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Christus Rex Information Service
31 de Diciembre 1996
CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - Martes 31 de Diciembre 1996 - Archidiócesis de Mérida-Badajoz
El Padre Luli, un mártir viviente
Recuperó la libertad tras 40 años de prisión y
trabajos forzados en Albania
Con unos 3 millones de habitantes y algo más de 28.000 Km2,
bañadas sus costas por el mar Adriático y limitando con
la antigua Yugoslavia y con Grecia, se encuentra uno de los
países europeos que más ha sentido la represión
de una dictadura: Albania. Actualmente se vive allí un proceso
de recuperación de las libertades, pero en esta nación,
cuna de la madre Teresa de Calcuta, la Iglesia ha sufrido una de las
más cruentas persecuciones desde que en 1945 tomaran el poder
los comunistas y en 1967 su Constitución declara ateo al
Estado.
Uno de los mártires vivientes que ha sobrevivido a la
persecución es el jesuita Padre Anton Luli. Actualmente, a sus
86 años trabaja en la capital, Tirana, donde está
produciéndose un gran resurgir cristiano con numerosas
conversiones.
Ofrecemos a a continuación el testimonio que el propio P. Luli
ha hecho al comentar un misterio del Rosario en el I Encuentro Mundial
de Sacerdotes celebrado en Fátima dentro de los actos
preparatorios del Gran Jubileo del Año 2000.
El Padre Luli
también ha intervenido con su testimonio en los actos tenidos
en Roma en el pasado mes de noviembre con motivo del 50 aniversario de
la ordención sacerdotal del Papa Juan Pablo II. He aquí
su testimonio:
Soy albanés y mi país apenas ha salido de las tinieblas
de una dictadura comunista de las más crueles e insensatas, que
ha dirigido su odio contra todo aquello que podía, de alguna
manera, hablar de Dios.
Muchos de mis hermanos en el sacerdocio
murieron mártires: a mí, por el contrario, me ha tocado
seguir vivo.
Apenas había terminado mi formación, me
arrestaron en 1947, tras un proceso falso e injusto. He vivido 17
años como prisionero y otros tantos de trabajos forzados.
Prácticamente he conocido la libertad a los 80 años,
cuando al fin, en 1989, he podido celebrar la primera misa con la =
gente.
Pero al recorrer con el pensamiento mi propia vida, me doy
cuenta de que ésta ha sido un milagro de la gracia de Dios y me
sorprendo de haber podido soportar tanto sufrimiento.
Me acordaba de Jesús
Me han oprimido con toda clase de torturas. Cuando me arrestaron la
primera vez me hicieron permanecer nueve meses encerrado en un cuarto
de baño: tenía que acurrucarme encima de los excrementos
endurecidos, sin lograr jamás extenderme completamente, tan
estrecho era aquel sitio.
La noche de Navidad me hicieron desvestir en
este lugar y me ataron a una viga, de tal modo que podía tocar
el piso sólo con la punta de los pies.
Hacía
frío; sentía el hielo que subía a lo largo de mi
cuerpo: era como una muerte lenta. Cuando el hielo me estaba llegando
al pecho grité desesperado. Mis guardias corrieron, me
golpearon y luego me tiraron al suelo.
Con mucha frecuencia me torturaban con la corriente eléctrica:
me metían dos alambres en los oídos. Era una cosa
horrible.
Durante un tiempo me amarraban las manos y los pies con
alambres, y me echaban al suelo en un lugar oscuro, lleno de grandes
ratas que me pasaban por encima sin que yo pudiera evitarlo.
Llevo
todavía en mis muñecas las cicatrices de los alambres
que se me incrustaban en la carne. Vivía con la tortura de
permanentes interrogatorios, acompañados de violencia
física.
Recordaba entonces los golpes sufridos por Jesús
al ser interrogado por el Sumo Sacerdote.
Una vez me colocaron delante un papel y un bolígrafo y me
dijeron: 'Escribe una confesión de tus crímenes y, si
eres sincero, podríamos hasta mandarte a casa'. Para evitar
golpes y bastonazos empecé a llenar alguna página con
los nombres de muertos o de fusilados, con los que nunca tuve nada que
ver.
Al final añadí: 'Todo lo que he escrito no es
verdadero, pero lo he escrito porque me obligaron'.
El oficial
empezó la lectura con una sonrisa de satisfacción,
seguro de haber logrado su objetivo, pero cuando leyó los
últimos renglones, me golpeó y, blasfemando,
ordenó a los policías que me llevaran fuera, gritando:
'Sabemos cómo hacer hablar a esta carroña'.
