Presididos por el Arzobispo de la diócesis y bajo
el lema "Vivimos en el Espíritu", en torno a un millar
de catequistas, procedentes de toda nuestra diócesis se dieron cita
el pasado día 14 de marzo en el colegio de las Escolapias de Mérida
para participar en el Encuentro diocesano de Catequesis que este año
ha querido reflexionar en la espiritualidad específica de quienes
en la Iglesia se dedican a esta tarea, como manera de vivir su compromiso
cristiano.
Para el director del Secretariado diocesano de Catequesis, Juan Pablo Parejo, "este encuentro quiere ser el inicio de una nueva etapa catequética en nuestra diócesis, en la que haya una participación más directa de los propios catequistas y suponga la consolidación de la catequesis en todos los niveles, sobre todo en la iniciación cristiana y en los adultos."
El pasado domingo el diario "El Mundo" daba a conocer algunos datos de la Encuesta Escolar Iberoamericana que, dirigida por el profesor Calvo Buezas, ha sido realizada entre 43.816 escolares (5.168 de ellos españoles) de 13 a 19 años, por la Universidad Complutense, patrocinada por la Unesco y la Junta de Extremadura.
En los resultados destaca algo que hace especialmente necesario y urgente animar a este importante sector de la población para entusiasmarlo con los asuntos públicos, previo propósito de la enmienda de los políticos: nos referimos al preocupante absentismo y desconfianza que los jóvenes tienen con respecto a la política y a las instituciones ya que un 50,7% de ellos dicen que no votarían a ningún partido y un 44% no confía en ninguna institución.
Pero dejando este grave problema para comentarlo en otra ocasión, conviene pararse en otros datos importantes que se desprende de la encuesta: la Iglesia es la institución que goza de más confianza para los jóvenes (40,4% de los españoles, 54% de los portugueses y 67% de los latinoamericanos). Pasando a las personas, lo religioso vuelve a destacar, ya que la Madre Teresa de Calcuta es el personaje más admirado y respetado, aunque los hispanoamericanos la eligen en un segundo lugar, precedida por el Papa. Detrás vienen Ghandi y Luther King. Todo un elenco de testigos de Dios en este final de milenio.
Estos son datos no para la vanagloria, sino para confirmar y recordar, una vez más, lo que dijera hace ya años el inolvidable Pablo VI: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio". O sea que las palabras mueven y los ejemplos arrastran.
Confesarse no está de moda, y eso sería lo
de menos, mas, lo que ocurre es que hacerlo no está de actualidad
y eso viene ya ocurriendo desde hace un cuarto de siglo. Difícil
diagnosticar esta situación, en la que se entrecruzan numerosas variables
de la Iglesia y de la sociedad. Dónde encontrar la culpa
de que las culpas ya no se confiesen? Será acaso porque ya
no se cometen? O más bien porque no se las considera o experimentan
como tales? Tal vez la respuesta nos viene de la natural repugnancia que
siente cada quisque a confesar sus miserias ante un hombre como él,
o, de que, caso de hacerlo, prefiere hoy el sicólogo al confesor.
Será, tal vez, porque experimentas menos desagrado en manifestar
que estás mal, que en reconocer que eres malo. Complicaciones de
hoy.
En lo que atañe a la Iglesia, durante este mismo periodo, se ha registrado en su seno una potentísima transformación histórica, tan intensa como necesaria, tan rica como desconcertante para muchos, que tuvo por factor desencadenante, aunque no causante de ciertos desafueros, el Concilio Vaticano II. De sus sesiones y documentos salieron potenciados cuatro grandes sacramentos de la Iglesia: las riquezas del Bautismo, la centralidad de la Eucaristía, la responsabilidad de la Confirmación, la santidad del Matrimonio.
Devaluación del pecado
Y la penitencia? No puede decirse con verdad que este sacramento fuera preterido o devaluado por el Concilio. Es más, fue objeto de una revisión enriquecedora, al establecer la celebración comunitaria del mismo, que ha redescubierto su dimensión eclesial y producido buenos frutos, al menos en la fórmula de confesión y absolución individual. Es cierto que tampoco se nos presenta allí la confesión sacramental como el elemento primordial de la existencia cristiana o el objetivo prioritario de la pastoral de la Iglesia.
