen. Lo clavan en el suelo, la Virgen esta allí,
totalmente cerca, casi tocando la cruz. El soldado encaja la rodilla, da el
primer golpe hasta clavar la madera , hasta que la mano quede fija. Después
la otra mano: la misma operación. Los pies. y Jesús repetía: Padre
perdónales, no saben lo que hacen, todos, los míos, todos los que te han
ofendido.
Levantado en la cruz todos se burlan de él: “ si es el elegido que baje de
la cruz y creeremos en el ”. Solo el buen ladrón se enfrenta a todos,
incluido su compañero: “Nosotros estamos en el suplicio pagando la pena
merecida por nuestros crímenes, pero él ningún mal ha hecho”. Y vuelto a
Jesús: Acuérdate de mí cuando estés en tu reino. “En verdad te digo que hoy
estarás conmigo en el paraíso”. Viendo Jesús a su madre y junto a ella al
discípulo a quien Jesús amaba le dijo: Mujer he ahí a tu Hijo. Y a Juan: He
ahí a  tu madre. Y desde aquella hora, la recibió como propia. Y tambien
nuestra.
Desde la hora de sexta, hasta la hora nona, 3 de la tarde, se extendió
oscuridad sobre toda la tierra, y alrededor de la hora nona exclamó Jesús
con fuerte voz: “ ¡Dios mío, Dios mío! ¿porque me has abandonado?. Habiendo
cumplido todo, para que se cumpliera la Escritura dijo: “tengo sed”. Sed de
almas mas que la física, que no se pierda ninguna de las que tu me diste.
Cumplida la ultima voluntad de su Padre dice:  Padre en tus manos encomiendo
mi espíritu, y dicho esto, inclinada la cabeza, entrego el espíritu.   


245. De los misterio hechos después de la cruz.
Cuando Jesús expiró en la cruz, quedo su cuerpo separado del alma unido a su
divinidad. Su alma  inmediatamente glorificada desciende al Seno de Abraham,
a llevar a la Buena Nueva de su Redención. Les deja contemplar su cuerpo
destrozado, las llagas que fueron nuestro precio, el corazón traspasado de
donde nacerá su Iglesia. Su corona fabricada con espinas, los clavos que lo
ataron a nuestra redención y  el gozo de su alma gloriosa que viene a
comunicarles. Como Dios no podía morir. “Pero me diste un cuerpo”. Por eso
me ama mi Padre, porque doy mi vida, nadie me la quita: Tengo poder para
darla y para volverla a tomar para nunca más morir.” 
Al atardecer,  vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, se presentó a
Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. José tomo el cuerpo, lo envolvió en una
sabana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo que había hecho excavar en la
roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se
fue. Los judíos  fueron y aseguraron el sepulcro sellando la piedra y
poniendo la guardia que les dio Pilato. 


246. De la Resurrección de Cristo Nuestro Señor.
Alegrarme y gozarme de tanta gloria de Cristo Nuestro Señor:
El que nos ama y nos ha salvado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho
de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre. El que estuvo
muerto y ahora vive por los siglos de los siglos: De la claridad y belleza
de su cuerpo resplandeciente, su rostro como el sol cuando brilla con toda
su fuerza, su cabeza y sus cabellos blancos como la lana blanca, como la
nieve. En su frente la majestad divina.
Triunfador del pecado pagando sobreabundantemente con la gloria que nosotros
tan avaramente hemos escatimado a Dios y que él le prodigo sin limites.
Triunfador del demonio rescatándonos de su poder y arrojándolo fuera.
Gozo de la obra realizada: La gloria de Dios sobreabundantemente cumplida.
La salvación de los hombres sobreabundantemente ganada. El don del Espíritu
alcanzado para la Iglesia su continuadora hasta el fin de los siglos.
Exaltado por Dios, por encima todo nombre, se ha sentado para siempre a la
derecha de Dios.
Gozo de resucitado, impasible al dolor. Gozo de la Voluntad de Dios
cumplida: ese sea nuestro gozo. 


247. Aparición a María.
Una mesita: en ella los clavos, la corona de espinas. Ella no se olvidaba:
“Al tercer día resucitaré”.
Hijo mío: ¡ Madre !. Reclina su frente en el corazón de su Hijo: Hablaron
con  palabras,  a eso iba Jesús,  y sin palabras: Veía María la esencia
divina:	 En ella todas las cosas, principalmente las que se relacionan con
nosotros. Nos ve a nosotros: toda nuestra vida, la última gracia con que yo
con la ayuda de ella alcance plenamente mi salvación.
Hablan de la pasión, de su extremo amor al Padre y a nosotros.  De la
sobreabundante redención para todos los hombres. De la Iglesia. De el fruto
más grande: Ella misma. De mi: mi primer instante, mi Bautismo, este
momento, mi gracia final. He de pedir  todos los días buscar siempre  y en
todo la Voluntad de Dios, no querer otra cosa sino complacerle y antes morir
que la más mínima ofensa a su divinidad. Confianza infinita en tu bondad y
en la intercesión de María y que ponga los medios: La Palabra de Dios, La
comunión y el Rosario que ellos nos han dado como auxilio a nuestra debilidad.