Al salir de la prisión, me enviaron a trabajos forzados como
obrero en una finca estatal: me pusieron a trabajar en la
recuperación de los pantanos. Era un trabajo fatigoso y con la
poca alimentación que teníamos se nos reducía a
gusanos humanos: cuando uno de nosotros caía extenuado, le
dejaban morir.
Pero en aquella etapa logré decir misa de manera
clandestina y sólo desde el ofertorio hasta la comunión.
Conseguí un poco de vino y algunas formas, pero no podía
confiar en nadie ya que si me descubrían, me hubieran fusilado.
En este trabajo en los pantanos estuve 11 años.
Un nuevo calvario
El 30 de abril de 1979 me arrestaron por segunda vez, me registraron y
me llevaron a la ciudad de Scurati. No tenía consigo más
que el rosario, un cortaplumas y el reloj. Después de la
requisa me tiraron al suelo de una celda.
Me daba cuenta que me
dirigía a un nuevo calvario; pero de improviso la
desolación dio paso a una extraordinaria experiencia de
Jesús.
Era como si Él estuviera allí presente, de
frente a mí, y yo le pudiera hablar. Fue determinante para
mí.
Comenzaron de nuevo las torturas y otro proceso: el 6 de
noviembre de 1979 me condenaron a a morir fusilado. La causa que
adujeron fue 'sabotaje y propaganda antigubernativa'. Pero, dos
días después, la pena de muerte fue conmutada por 25
años de prisión.
Padre Anton Luli, SJ
CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - Martes 31 de Diciembre 1996 -Archidiócesis de Sevilla
LA NUEVA EVANGELIZACION ANUNCIA EL EVANGELIO DE LA VIDA.
En un momento histórico en el que se hace urgente una nueva evangelización, Juan Pablo II, ofrece nuevas claves para llevarla a cabo. Una de ellas es la ofrecida en la Encíclica Evangelium vitae (Roma, 25-3-1995, a cuyos números nos remitimos).
La Iglesia, cada comunidad cristiana, cada creyente debe reflexionar sobre ella. Allí descubrirá el sustrato teológico de la orientación imprescindible para su acción apostólica y evangelizadora.
A continuación ofrecemos algunos apuntes sobre este asunto.
PRESUPUESTOS
El Evangelio de la vida es para todos los hombres.
El tema de la vida es un valor que cada ser humano puede comprender también a la luz de la razón y que, por tanto, afecta necesariamente a todos los hombres (Cf. 101).
Constituye, por tanto, un buen punto de partida para la evangelización.
Por eso, cuando en nuestros planteamientos pastorales y apostólicos corremos el riesgo de perdernos en disquisiciones, en cuestiones de métodos, cuando nos fijamos más en las formas que en el fondo, el Papa invita a ir con humildad y sencillez al fondo del Evangelio para descubrir allí lo que Jesús ha recibido como encargo del Padre para transmitir a los hombres.
Se trata de anunciar al hombre de hoy lo que Jesús vino a decir: el Evangelio de la vida es para la ciudad de los hombres de hoy, en él encontrarán el pleno sentido de su historia y existencia personal (Cf. 101).
Transmitir este Evangelio constituye el núcleo de la misión de la Iglesia, y todos, pastores y fieles, sólo encontrarán la alegría si comunican ese Evangelio a los demás. Con este anuncio del Evangelio de la vida se restablece el valor de la persona humana.
La nueva evangelización viene a revelar a todos los hombres el sentido más profundo y auténtico de su ser, a ayudarles a mantenerse en el verdadero sentido de su existencia (Cf. 1 Jn 1,1-3).
Este es el mensaje que hay que transmitir: En Jesús "Palabra de vida", se anuncia y comunica la vida divina y eterna.
Gracias a este anuncio y a este don, la vida física y espiritual del hombre, incluida su etapa terrena, encuentran plenitud de valor y significado” (30).
El creyente se siente comprometido con el evangelio de la vida.
El Evangelio de la vida indica el destino de la vida plena y perfecta. Hay que recuperar el genuino concepto de libertad, que conduce a velar por la vida de los otros.
Así aparece más clara la relación libertad–verdad, sin que desaparezca toda referencia a los valores comunes y a una verdad absoluta para todos; la vida social se adentra en las arenas movedizas de un relativismo absoluto. Es fruto del eclipse del sentido de Dios y del hombre (Cf. 19).
Perdido el sentido de Dios, se pierde le sentido del hombre, centro del drama vivido por el hombre contemporáneo; este se deja sentir incluso dentro de las mismas comunidades cristianas (Cf.. 21).
La gloria de Dios resplandece en el rostro del hombre.
La vida del hombre es original y diversa de la vida material, es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria: "el hombre que vive es la gloria de Dios", en el hombre que vive se refleja la realidad misma de Dios.