Ya advirtió en su tiempo Pío XII que el mundo estaba perdiendo el sentido del pecado. Luego, el marxismo de la guerra fría proclamó, en Oriente y Occidente, que la conciencia del pecado no eran más que resabios burgueses. Posteriormente, tanto la revolución de mayo-68, como la postmodernidad acentuada tras la caída del muro de Berlín, han ido imponiendo en Europa y por lo mismo en España, el llamado pensamiento débil, para el que carece de sentido hacerse preguntas trascendentales sobre la culpa y el perdón, sobre Dios y el más allá. Aquí todo vale. Basta con vivir a tope el momento presente, evitando que nos agüen la fiesta con cuestiones impertinentes.
Todo esto flota en el ambiente y nos hace tanto más daño cuanto menos se percibe su influjo. Necesitamos imperiosamente de la Cuaresma, para entrar con decisión en el fondo de nosotros mismos y ponernos a tiro de la Comunidad cristiana, donde resuena la Palabra de Dios que nos llama a conversión; ojalá nos invada y nos inunde a raudales el viento del Espíritu, que arrastre como hojas viejas tantos eslóganes estúpidos y nos permita escuchar a los profetas: "Derramaré sobre vosotros un agua nueva y os infundiré un espíritu nuevo, arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne".
Quedas perdonado
Volver a lo de siempre. A nuestra condición pecadora y al Dios misericordioso; escuchar la llamada del Bautista que levanta su dedo para indicarnos el paso de Jesús: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El propio Señor, en un momento tan señalado como la institución de la Eucaristía, anunció el derramamiento de su sangre para el perdón de los pecados. En esas estamos. Nos va a todos muchísimo en acceder a la fuente del perdón y de la misericordia, ayudados amorosamente por la Iglesia, ya que, a nuestro aire, somos un desastre. Si alguno de nosotros está libre de pecado, que tire la primera piedra.
Quien no sepa cómo habérselas ante las culpas propias y las ajenas ni cómo integrar esa realidad en el universo de la fe y de la vida cristiana, padece una mutilación espiritual de inmensa magnitud. Digo esto no para poner las cosas negras, puesto que sabemos con san Pablo, que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Por eso en el Credo hacemos profesión de un solo Bautismo "para el perdón de los pecados". Toda la vida cristiana arranca su vitalidad y dinamismo desde la muerte continua del hombre viejo, pecador, y el crecimiento, al mismo compás, del hombre nuevo, justificado por Dios en la santidad de la verdad. De ahí que el seguimiento de Cristo y la búsqueda del Reino de Dios se vayan verificando a lo largo de la existencia con la acción combinada de nuestra libre voluntad y la energía vital del Espíritu, a través, sobre todo, de los dones sacramentales. No hay cuerda sin esos dos cabos, ni santidad cristiana que no sea tan de Dios como nuestra.
Tres de los siete sacramentos se reciben una sola vez: Bautismo, Confirmación, Orden. Dos, una o muy pocas veces: Matrimonio y Unción de enfermos. Estos siguen operando siempre en quienes los han recibido. Pero nos quedan otros dos, importantísimos, para reponer fuerzas en el combate cristiano, en la peregrinación terrena, en la escalada hacia el Reino: son la Penitencia y la Eucaristía.