248. Aparición a María Madgalena.
El primer día de la semana va María Magdalena al sepulcro de madrugada,
cuando todavía estaba oscuro, y ve que “la Piedra” estaba quitada del
sepulcro. Estaba María llorando afuera, junto al sepulcro, se inclina hacia
el sepulcro y ve dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a
los pies de donde había estado Jesús. Dicenle ellos: ¿Mujer, porque lloras?.
“Porque se han llevado a mi Señor y no se donde le han puesto”.
Dicho esto se volvió y vio a Jesús y pensando que era el encargado del
huerto le dice: “Señor, si tu te lo llevaste, dime donde lo pusiste y yo me
lo llevare”: Locura de amor: ¿A quien te llevaste? ¿Donde lo podía tener?
¿Ella iba a cargar con él?. Jesús le dice: “María”. Ella le reconoce y le
dice: “Maestro”. Dicele Jesús: Déjame, que todavía no he subido al Padre.
Vete donde los hermanos y diles: “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios
y vuestro Dios”.

   
249. Aparición a las santas mujeres.
Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y
la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran
terremoto, pues el ángel del Señor bajo del cielo y, acercándose hizo rodar
“la Piedra” y se sentó encima de ella. su aspecto era como el relámpago y su
vestido blanco como la nieve. Los guardias atemorizados se pusieron a
temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les
dijo: “Vosotras no temáis, pues se que buscáis a Jesús, el Crucificado; no
está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Venid ved el lugar donde estaba”.
En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Dios os guarde y ellas
acercándose, se asieron a sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús:
No temáis. Id, avisad a mis hermanos que salgan para Galilea, allí me verán. 


250. Aparición a Pedro.
Regresando del sepulcro anunciaron todas estas cosas a los once y a todos
los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena,
Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.
Los  apóstoles no creen a las mujeres. Pedro se levantó y corrió al
sepulcro, se inclinó, pero solo vio las vendas y se volvió a su casa
asombrado por lo sucedido. Pensando San Pedro en estas cosas se le apareció
Cristo y por eso los apóstoles decían: “Verdaderamente el Señor a resucitado
y se ha aparecido a Simon”. 


251. Aparición a los discípulos de Emaus.
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús y conversaban
entre si de todo lo que había pasado.. Mientras ellos conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acerco y siguió con ellos y les dijo: ¿De que
discutís entre vosotros mientras vais andando?. Uno de ellos llamado Cleofas
le dijo: ¿Eres tu el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que
en estos días han pasado en ella?. El les dijo: ¿Que cosas?. “Lo de Jesús de
Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras... nosotros
esperábamos  que seria él el que iba a libra a Israel”.
Pero han pasado ya tres días de todo esto y ciertamente algunas de nuestras
mujeres al no hallar su cuerpo han venido diciendo que hasta habían visto
una visión de ángeles que decían que él vivía. Fueron tambien al sepulcro
algunos de los nuestros, hallaron las cosas como las mujeres decían, pero a
él no le vieron.
Jesús les dijo: ¡ Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que
dijeron los profetas !. ¿No era necesario que el Cristo padeciera y así
entrara en su gloria ?. Y empezando por Moisés y continuando por todos los
profetas, les explico lo que había sobre él en todas las Escrituras.


252. Aparición a los discípulos en el Cenáculo.
Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando cerradas, por miedo a
los judíos, las puertas del  lugar donde se encontraban los discípulos, se
presento Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. Dicho
esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver
al Señor.
Jesús repitió: “La paz sea con vosotros. Como el Padre me envío, tambien yo
os envío”.
Dicho esto soplo sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quien
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, le
quedan retenidos”.