Toda la creación esta ordenada al hombre y todo se somete a él. Por ella Dios comparte algo de sí mismo con la criatura, es algo mas que existir en el tiempo, es tensión hacia una plenitud de vida, es germen de una existencia que supera los mismos límites del tiempo (Cf. 34).
El proyecto de vida confiado a Adán se cumple en Cristo abriendo a todos las puertas del reino de la vida. Es la plenitud de la vida que se da a cuantos aceptan seguir a Cristo. En ellos la imagen divina es restaurada, renovada y llevada a perfección. Este es el designio de Dios sobre los seres humanos: que "reproduzcan la imagen de su Hijo".
Sólo así, con el esplendor de esta imagen, el hombre puede ser liberado de la esclavitud de la idolatría, puede reconstruir la fraternidad rota y reencontrar su propia identidad (Cf. 36).
EL SENTIDO PLENO DE LA VIDA
El valor incomparable de la persona humana: la verdad sobre la vida. El hombre es la criatura que goza de la más alta dignidad, porque ha sido creada para vivir más allá de la existencia terrena y para participar de la vida misma de Dios Padre. Este es el término que mejor define a Dios respecto al hombre, relacionalmente éste se sitúa como hijo y, por tanto, como de quien el hombre recibe la Vida.
La llamada sobrenatural del hombre subraya el carácter relativo —aunque no irrelevante— de la vida terrena del hombre, se trata de una realidad sagrada que se le confía para custodiarla con sentido de responsabilidad y llevarla a perfección en el amor y en el don de si mismo a Dios y a los hermanos (Cf. 9).
La vida lleva escrita en sí misma de un modo indeleble su verdad. El hombre, acogiendo el don de Dios, debe comprometerse a mantener la vida en esta verdad, que le es esencial. Distanciarse de ella equivale a condenarse a sí mismo a la falta de sentido y a la infelicidad” (48).
Jesús ha venido para explicar al hombre donde está su destino, donde su felicidad y le entrega una vida "nueva" y "eterna", "que consiste en la comunión con el Padre, a la que todo hombre está llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Espíritu Santificador" (Cf. 1).
Jesús lleva a término el pleno sentido de la vida.
Por la fe en Jesús "autor de la vida", la vida que yace abandonada y suplicante vuelve a ser consciente de sí misma y de su plena dignidad, dirigida siempre en el sentido profundo de la vida en sus dimensiones morales y espirituales.
Sólo quien reconoce que su propia vida está marcada por la enfermedad del pecado, puede redescubrir, en el encuentro con Jesús Salvador, la verdad y autenticidad de su existencia (Cf. 32).
En la vida misma de Jesús, desde el principio al fin, se da esta singular "dialéctica" entre la experiencia de la precariedad de la vida humana y la afirmación de su valor (Cf. 33).
Con su muerte, Jesús ilumina el sentido de la vida y de la muerte de todo ser humano. La salvación realizada por Jesús es don de vida y de resurrección. La salvación de Jesús consiste en el perdón de los pecados, es decir, liberar al hombre de la enfermedad más profunda, elevándolo a la vida misma de Dios (Cf. 50).
El hombre participa de la misma vida de Dios mediante los sacramentos de la Iglesia se comunica continuamente la vida a los hijos de Dios, constituidos así como pueblo de la nueva alianza. De la Cruz, fuente de vida, nace y se propaga el pueblo de la vida (Cf. 51).
El cristiano se siente comprometido con este anuncio, porque el hombre ha sido llamado a poseer el don de la vida eterna.
La sangre de Cristo derramada como don de vida: "es (…) donde todos los hombres encuentran la fuerza para comprometerse a favor de la vida" (Cf. 32).
Jesús es la Palabra de vida. El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús... "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Jesús es el Hijo que desde la eternidad recibe la vida del Padre y que ha venido a los hombres para hacerles partícipes de este don: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". Así por la palabra, la acción y la persona misma de Jesús se da al hombre la posibilidad de "conocer" toda la verdad sobre el valor de la vida humana (Cf. 29).
Esta vida se alcanza por la observancia de los mandamientos.
A esta vida se llega por la observancia de los mandamientos.
El mandamiento de Dios no está nunca separado de su amor; es siempre un don para el crecimiento y la alegría del hombre. De este modo, el don se hace mandamiento, y el mandamiento mismo es un don.
El hombre, imagen viva de Dios, es querido por su Creador como rey y señor. Llamado a ser fecundo y a multiplicarse, el hombre es rey y señor sobre todo de sí mismo y, en cierto sentido, de la vida que le ha sido dada y que puede transmitir por medio de la generación, realizada en el amor y respeto del designio divino.