Por qué acumular tanta teología en asunto tan práctico? Por qué no recordarnos, sin más, como en los viejos catecismos, el segundo mandamiento de la Iglesia: Confesar por lo menos una vez dentro del año, por la Cuaresma, o antes si espera peligro de muerte? Pues porque temo presentar como obligación y no como regalo, como noticia alegre, el sacramento del perdón. De las clásicas cinco cosas que se han mostrado siempre necesarias para recibir completo dicho sacramento, la más ingrata para todos ha sido siempre la cuarta: "decir los pecados al confesor", siendo así que de suyo no es imprescindible hacerlo, ya que pueden confesarse los mudos o mostrar signos de arrepentimiento quienes no pueden hacer otra cosa. Bueno; pues aquí, la que se ha universalizado es la palabra confesión, apellidando a este hermoso sacramento por su dimensión más antipática. Tampoco, si me apuran, me gusta demasiado lo de Penitencia, porque, si se refiere a la que nos impone el confesor, suele quedarse en bien poca cosa. Y si habla de la penitencia en general, aunque puede entenderse en profundidad, puede sonar a sufrimiento y a castigo
Sacramento del gozo
No, por favor. Considero más rico de contenido humano y teológico, más acorde con el misterio de Cristo y con su Pasión redentora lo del Sacramento de la reconciliación. Lo veo también más emotivamente humano, porque cala en nuestros sentimientos de reencuentro amoroso con Dios. Es también muy correcto teológicamente y religiosamente entrañable denominarlo sacramento del perdón. Es ésta la expresión que más me gusta, porque le da el protagonismo al Dios misericordioso y a nosotros ni nos nombra. Esas dos sílabas rezuman paz y consuelo, irradian alegría. Quién no está deseando, necesitando, mendigando, ser perdonado, sentirse perdonado?
Pero, hay más. No se trata de un indulto a distancia, sino de un abrazo paterno, expresado con trazos sublimes en la parábola del Hijo pródigo. Lo quiero llamar, pues, para mi uso privado, con la denominación del sacramento del abrazo, sacramento del gozo. Siento resonar en mí, cuando me absuelven, algo así como la música en la casa de la Parábola, mientras comían alegres el novillo sacrificado con tan señalada ocasión. Todavía les resulta antipático a ustedes el Tercer Sacramento?
Bajo el lema "Vivimos en el Espíritu",
en torno a un millar de catequistas, procedentes de toda nuestra diócesis
se dieron cita el pasado día 14 de marzo en el colegio de las Escolapias
de Mérida para participar en el Encuentro diocesano de Catequesis
que este año ha querido reflexionar en la espiritualidad específica
de quienes en la Iglesia se dedican a esta tarea, como manera de vivir
su compromiso cristiano.
Tras el saludo de bienvenida se tuvo una oración, presidida por el Arzobispo de la diócesis, don Antonio Montero en la que los salmos se mezclaron con las canciones en un ambiente festivo, acogedor y entrañable. Don Antonio dirigió unas palabras a los catequistas en las que hizo un llamamiento a vivir una espiritualidad profunda, enraizada en la vida interior y en el compromiso por hacer un mundo más justo y solidario, trasmitiendo los valores del Evangelio desde la propia vida y coherencia cristiana, siendo así auténticos profetas, hombres y mujeres de Dios. Les dijo también a los catequistas que son uno de los exponentes más valiosos de nuestra iglesia diocesana y reconoció los grandes logros que en este campo se han conseguido en nuestra diócesis, especialmente en la Catequesis de Adultos, de la que dijo que es modelo para otras diócesis y a través de ella, como constata en sus visitas pastorales, se ha producido en una multitud de fieles el descubrimiento del misterio de la Iglesia.
Presentación de documentos
En este encuentro diocesano también se les presentó a los catequistas dos documentos, por una parte el párroco de Malpartida de la Serena, don Andrés Román fue el encargado de hacerlo con el nuevo Directorio General para la Catequesis, documento publicado a finales del año pasado por la Santa Sede y en el que se recogen las pautas de contenidos y pedagógicas para la realización de la catequesis en toda la Iglesia.
Por otra parte, el director del Secretariado diocesano de Catequesis, don Juan Pablo Parejo, explicó el contenido del folleto que este organismo ha publicado como material de reflexión, sobre las señas de identidad del catequista, su quehacer en la comunidad cristiana y su espiritualidad.