253. Aparición a Tomás.
Tomas, uno de los doce, llamado Mellizo, NO ESTABA CON ELLOS cuando vino
Jesús. Los discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Les contesto: “ Si
no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero
de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días
después, estaban otra vez los discípulos dentro y Tomas con ellos. Estando
las puertas cerradas, se presentó Jesús en medio y dijo: “La paz con
vosotros”. Luego dice a Tomas: “Acerca tu dedo y aquí tienes mis manos; trae
tu mano y metela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel. Tomas le
contesto: “Señor mío y Dios mío”. Dicele Jesús: “Has creído porque me has
visto. Dichosos los que aun no viendo creen”.
Apartase de los demás lleva a perder a Jesús, pero ni eso puede anular su
misericordia; vuelve Jesús a buscar al que se había alejado de los otros
discípulos y a darle la oportunidad de borrar con un solo acto de fe y de
amor toda la incredulidad de su vida. Es notable que en la Misa a la hora de
la elevación muchos fieles reciten la confesión que le valió a Tomas
recuperar la fe y la vida eterna: “Señor mío y Dios mío”.


254. Aparición a los 7 discípulos que estaban pescando.
Estaban juntos, Simón Pedro, Tomas, llamado el Mellizo, Natanael, el de Cana
de galilea, los de Zebedeo y otro dos discípulos. Simón Pedro les dice: Voy
a Pescar. Le contestaron ellos: tambien nosotros vamos contigo. Fueron,
subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, estaba Jesús en la orilla, aunque los discípulos no sabían que
fuese él. Diceles Jesús: Muchachos ¿tenéis pescado?. Le contestaron: NO. El
les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontrareis. La echaron,
pues, y ya no podían recogerla por la abundancia de peces.
El discípulo a quien Jesús amaba dice a Pedro: “Es el Señor”. Pedro se puso
el vestido, pues estaba desnudo, y se lanzó al mar. Después de comer de
aquellos peces, dice Jesús 3 veces a Simon: Simon hijo de Juan ¿me amas más
que estos? .¡ Señor tu sabes todas las cosas, tu sabes que te amo !.
Apacienta mis ovejas. El único requisito insustituible para cuidar las
ovejas de Jesús es amarle. 
 
 
255. Aparición a los discípulos en el monte Tabor.
Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús
les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
Jesús se acerco a ellos y les habló así: “Me ha sido dado todo poder en el
cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
Grandes enseñanzas de fe contiene este pasaje revelado del final del
Evangelio de San mateo: El misterio de la Santísima Trinidad expresado
claramente desde el principio del cristianismo. La potestad alcanzada por
Jesús mediante su muerte y resurrección.. El mandato de ir por todo el mundo
a hacer seguidores de Jesús. La potestad de santificarlos consagrándolos a
Dios y enseñándolos a cumplir sus preceptos. Y la promesa de permanecer con
nosotros, todos los días hasta el fin del mundo.


256. Aparición a más de 500 hermanos.
San Pablo en su primer Epístola a los corintios, recuerda a los cristianos
cual es la fe que han recibido y en la cual permanecen hasta alcanzar su
salvación.
Porque os trasmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: Que Cristo
murió por nuestros pecados, según las Escrituras ; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; Que se apareció a Cefas y
luego a los Doce; después se apareció a más de 500 hermanos, de los cuales
la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más
tarde a todos los apóstoles.

 
257. De la aparición a Pablo.
Y en último termino se me apareció tambien a mí, como a un abortivo.
Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol por
haber perseguido a la Iglesia de Dios. Más por la gracia de Dios, soy lo que
soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien he trabajado
más que todos ellos. Pero no yo sino la gracia de Dios que esta en mi.
Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los fieles, se me ha dado la
gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en Cristo,
y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose este designio de salvación,
oculto desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
Esta aparición de Jesús resucitado a Saulo, que perseguía a los cristianos,
es la última que pertenece a la revelación publica destinada a toda la
Iglesia. Las posteriores revelaciones de Cristo y su Santísima Madre a
alguno de los miembros de su Iglesia, son un gran don de Dios en las
necesidades particulares de los hombres, pero no pertenecen a la fe.


258. De la Ascensión de Cristo Nuestro Señor.
Después de que por espacio de 40 días se apareció Jesús a los apóstoles,
haciendo muchos argumentos y señales y hablando del Reino de Dios, les mando
que esperasen en Jerusalén el envío del Espíritu Santo prometido.
Llevándolos al monte de los olivos, en su presencia, fue elevado al cielo,
hasta que una nube lo ocultó sus ojos de esta manera: Los que estaban
reunidos le preguntaron :“Señor, ¿Es ahora cuando vas a restablecer el Reino
de Israel?. El les contestó: “ A vosotros no os toca conocer el tiempo y el
momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiereis la
fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos
en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”.
Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos y una nube lo ocultó a su
vista. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les
aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: 
“Galileos:  ¿Que hacéis ahí mirando al cielo?. Este mismo Jesús que os ha
sido llevado, vendrá del mismo modo que le habéis visto subir al cielo”.


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