Esto se lleva a cabo mediante la obediencia a la Ley: una obediencia libre y gozosa, que nace y crece siendo conscientes de que los preceptos del Señor son un don gratuito confiado al hombre siempre y solo para su bien, para la tutela de su dignidad personal y para la consecución de su felicidad (Cf. 52).
EL CRISTIANO, MIEMBRO DE UN PUEBLO DE LA VIDA Y PARA LA VIDA
El Evangelio de la Vida es parte integrante del Evangelio que es Jesucristo (Cf. 78). La Iglesia es el Pueblo de la vida y para la vida (Cf. 79), por tanto, para cada cristiano anunciar el evangelio de la vida es un deber, le guía y sostiene la ley del amor, cuyo modelo es el Hijo, se siente enviado como Pueblo de la vida.
Anunciar el evangelio de la vida
El cristiano sabe que no tiene otra cosa que testimoniar y que decir que a Jesús, y que en eso consiste anunciar el Evangelio. Por eso siente el creyente necesidad de proclamarlo; es necesario hacer llegar el "Evangelio de la vida" al corazón de cada hombre y mujer, introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad (Cf. 80).
Así aparece el núcleo de este Evangelio de la vida: "Es anuncio de un Dios vivo y cercano, que nos llama a una profunda comunión con El y nos abre a la esperanza segura de la vida eterna: es afirmación del vínculo indivisible que fluye entre la persona, su vida y su corporeidad; es presentación de la vida humana como vida de relación, don de Dios, fruto y signo de su amor, es proclamación de la extraordinaria relación de Jesús con cada hombre, que permite reconocer en cada rostro humano el rostro de Cristo; es manifestación del "don sincero de sí mismo" como tarea y lugar de realización plena de la propia libertad" (Cf. 81).
Celebrar el evangelio de la vida
Quien ve la vida en su profundidad la acoge como un don, venera y respeta a cada hombre, celebra al Dios de la vida, que da la vida. Y todo esto se realiza en la oración cotidiana, individual y comunitaria.
El hombre y su vida se nos presentan sólo como uno de los prodigios más grandes de la creación: Dios ha dado al hombre una dignidad casi divina.
Además en las celebraciones del año litúrgico, en los sacramentos se celebra la vida. Ellos hacen a los hombres partícipes de la vida divina, asegurándoles la energía espiritual necesaria para realizar verdaderamente el significado de vivir, sufrir y morir... ayudando a vivir estas realidades como participación en el misterio pascual de Cristo muerto y resucitado (Cf. 83).
Esta celebración se manifiesta también valorando los gestos y símbolos de tradiciones y costumbres populares (Cf. 85), y, sobre todo, en la existencia cotidiana vivida en el amor por los demás y en la entrega de uno mismo (Cf. 86).
Servir el Evangelio de la vida
El objetivo específico de la misión de Jesús, es que el hombre pueda alcanzar el fin para el que ha sido creado, para poseer una vida "eterna", es decir, participación en la vida del “Eterno”; esta es a la vez la vida misma de Dios y la vida de los hijos de Dios: "Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!". Así alcanza su culmen la verdad cristiana sobre la vida. Su dignidad no sólo está ligada a sus orígenes, sino también a su fin, a su destino de comunión con Dios en su conocimiento y amor.
Así alcanza su culmen la verdad cristiana sobre la vida (Cf. 37).
Por eso, el creyente está llamado a servir el Evangelio de la vida, es decir a apoyar y promover la vida humana. Es una exigencia particularmente apremiante en el momento actual.
Se trata de hacerse cargo del otro como persona confiada por Dios a nuestra responsabilidad. Es un servicio profundamente unitario: hacerse cargo de toda la vida y de la vida de todos (Cf. 86).
Para realizar un cambio cultural
En el contexto actual de "cultura de la muerte" se debe mantener fuerte sentido crítico, promover una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para construir una cultura de la vida.
Para ello se habrá de comenzar dentro de las mismas comunidades cristianas pues hay quienes incluso participando activamente en la vida eclesial, caen en una especie de separación entre la fe cristiana y sus exigencias éticas con respecto a la vida, llegando así al subjetivismo moral y a ciertos comportamientos inaceptables (Cf. 95).
Esta cultura comienza en la familia ella es "el santuario de la vida"..., el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano.
Esto lo realiza mediante la educación de los hijos, el servicio a la fe de los hijos, dando el sentido del sufrimiento y de la muerte, por medio de la oración cotidiana (individual y familiar); educación hecha de amor y de entrega y de solidaridad con el entorno diario (Cf. 92).
El Papa propone algunas acciones a llevar a cabo.