La mañana concluyó con reuniones en grupo, donde los catequistas intercambiaron experiencias sobre su trabajo pastoral y se dio un repaso a las dificultades que en su realización se encuentran, apuntando también sugerencias e iniciativas para el futuro, orientadas en la línea de avanzar en el planteamiento de la iniciación cristiana como un proceso catequético de maduración en la fe, la necesidad de una mayor formación en los catequistas y un acrecentamiento de su testimonio cristiano.
Por la tarde se tuvo un festival musical en el que intervino Luis Guitarra y su grupo, terminando el encuentro con la celebración de la Eucaristía, animada litúrgicamente por un grupo de la Renovación Carismática y presidida por el vicario general de la diócesis, don Amadeo Rodríguez, quien en su homilía destacó el papel del Espíritu Santo en el proceso evangelizador de la Iglesia, dentro del cual la catequesis constituye uno de sus elementos principales.
Alma de la catequesis
Don Amadeo señaló también "que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: el que la impulsa en cada evangelizador Él es el alma, el inspirador y el pedagogo tanto de la acción catequética en su conjunto como de cada uno de sus momentos y matices. Todos los que participan en la catequesis han de moverse siempre en la confianza de que el Espíritu actúa en ella".
El vicario general terminó su homilía diciéndole a los catequistas que "para llegar a percibir esa misteriosa presencia del Espíritu Santo, tendréis que abriros con docilidad a Él, llevando una vida cristiana en la que Él pueda, a través de la mediación de la Iglesia, configurar y enriquecer vuestra identidad de evangelizadores -catequistas."
Para el director del Secretariado diocesano de Catequesis, Juan Pablo Parejo, "este encuentro quiere ser el inicio de una nueva etapa catequética en nuestra diócesis, en la que haya una participación más directa de los propios catequistas y suponga la consolidación de la catequesis en todos los niveles, sobre todo en la iniciación cristiana y en los adultos."
Medio centenar de universitarios pertenecientes a las Facultades
de Educación, Económicas, Biológicas, Industriales,
Medicina, Físicas y Químicas se reunieron el día 14
de marzo, en el Colegio de los H.H. Maristas, para reflexionar y profundizar
sobre la presencia de la Iglesia en el ambiente universitario. En el encuentro,
que comenzó a las 11 de la mañana, se trabajó con
los resultados de 237 encuestas que, promovidas por el equipo del Secretariado
diocesano de Pastoral Universitaria, habían sido realizadas previamente
durante el primer trimestre a alumnos de la Universidad de Extremadura a
fin de conocer la realidad concreta en la que se mueven lo universitarios
cristianos y poder así iluminarla desde el Evangelio.
Partir de la realidad
Precisamente este encuentro estaba concebido, según señala un folleto de dicho Secretariado como un tiempo de "reflexión a la luz de la Palabra de Dios para descubrir las llamadas que nos están haciendo desde nuestra realidad universitaria y atisbar los caminos que hemos de seguir personal y comunitariamente". Uno de los resultados de la mencionada encuesta muestra que el 72 por ciento de los encuestados se consideraban cristianos practicantes y comprometidos, que conciben el estudio como un medio para prepararse profesionalmente (39%) y servir a la sociedad (29%) y donde encuentran su realización profesional (54%).
En cuanto a la participación en la vida universitaria, los encuestados muestran un abstencionismo y pasividad grande ya que, en su inmensa mayoría afirman que no se han planteado nunca participar en los órganos de gobierno universitarios (82%) y no pertenecen a alguna asociación universitaria ( 98%) y constatan que la relación entre los compañeros es bastante superficial.
La encuesta también señala que los problemas que más les preocupan son el paro (34%) y la violencia (19%). En cuanto a la relación de la Universidad con los problemas de la sociedad, piensan (63%) que esta institución académica "los pasa inadvertidamente".
En el último punto los universitarios encuestados contestaron al tipo de presencia de la Iglesia que observan en la Universidad, señalando que ésta es anónima (20%) y pasiva (17%) y abogan para que sea más comprometida (46%) y dialogante (23%).
El coordinador del encuentro, don José Moreno Losada, director del Secretariado de Pastoral Universitaria y profesor de Ética y Antropología Cristiana en la Uex, presentó el acto y dio la bienvenida a los asistentes, entre los cuales se encontraban jóvenes pertenecientes a varios grupos católicos así como la JEC, Santa Eulalia, Juventudes Misioneras, Nuestra Señora de Guadalupe, etc. El profesor Moreno dijo a nuestra revista que "los jóvenes tienen que comprender que la conciencia empieza por la propia casa. La etapa universitaria es el lugar donde hay que incidir e implicarse para participar activamente. Es el compromiso cristiano de todo universitario: ser un miembro vivo que construye aquello donde está".
Pasar al compromiso
El encuentro prosiguió con una reflexión en grupos, donde se profundizó acerca de los resultados de la encuesta anteriormente mencionada que contaba con preguntas como: " nos hemos planteado las motivaciones y el verdadero sentido del estudio en nuestra vida?, Que estilo de persona estamos consiguiendo de esta manera en la universidad?", etc. Después se realizó una celebración en la capilla del colegio seguida de una puesta en común. Por la tarde, tras una comida compartida, los estudiantes se reunieron por Facultades, concluyendo la jornada hacia las seis con una asamblea en la que se analizaron conclusiones, comentarios y esperanzas acerca de las posibilidades de conexión entre vida y fe en el mundo universitario.
Ana Belén Orantos / Redacción
Toda la comunidad educativa del Instituto de Enseñanza
Secundaria Vegas Bajas de Montijo, ha realizado una campaña de solidaridad
para apadrinar niños del Tercer Mundo, mayoritariamente de América
del Sur. La idea surgió, según nos señala el sacerdote
don José Luis Molina, en el Departamento de actividades extraescolares
de este centro y fue en seguida corroborada por el Claustro de profesores.
Participación masiva
Cada curso ha apadrinado a un niño, comprometiéndose a aportar 2.500 pesetas mensuales y a mantener una estrecha correspondencia con su niño apadrinado. La participación del alumnado ha sido casi generalizada, se han apadrinado, entre todas las clases, 23 niños. Por su parte los profesores han apadrinado a otros 21 niños, sumando en total 44 los niños apadrinados por esta comunidad educativa.
La asociación que ha facilitado esta actividad ha sido la Fundación Cristiana para Niños y Ancianos, CFCA, que, aunque tiene su sede en el estado americano de Kansas, posee una delegación en el pueblo vallisoletano de Laguna de Duero desde donde se desplazaron tres miembros, durante una semana, hasta Montijo para explicar en que consistía el apadrinamiento. La actividad durará hasta el mes de junio y se está haciendo una bolsa de dinero para abastecer a los niños apadrinados durante los meses de verano que no haya actividad académica y poder reiniciar la actividad el próximo curso.
El arzobispo de Mérida-Badajoz, don Antonio Montero, está en Roma desde el pasado sábado,para participar en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, del que forma parte junto con diez cardenales y quince obispos de diferentes países del mundo, asistidos por un equipo, también internacional de expertos en este campo.
En esta asamblea, monseñor Montero ha presentado un informe sobre la acción pastoral de la Iglesia en España en el mundo de las comunicaciones sociales y en el marco histórico presente.
Ha asistido también a la Capilla papal del día de San José, en la que Juan Pablo II, acompañado por prelados de la Curia Romana y otras procedencias, ha ordenado obispos a tres miembros de la Curia Romana, entre otros su secretario personal, monseñor Estanislao Dziwisz y el maestro de ceremonias pontificias, monseñor Pietro Marini.
Durante los días 28 y 29 de este mes de marzo se van a celebrar en la Casa de Espiritualidad de Gévora las VI Jornadas de Vida Religiosa.
Estas jornadas son organizadas anualmente por la Confederación de religiosos y religiosas de Extremadura (Confer-Ex) que agrupa a todas las congregaciones existentes en la región y les ofrece cauces de formación, de acción pastoral conjunta o colaboración. En total son cerca de 1.700 las religiosas existentes en la región y en torno a los 300 los religiosos que sirven en las más variadas tareas pastorales.