En primer lugar, la formación de la conciencia moral; el redescubrimiento del nexo inseparable entre vida y libertad: no hay libertad verdadera donde no se acoge y ama la vida; y no hay vida plena sino en la libertad. En la vocación al amor, como sincero don de sí, es donde se da el sentido más verdadero de la vida y de la libertad de la persona.
A continuación se fija en la labor educativa, estrechamente vinculada a la formación de la conciencia, y que está destinada a ayudar al hombre a ser cada vez más hombre, lo introduce siempre más profundamente en la verdad, lo orienta hacia un respeto creciente por la vida, lo forma en las justas relaciones entre las personas (Cf. 97).
Además, se trata de formar para asumir un nuevo estilo de vida: en el que se de la primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas. Ver a los demás no son contrincantes de los que hay que defenderse, sino hermanos y hermanas con quienes se ha de ser solidarios (Cf. 98).
Manuel GORDILLO CAÑAS
CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - Martes 31 de Diciembre 1996 - Archidiócesis de Mérida-Badajoz
El sastre que cambió la vida del Papa
La influencia espiritual de Jan Tyranowski en el joven Karol Wojtyla
En un ambiente difícil, especialmente duro desde que el primero
de septiembre de 1939, el ejército nazi ocupara Polonia, un
sastre de aspecto poco agradable y unos cuarenta años de edad,
Jan Tyranowski participaba en un debate religioso en la parroquia que
los salesianos regentaban en el barrio Debniki, en Cracovia.
Allí le va a conocer el joven Karol Wojtyla que se había
trasladado a aquella ciudad hacía dos años para estudiar
en la Universidad lengua y literatura polaca. Según Malinski,
sacerdote amigo de Juan Pablo II y compañero de infancia, este
encuentro va a ser decisivo en la vida del que sería en 1978 el
primer Papa polaco de la historia.
Tyranowski va a influir de manera trascendental en la vida del joven
Karol que vivía solo con su padre. El sastre y el ejemplo del
venerado santo polaco Fray Alberto, van hacer que la balanza de Karol
se incline por la entrega a Dios en el sacerdocio, en vez de proseguir
el camino del teatro y de la literatura polaca, verdadera
pasión de Wojtyla. No era ésta una simple afición
artística para ratos libres, era toda una cosmovisión
que contemplaba en el arte -en la belleza- la manera auténtica
de vivir y, sobre todo, de formar a los hombres y mujeres de la Gran
Polonia del futuro que, en aquellos años, sucumbía bajo
la opresión nazi. Para Karol el arte era pasión y
militancia; además es también lo que le unía a
sus amigos, casi todos integrantes de un grupo teatral. Al final pudo
más el sastre y es una prueba de cómo Dios se sirve de
mediaciones, para irnos mostrando sus caminos.
Con motivo de un multitudinario homenaje a los sacerdotes de todo el
mundo, al cumplirse los 30 años del decreto conciliar
"Presbyterorum ordinis", Juan Pablo II abría confidencialmente
su corazón para hablar precisamente de los inicios de su
vocación sacerdotal y referirse en concreto a aquellos duros y
decisivos años, pero su gratitud al sastre de Cracovia ya la
había expresado más de una vez, por ejemplo, cuando el 8
de marzo de 1962, siendo ya obispo, monseñor Wojtyla se
dirigía a un grupo de seminaristas y, tras recordar con
gratitud su época de trabajo en las canteras de la
fábrica de sosa cáustica Solvay, les decía:
"Sería injusto si en este momento no mencionara a Jan
Tyranowski=8A, que sabía ejercer una influencia enorme en los
jóvenes. No sé si es a él a quien debo mi
vocación sacerdotal, pero, en todo caso, nació dentro de
su clima, el clima del misterio de la vida sobrenatural".
Será en su libro 'Don y Misterio', verdadera
autobiografía de su vocación sacerdotal escrita con
motivo de su 50 años de sacerdocio, donde Juan Pablo II desvele
aún más su itinerario espiritual y se refiera de una
manera más explicita al enigmático sastre de Cracovia,
diciendo que en el ámbito de la parroquia salesiana del barrio
de Debniki "había una persona que se distinguía de todas
las demás: me refiero a Jan Tyranowski. Era empleado de
profesión aunque había decidido trabajar en la
sastrería de su padre. Afirmaba que su trabajo de sastre le
hacía más fácil la vida interior. Era un hombre
de una espiritualidad particularmente profunda."
Un personaje enigmático
Quién era este personaje trascendental en la vida del Papa?