El tema elegido este año ha sido: "Memoria y Profecía" y se va a reflexionar sobre lo que el Espíritu está diciendo a la Vida Consagrada. Las jornadas serán dirigidas por el franciscano Padre Manuel Tercero, quien pronunciará varias conferencias a lo largo de los dos días de trabajo y mantendrá diálogos con todos los participantes.
Los actos comenzarán el sábado a las diez de la mañana con una oración inicial y serán clausurados el domingo día 29 después de la celebración eucarística que tendrá lugar a las doce y treinta.
A la meta sólo se llega después de un largo camino, en el que hay que vencer muchos obstáculos y dificultades y en el que hay que buscar muchas ayudas y muchas motivaciones, para poder seguir mirando hacia adelante con ilusión.
Ni a la meta de perfección cristiana ni a las metas que nos proponemos en la vida se llega normalmente con "un golpe de suerte". Es verdad que Dios puede conceder a algunos la posibilidad de encontrarle y conocerle de pronto, como a San Pablo, y que se dan "milagros laicos", como que toque "la Primitiva". Pero eso no es lo normal; a las metas se llega con el trabajo y el esfuerzo de cada día.
La mayor de las aspiraciones de la vida cristiana es poder participar plenamente en la Pascua del Señor, convirtiéndonos en hombres nuevos. A ella sólo se puede llegar, si una vez descubierto su valor, se pone un esforzado empeño por alcanzarla a lo largo de toda la vida y, de un modo especial, en cada una de las etapas cuaresmales.
La Iglesia nos ofrece en la Cuaresma medios con los que prepararnos a una vivencia consciente de la Pascua: ejercicios espirituales, charlas cuaresmales, retiros, encuentros de oración, celebraciones penitenciales, Via crucis, predicación diaria... Todos ellos son cauces que un cristiano responsable no debe despreciar; al contrario, ha de saber aprovecharlos, porque en ellos se toma conciencia de lo que Dios nos ofrece y de cómo hemos de vivir para conseguirlo. n
En aquellos días el Señor dijo a Josué:-"Hoy os he despojado del oprobio de Egipto." /Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaá.
Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación./Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación./Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios./Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, pero que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces, y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando, entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a tus jornaleros". Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos observó, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalia en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebraremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.
23, lunes: Is 65, 17-21; Jn 4, 43-54.
24, martes: Ez 47, 1-9, 12; Jn 5, 1-16.
25, miércoles: Is 7, 10-14. 8, 10; Hb. 10, 4-10; Lc 1, 26-38.
26, jueves: Ex 32, 7-14; Jn 5, 31-47.
27, viernes: Sb 2, 1a, 12-22; Jn 7, 1-2, 10, 25-30.
28, sábado: Jr 11, 18-20; Jn 7, 40-53.
29, domingo: Is 43, 16-21; Flp 3, 8-14; Jn 8, 1-11.
Como sabemos, la Cuaresma es un tiempo de gracia en la que se invita al gran gesto penitencial de encauzar nuestra vida por los caminos que conducen a un encuentro más personal e íntimo con Dios. Las lecturas de hoy describen ese movimiento como "volver a casa".
La primera lectura narra el final de los cuarenta años de la travesía del desierto. Se trata de la vuelta a la Tierra prometida, la que Jacob y sus descendientes tuvieron que abandonar para irse a Egipto, donde cayeron en esclavitud. A esto se nos invita: a abandonar la esclavitud de nuestras actitudes negativas y así volver a casa donde nos espera nuestro Padre. La espléndida parábola del hijo pródigo propone el "volver a casa" como único remedio a la situación de aquel, que es un símbolo de cómo estamos cada uno de nosotros.
San Pablo, más que repetir las idea de que tenemos que volver a casa, nos hace profundizar en la novedad cristiana de la reconciliación. Desde el principio advierte: Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Lo antiguo es pensar que la distancia que nos separa de Dios es un camino que hemos de recorrer nosotros con penas y lágrimas.
San Pablo presenta lo nuevo: Todo esto viene de Dios, por medio de Cristo que nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es fácil apreciar el giro dado. No es el hombre el que tiene que captar la benevolencia de Dios y así acortar la distancia, sino que ha sido el Padre, por medio de Cristo, quien se nos ha acercado y ha encargado a la Iglesia que nos exhorte a que nos reconciliemos con El. La realidad es que ya estamos en casa, sólo urge que lo aceptemos con fe.
Un cisterciense del monasterio de Poblet lo suficientemente humano para caer y lo bastante cristiano para levantarse y alzar su virtud hasta la cimas místicas.
Nacido en Valleclara (Tarragona), ingresa con 25 años en el Monasterio y pronto es nombrado administrador, un cargo que le ayuda poco en su vida de oración y le distrae en un constante ir y venir de la ceca a la meca: detrás del deseo de eficacia, vendrá la inquietud ante posibles fracasos y la sensación del mérito no reconocido, o sea, las sutilezas del orgullo que acompañan inevitablemente al activismo y llevan a refugiarse o bien el el bolsillo o bien en la bragueta. Pedro se refugia en las dos cosas y escapa de Poblet acompañado de una monja. Lo de siempre: de una mal entendida eficacia al deseo de reconocimiento, y desde éste a la decepción y la pérdida de la vocación como si Dios llamara o no a cada cual dependiendo de su estado de ánimo.
Pedro volvió a Poblet como un hijo pródigo, su comunidad lo acogió con misericordia, y su Abad levantó la excomunión que sobre él pesaba. Vivió como un cisterciense ejamplar y fue bendecido con dones de éxtasis, ayudando a otros desde una íntima unión con el Señor, como un sabio director espiritual y un genial conocedor de los entresijos del corazón.
Está visto que como no bebamos de la fuente, nos conformamos con el fango También resulta manifiesto que la acogida misericordiosa de una comunidad siempre hace milagros No, si al final va a resultar que el Evangelio es verdad No sabemos lo que pasó con la monja.
23, lunes: Toribio de Mogrovejo, José Oriol, Rebecca Ar Rayés.
24, martes: Hidelita, Catalina, Berta. Diego José de Cádiz.
25, miércoles: La Anunciación del Señor. Dulo, Quirino, Monas.
26, jueves: Cástulo, Eutiquio, Bercario, Desiderio, Braulio.
27, viernes: Ruperto, Gelasio, Pablo.
28, sábado: Castor, Cirilo, Marco, Esteban Harding.
29, domingo: Eustasio, Guillermo Tempier.
La marcha de la Iglesia hacia la celebración del
segundo milenio del nacimiento de Cristo se encuentra, en el presente año,
en la segunda etapa de su preparación inmediata a la que ha sido
convocada por el Papa Juan Pablo II. Por voluntad expresa del mismo Pontífice
este año está dedicado, de un modo especial, a la profundización
y vivencia de la acción del Espíritu Santo, tanto en la Iglesia
como en cada cristiano.
De acuerdo con lo anterior, hemos de intentar vivir la Cuaresma este año a la luz de lo que nos dice la fe sobre la acción del Espíritu Santo en una tarea tan cuaresmal como la conversión de nuestras mentes y costumbres, para llegar purificados y en comunión con el misterio que celebramos en la Pascua.
Para comenzar el camino
Un mínimo de sinceridad nos llevará a confesar que no "nos va la Cuaresma". Resulta un tanto mortificante romper con el ritmo de la vida ordinaria en la que se cobijan cómodamente más de una cicatería con el Señor, abundancia de segundas intenciones contra el prójimo y continua complicidad con nuestro yo egoísta y comodón.
Estas reticencias, que sentimos contra este tiempo litúrgico que nos habla de conversión, nos vienen de nuestra condición de pecadores que San Gregorio de Nisa acertó a describir gráficamente con estas palabras: El espíritu del hombre con el pecado es como un espejo al revés, el cual, en vez de reflejar a Dios, refleja en sí la imagen de la materia informe.