Serán algunos de sus biógrafos, especialmente el ya
mencionado Mieczyslaw Malinski y el periodista Tad Szulc, veterano
corresponsal del New York Times, que ha escrito un libro sobre Juan
Pablo II, quienes den unos trazos más completos del semblante
y actividad del enigmático sastre.
"Tyranowski -dice Szulc- era un persona extraña que al
principio caía mal y despertaba suspicacias. De baja estatura y
cabello canoso, su físico no era atractivo, según todos
los que le conocieron. Hablaba con el lenguaje estereotipado del
catecismo y su polaco estaba lleno de giros arcaicos que irritaban a
los jóvenes. Hijo de un sastre de Cracovia, Tyranowski
estudió contabilidad antes de la guerra, pero decidió
trabajar con su padre y su hermano en el taller de sastrería.
Opinaba que trabajar de sastre en casa le ofrecía más
oportunidades para concentrarse y rezar. Además, era un
solitario y estaba convencido de que su misión en la vida
consistía en transmitir la idea de Dios y la fe a los
demás, especialmente a los jóvenes."
Guía espiritual
La oportunidad para poder hacer esto le llegó al sastre cuando
en la primavera de 1940 los salesianos de la iglesia de Debniki
reunieron a un grupo de jóvenes del barrio para recibir unas
pláticas semanales y tratar así de mantener vivo su
espíritu religioso en medio de la dura ocupación
alemana. Tyranowski apareció en una de ellas y surge por
entonces la idea de crear una especie de "rosarios vivientes",
reuniones de oración de las que se encargará este
sastre. "Lo dejan todo, dice Malinski, con gusto en manos de este
hombre, a quien nadie propiamente acababa de conocer. Y Jan - como
pronto le llamarán - comienza su obra admirable".
No les decía a los jóvenes nada nuevo, pero sí
era sorprendente, como reconoce el propio Wojtyla, el modo y el
talante de este extraño hombre que lo que mejor hacía
era "trabajar en nuestras almas en todo el sentido de la palabra".
Quería hacer salir los recursos que él sabía
existían en nuestras almas para revelar la gracia que se
convierte en participación en la vida de Dios".
Estos encuentros de oración con Tyranowski eran una especie de
curso de vida interior que impartía un sastre sin
formación filosófica y teológica avalada por un
título oficial, pero que era todo un místico lleno de
sabiduría que penetraba con su palabra "hondamente en nosotros
=ADreconocía el propio Wojtyla=AD liberando la profundidad oculta
de las posibilidades evangélicas, que hasta entonces,
temblorosamente, habíamos evitado".
Refiriéndose al apostolado desarrollado por el sastre de
Cracovia en los jóvenes de la parroquia salesiana, Juan Pablo
II señala en su libro 'Don y Misterio' que "Jan Tyranowski
llevó a acabo esta tarea no ciñéndose
únicamente al aspecto organizativo, sino preocupándose
también de la formación espiritual de los jóvenes
que entraban en contacto con él".
Karol, al igual que el resto de los jóvenes del grupo de
oración, se reunía también de manera individual
con Tyranowski, por lo general en el taller del sastre que se
convertía así en una escuela de espiritualidad profunda.
Según señala Tad Szulc el propósito de estas
entrevistas era que "discípulo y maestro repasaran
detalladamente las actividades religiosas del primero durante la
semana anterior, basándose en las notas que se tomaban durante
todas las noche. Tyranowski creía que aquella disciplina era
obligada para la formación del carácter."
El propio Juan Pablo II confiesa en su autobiografía sacerdotal
que aprendió del místico sastre "los métodos
elementales de autoafirmación, que se vieron después
confirmados y desarrollados en el proceso educativo del Seminario".
De la mano de los místicos españoles
A medida que la amistad fue creciendo, era frecuente ver a Tyranowski
acompañar a Karol en largos paseos o camino del trabajo a la
fábrica de sosa cáustica Solvay.
Lo que Karol vio en el sastre de Cracovia fue sencillamente a un
santo. " El fin pretendido en las charlas de Tyranowski - escribe
Malinski - es Dios mismo Dios a quien hemos de descubrir en nosotros
mismos, en los hombres y en el mundo. En lo que oye, Karol vuelve a
encontrar lo que le había alentado desde pequeño Karol
empieza a leer mucha literatura religiosa, que le presta Tyranowski.
Al comienzo lo forman obras elementales pero una vez superado estos
libros, Karol se remontaba cada vez más arriba. Pasa a las
obras de san Juan de la Cruz y de la gran santa Teresa Aquí
está el mundo de la meditación, de la oración
contemplativa, de la oración mística Karol reza como
nunca había rezado".
Toda una dirección, o acompañamiento espiritual como
ahora se dice, es el que realizaba este sencillo sastre con unos
jóvenes de Cracovia. Se muestra así, de manera palpable,
la influencia benefactora de las personas con una intensa vida
espiritual sobre sus contemporáneos, influencia que puede ser
trascendetal, como en este caso, no sólo para una coyuntura
histórica particular, sino para la historia de la Iglesia y de
los hombres de nuestro tiempo. Es el poder de los que se apoyan
sólo en Dios.
La elección del tema para su tesis doctoral en Roma sobre "La
fe en san Juan de la Cruz" - una vez que Karol Wojtyla se ordenó
sacerdote - no sería tampoco ajena a la influencia del sastre de
Cracovia, este sencillo y enigmático maestro espiritual del
Papa polaco. El mismo Juan Pablo II ha dicho en 'Don y Misterio':
"Tyranowski, que se estaba formando en los escritos de san Juan de la
Cruz y de santa Teresa de =C1vila, me introdujo en la lectura,
extraordinaria para mi edad, de sus obras".
Estando Karol en Roma, trabajando en su tesis sobre Juan de la Cruz,
muere en 1947 Tyranowski, viviendo el sufrimiento como un don de Dios.
El grano de trigo dio fruto.
José María Gil Tamayo
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CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - Martes 31 de Diciembre 1996 - Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Los Nuevos movimientos religiosos o sectas:
Los Testigos de Jehová
El hombre es un ser buscador de sentido y por eso esencialmente
religioso, vinculado - religado - con la divinidad. Lo ha sido
también a través de toda la historia y lo es a lo largo
y ancho de nuestro mundo. Hay cientos de millones de creyentes;
sólo el cristianismo supera los 1.800 millones de fieles, de
los que 929 millones son católicos y el resto ortodoxos,
anglicanos y protestantes.
Los fenómenos de religiosidad en la vida de las personas son
muy complejos, y hoy, ya casi en el año 2000, en una sociedad
secularizad que parecía que dejaba atrás la
religión, los sociólogos siguen observando con sorpresa
lo que llaman "persistencia de los religioso". Dios sigue en el
horizonte.
Pero también en nuestra época ha aparecido un
fenómeno novedoso, al menos con más virulencia: el de
los llamados 'Nuevos Movimientos Religiosos' (NMR) o sectas, aunque
ésta última palabra tenga una carga negativa y traten de
sacudírsela aquellos grupos que así son catalogados. La
sectas plantean problemas pastorales serios a la Iglesia que exigen
una respuesta, y sobre todo, una mayor formación en los
cristianos para no caer en sus redes proselitistas.
Según señala el historiador de las religiones, Manuel
Guerra, en su último libro sobre los Nuevos Movimientos
Religiosos, una secta es "un grupo autónomo, no propiamente
cristiano, de estructura piramidal, sin crítica interna,
fanáticamente proselitista, desatendido de la 'cuestión
social', exaltador del esfuerzo individual, que no acepta la Biblia
como única fuente escrita de la Revelación divina y
espera el inminente advenimiento de una 'Era nueva' intramundana, ya
'colectiva' o especie de paraíso en la tierra tras una
catástrofe cósmica (fin del mundo, guerra mundial) o sin
ella, ya 'individual' o de una
transformación-autorrealización maravillosa del adepto".
Sólo apariencia cristiana
Este autor hace en su obra una descripción de las más
importantes sectas. Empieza por aquellas que tienen una impronta o
apariencia cristiana , aunque como él aclara, eso no quiere
decir que lo sean, ya que niegan lo fundamental del cristianismo.
Muchas de estas sectas son una matriz protestante y entre ellas
incluye a los Testigos de Jehová, que dado que es el grupo de
mayor actividad proselitista en nuestros pueblos y ciudades, vamos,
siguiendo al mencionado profesor, a detenernos en ellos.
Los Testigos de Jehová aparecieron en Pittsburg ( EE.UU), en
torno al año 1875, fundados por Charles Tazel Russel,
comerciante nacido en el seno de una familia adventista. Desde 1913
pasaron a llamarse Asociación Internacional de Estudiantes de
la Biblia hasta 1931 en que adoptaron el nombre que ahora tienen de
Testigos de Jehová, tomado de Isaías 43,12.
En nuestro país abrieron su primera oficina en 1925 y en 1970
fueron legalizados. La sede central en España está en
Aljavir de Torrejón (Madrid) y, según las
estadísticas de 1989, en todo el mundo eran 3.787.000 adeptos
repartidos en más de 60 mil congregaciones locales situadas en
212 países.En España son unos 90.000.
En cuanto a su organización, la célula básica
para los testigos de Jehová es la congregación, una en
cada barrio o localidad. En en su seno hay una serie de cargos,
presididos por el superintendente. Varias congregaciones forman un
circuito, y éstos los distritos, estando al final, en la
cumbre, las sucursales. Al frente de todo está el presidente
vitalicio al que ayudan los otros 10 integrantes más del Cuerpo =
gobernante.
Aunque consideran la Biblia como palabra de Dios, utilizan una
versión adaptada a sus creencias. Para los testigos los libros
editados por la organización son considerados incluso de
más valor que la Biblia, así lo daba a entender Russel,
uno de sus primeros dirigentes (Atalaya 15. 9.1910).
Una cosa que llama la atención en ellos es la imagen de
fortaleza y seguridad que ofrecen en sus creencias, pero no es
así ya que han cambiado a lo largo de su historia varias veces
en conceptos fundamentales: por ejemplo, las transfusiones de sangre
que son prohibidas en 1945 (Atalaya 1511.1945), eran bien
consideradas antes de 1940 como señala el profesor Guerra
citando a la revista de los mismos testigos 'The Golden Age'.
Doctrina y creencias
En cuanto al contenido de sus creencias, por ejemplo, niegan la
existencia de la Santísima Trinidad tal y como la presenta la
tradición cristiana, a la que acusan de creer en tres dioses. A
pesar de la aparente solidez en su monoteísmo, los testigos,
según señala también M.Guerra, "son de hecho
politeístas pues afirman la existencia del gran Dios increado
(Jehová) seguido y acompañado por un dios inferior,
creado (Cristo) y por otros muchos dioses más inferiores
todavía (los ángeles y diablo Satanás)." Dicho
esto, se entiende que, aunque no niegan la divinidad de Cristo, no la
entienden en el sentido cristiano. Del Espíritu Santo rechazan
su carácter de persona divina. Con respecto a la Iglesia y a
las restantes confesiones cristianas, la consideran como "el principal
enemigo de Dios" y un obstáculo para la salvación.
Una cuestión muy típica en los NMR o sectas es la
afirmación del inminente fin del mundo, e incluso se atreven a
ponerle fecha algo que, según la Biblia, "sólo el Padre
conoce" (Mat. 24, 26). Es lo que les ha ocurrido a los testigos de
Jehová, cuyo fundador estableció el 1 de octubre de 1925
como fecha del final del mundo. Al no ocurrir así, empezaron a
hablar de una venida espiritual de Cristo. Después
señalaron el año 1975 y tampoco se cumplió, por
lo que se levantaron voces de protesta en la convención de los
testigos de 1981, produciéndose muchas deserciones.
Pero lo medular de las creencias de los testigos está en la
batalla entre Jehová y Satanás, de la que ellos
participan al lado de Jehová. El compromiso es luchar contra
Satanás y todas su obras religiosas y políticas ( la
Iglesia, los Estados=8A) hasta que Jehová obtenga la victoria
definitiva. Pero al cielo sólo irán los Apóstoles
y los testigos hasta completar los 144.000 elegidos de que habla el
libro del Apocalipsis (14,1-3). Los restantes jehovistas
subsistirán en el paraíso terreno=8A Los no fieles, los no
testigos de Jehová, serán aniquilados en la batalla de
Harmagedón.
Actividades
Las actividades que realizan los testigos, derivan de las dos
obligaciones fundamentales que contraen: formarse y hacer proselitismo
captando nuevos adeptos.
Con respecto a la primera, los testigos tienen el deber de asistir a
las 4 reuniones semanales celebradas en los 'salones del Reino'. En
cuanto al proselitismo, éste se desarrolla principalmente por
medio de las visitas domiciliarias y la venta de revistas y
publicaciones. Para hacerse una idea de la difusión de sus
publicaciones, el número de libros vendidos en todo el mundo en
el año 1980 superó los 218 millones de ejemplares. La
revista más conocida de los testigos de Jehová, Atalaya,
tienen una tirada de 13 millones de ejemplares en 100 idiomas, y la
revista Despertad, alcanza los 11 millones. Para hacer esto posible, a
escala mundial y legalmente, los testigos son una sociedad
anónima perfectamente estructurada, la Wachtower Bible and
Tract Society. Sus acciones están en posesión
sólo de los dirigentes, sin que los simples fieles tengan
alguna participación, a pesar de ser los que hacen la
mayoría de las aportaciones pecuniarias mediante donaciones,
la compra de libros, folletos, etc., y su venta en el ejercicio de la
propaganda. A esto se une los donativos que entregan, con motivo de
las reuniones, en las 'cajas de contribuciones'. Y sobre todo, su
tiempo. La Wachtower Bible and Tract Society., obtiene así
ganancias limpias.
José María Gil Tamayo