Está claro que necesitamos un impulso para romper esa situación. Toda la tradición de la Iglesia afirma que es el Espíritu Santo quien nos lo puede dar.
Un antiguo, obispo de Cesarea nos adoctrina: En lo referente a la íntima unión del Espíritu Santo con el alma, no consiste en una cercanía local... sino en una exclusión de las pasiones. Por ella se nos purifica de las fealdades adquiridas por los vicios, recupera la belleza de su naturaleza, es restituida a la imagen real su forma primitiva a través de la pureza... A través del Espíritu el corazón se eleva, los débiles son conducidos de la mano, los que progresan llegan a ser perfectos.
Este texto nos da una pista, quizá un tanto novedosa, para vivir la Cuaresma con buenos frutos de conversión. Hemos de comenzar, sabiéndonos indigentes de fuerzas, por invocar al Espíritu Santo. Incluso hemos de convertir en la jaculatoria de cada día una famosa fórmula litúrgica: Entra hasta el fondo del alma, Divina Luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento
Mantener la buena marcha
Sabemos por experiencia que no son suficientes los buenos propósitos y que, si es necesario un buen punto de partida, lo que nos resulta más difícil es mantenernos en el camino y no perder velocidad.
También en esta tarea nos podemos aprovechar de la larga experiencia de quienes nos han precedido en la brega de la vida cristiana.
Y, de nuevo, en este afán nos encontramos con la acción del Espíritu Santo. San Pablo la sintetiza con estas palabras: Caminad según el Espíritu y no os dejéis arrastrar por los apetitos desordenados. Porque estos apetitos actúan contra el Espíritu y el Espíritu contra ellos. Se trata de cosas contrarias entre sí, que os impedirán hacer lo que sería vuestro deseo. Pero si os dejáis guiar por el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley (Gal 5, 16-18).
Se ha dicho que el interior del cristiano es una guerra civil. Los contendientes son el Espíritu y los apetitos desordenados. La doctrina paulina consigue hacer una exhaustiva descripción del bagaje de cada una de las partes beligerantes.
Los apetitos desordenados empujan hacia las obras de la carne que, según el mismo apóstol, son: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismos, sectarismos, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo (Gal 5, 19-20). Desde luego hay donde escoger en la descripción paulina. A todos nos vendrá bien hacer una revisión de nuestros comportamientos para, con sinceridad ante Dios y nosotros mismos, reconocer en qué medida somos esclavos de la carne.
En oposición abierta a las obras de la carne y construyendo el hombre nuevo en Cristo, la acción del Espíritu Santo, según el mismo san Pablo, consigue que surja en nosotros la nueva vida en Cristo y lleguemos a tener los sentimientos de Cristo y así nos abra a la lógica de las Bienaventuranzas que son una existencia humana vivida bajo el impulso de los frutos del Espíritu Santo que hacen posible que surja en nosotros amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de si mismo (Gal 5, 22-23).
Es evidente que esta descripción nos muestra una visión envidiable de lo que podía ser nuestra vida en el secreto de nuestro mundo interior, en nuestras relaciones con los demás tanto en la familia como en el trabajo, o en los ambientes de relación social.
El tiempo oportuno
El don del Espíritu es, por tanto, lo que puede ayudarnos a conseguir que esta Cuaresma sea, como lo llama la liturgia, el tiempo oportuno que haga nuestra vida moralmente más armoniosa y a nosotros hombres auténticamente libres, pues, como dice santo Tomás: Ahora es cuando obra el Espíritu Santo, el cual perfecciona interiormente nuestro espíritu comunicándole un dinamismo nuevo, de manera que él se abstiene del mal por amor..., y de tal manera que no está sometido a la ley divina, sino es libre porque su dinamismo interior lo lleva a hacer lo que prescribe la ley divina.
Que bellamente expresa la nostalgia y el deseo de la presencia del Espíritu la liturgia cuando canta el día de Pentecostés: Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero