Especial
Mi esperanza está en Dios
Bodas de Plata episcopales
de Monseñor Santiago García Aracil
Datos biográficos del Excmo.
y Rvdmo. Mons. Santiago García Aracil, Arzobispo de
Mérida-Badajoz
Nacido
en Valencia el 8 de mayo de 1940. Ordenado Presbítero el 21 de septiembre de
1963.
Licenciado
en Teología por la Facultad de San Vicente Ferrer, de Valencia, en 1976.
Como
sacerdote desempeñó, entre otros, los cargos de:
•
Cura Ecónomo de Penáguila y Benifallín.
•
En Enero de 1966 fue nombrado Maestro de Capilla del Corpus Christi;
Consiliario de la Juventud Estudiante Católica y Capellán de la Institución
Cultural Femenina “Domus”.
•
Fue Promotor en 1971, junto a un grupo de la Asociación Católica de
Propagandistas y universitarios valencianos, del Centro de Estudios
Universitarios de Valencia, dependiente de la Fundación Universitaria San Pablo
CEU, ejerciendo el cargo de Secretario general de los centros del CEU en
Valencia.
•
En 1972 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria.
•
En 1977 fue nombrado Delegado Diocesano de Apostolado Seglar, a la vez que era
Consiliario Diocesano de Acción Católica.
El
21 de noviembre de 1984 fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia. Fue
consagrado Obispo titular de Croe en la Catedral de Valencia el 27 de diciembre
de 1984. Como Obispo Auxiliar de Valencia ejerció como Vicario y Moderador de
la Curia Arzobispal desde el 7 de enero de 1985.
Nombrado
Obispo de Jaén el 31 de Mayo de 1988, toma posesión de la Diócesis el 3 de
julio de ese mismo año.
Elegido
Presidente de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural de la Iglesia
para el trienio 1999-2002, cargo en el que fue reelegido nuevamente en el año
2002 para otros tres años.
El
día 4 de junio de 2002 fue nombrado por la Santa Sede Consultor de la
Pontificia Comisión sobre los Bienes Culturales de la Iglesia.
El
día 9 de julio de 2004 el Santo Padre Juan Pablo II le nombró Arzobispo para
ocupar la Sede de Mérida-Badajoz, de la que tomó posesión el día 4 de
septiembre del mismo año.
Fue
elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, de la CEE, para
el trienio 2008-2011.
Los logros del pontificado
de Monseñor García Aracil
“¡Felicidades don Santiago!
¡Enhorabuena archidiócesisde Mérida-Badajoz!”
Por
bien nacido, no puedo empezar sino agradeciendo al Sr. Vicario General la
oportunidad que me ha brindado de colaborar en este número de Iglesia en
Camino dedicado a conmemorar los 25 años de Episcopado de nuestro
Arzobispo, don Santiago.
Después
de que habían pasado algunos días tras hacerse público el nombramiento de don
Santiago como Arzobispo de nuestra Diócesis, un sacerdote de Jaén me dijo:
“Pedro, qué suerte ha tenido la Archidiócesis de Mérida-Badajoz”, me resultaron
curiosas y sorprendentes sus palabras porque lo común en aquello momentos era
escuchar expresiones de otro tipo.
Cinco
años a su lado como secretario particular me permiten corroborar sus palabras y
decir que nuestra Archidiócesis ha sido favorecida por Dios con la presencia y
el ministerio de don Santiago; y el que escribe, además, ha sido enriquecido
con el regalo de su confianza de la que me siento honrado y agradecido.
Por
estar cercano a su persona y ministerio episcopal entre nosotros desde el
principio me ha correspondido escribir acerca de su labor pastoral y de
gobierno entre nosotros, que aunque corta en el tiempo, cinco años, ha sido
fecunda y rica en obras.
Intentar
describirla en el breve marco de esta colaboración sería una osadía por mi
parte, excepto si me limitara a enumerar, cual si de una fría lista de
realizaciones se tratara, cuanto ha hecho en su estancia entre nosotros; por
eso lo que intentaré, siendo lo más fiel posible, es esbozar lo realizado y que
es fruto de su personalidad y de una capacidad para el trabajo competente poco
común, exigiéndose al máximo a sí mismo e implicando y comprometiendo a quienes
están a su lado.
Los escritos
Formación,
seglaridad, diocesaneidad,
espiritualidad, fraternidad y comunión, gobierno, son las claves que están
detrás de todo su quehacer en la archidiócesis.
Cualquiera
que se acerque a sus escritos: “Cartas a los colaboradores”, “Cartas a los
sacerdotes y a distintos colectivos” (cada inicio de curso), escritas a partir
de un profundo trabajo y reflexión, están llenas de propuestas de medios y
remedios para la vivencia de estas claves.
Su
insistencia en la diocesaneidad, en la vivencia de
nuestra pertenencia a una Iglesia Diocesana que sobrepasa los pobres límites de
“nuestra parroquia” ha tenido su expresión en la renovación de las estructuras
diocesanas: creación de nuevas vicarias, reestructuración de arciprestazgos,
creación de nuevas Delegaciones y reorganización de otras; promulgación del
Plan Diocesano de Pastoral, que tiene como objetivos prioritarios la familia,
la formación y la acción misionera; la preparación y realización del Congreso
sobre la Familia, y otras realidades que mencionaré más adelante, también son
expresión de la diocesaneidad a la que me estoy
refiriendo.
Participación
Don
Santiago tiene una capacidad especial para programar y gestionar el gobierno
pastoral de la archidiócesis, a ello le dedica tiempo y reflexión, al tiempo
que confía en los consejeros y en los equipos de trabajo de que sabe rodearse,
con el fin de que los documentos y tareas no broten por generación espontánea
sino que sean fruto de un trabajo metódico y riguroso. Para ello creó, desde el
inicio de su ministerio, las estructuras necesarias de participación como los
Consejos Pastorales, desde la, potenciación de los parroquiales hasta el Diocesano
pasando por la creación de los Arciprestales, a los que dota de su
correspondiente Directorio o Estatuto.
En
esta misma línea hay que resaltar la importancia que concede don Santiago a
todas las personas que colaboran y que integran, según el Código de Derecho
Canónico, la Curia Diocesana, a quienes considera equipo de primer orden para
el gobierno episcopal, y a la que cada día va agregando más fieles laicos,
signo de su convencimiento de la incorporación de la seglaridad
a las labores pastorales; Curia Diocesana a la que recientemente ha dotado de
Estatuto propio.
Preocupado
e interesado por la formación, nuestro Arzobispo apuesta y procura la misma en
diversos frentes: por un lado, y a pesar de la escasez, el envío de sacerdotes
a diferentes Universidades con el fin de aumentar el nivel y la capacitación
del clero.
Por
otro, la motivación e implantación de una red de “Escuelas básicas de formación
cristiana” por toda la diócesis con el fin de que los fieles cristianos en
general, y especialmente catequistas, animadores litúrgicos, miembros de las
directivas de Hermandades y Cofradías, puedan aumentar los fundamentos de su fe
y tener el nivel necesario de formación cristiana. Así mismo ha potenciado el
Instituto Superior de Ciencias Religiosas y las Escuelas de Agentes de
Pastoral, ya existentes en nuestra Archidiócesis. En su afán por la formación
de los cristianos ha promovido las Semanas de Fe y Cultura, de la que ya se han
realizado cinco ediciones y la publicación de la revista “Pax
et Emerita” que recoge en sus páginas trabajos
científicos del mundo de las Humanidades y la Teología, de la que también se
han editado ya cinco números. No podemos olvidarnos, en este mismo marco, de la
creación del Departamento de Publicaciones Diocesanas, o su insistencia en que
cada parroquia ha de tener obligatoriamente una Biblioteca Básica Parroquial.
Restauraciones
Gran
conocedor y amante del Patrimonio cultural eclesiástico, Don Santiago, en el
tiempo que lleva entre nosotros, también tiene ya en su haber grandes obras
debido a su esfuerzo e interés por la recuperación o mejora de diversos bienes,
como son: la rehabilitación del Seminario Diocesano, la nueva Casa de la
Iglesia, la compra y adaptación de las antiguas dependencias del obispado para
Archivo Eclesiástico que recoge en sus estanterías los documentos del archivo
diocesano y catedralicio; sin olvidarnos de los proyectos de la Biblioteca del
Seminario, la Residencia sacerdotal y un lugar acorde a los tiempos para la
reuniones de los distintos Consejos Diocesanos.
La
Santa Iglesia Catedral merece mención aparte, gracias a su gestión ha sido
enriquecida con la instalación de una nueva Sede y un nuevo Altar, la mejor
distribución del espacio celebrativo en el presbiterio, la restauración de la
rejería de la Capilla mayor y del retablo, así como la reubicación y
restauración de la colección de tapices que se encontraban en la sacristía y la
obra realizada en los tejados del templo catedralicio; no podemos olvidar la
publicación, con motivo del 750 aniversario de la creación de la Diócesis, del
magnífico libro de La Catedral de Badajoz y más recientemente la creación de la
Escuela de guías de la Catedral y la publicación de su correspondiente libro de
texto. No debo dejar atrás en este capítulo su gestión para la intervención en
diversas obras de la Concatedral de Santa María en Mérida.
No
puedo terminar sin referirme antes a un sector importante en nuestra
Archidiócesis al que don Santiago ha dedicado no sólo una Delegación, las
Hermandades y Cofradías, sino que, en su incansable labor en favor de la
formación, cada año ha escrito una Exhortación con motivo del encuentro anual
de Juntas Directivas y de Gobierno; y la publicación del Estatuto Marco para
las Hermandades y Cofradías y el Estatuto para las Agrupaciones Arciprestales
de Hermandades y Cofradías.
Soy
consciente de que se habrán quedado en el tintero cosas impulsadas o realizadas
por don Santiago, he tratado sin embargo de reflejar, no sé si lo habré
conseguido, que detrás de cada escrito y de cada una de las obras enumeradas
está el pastor cercano que vela y cuida el rebaño que el Señor le ha confiado y
ama profundamente a la Iglesia.
¡Gracias
y felicidades Don Santiago!
Pedro Fernández Amo
Secretario
personal
Carta
de S.S. Benedicto XVI
Al venerable hermano
Santiago García Aracil, Arzobispo metropolitano de Mérida-Badajoz
Con
sentimientos de aprecio y cercanía espiritual, te abrazamos, venerable hermano,
cuando te aprestas a celebrar el Jubileo de plata de tu Episcopado junto con
los fieles encomendados a tu solicitud pastoral, el día 27 del próximo mes de
diciembre. En tan feliz acontecimiento queremos hacerte llegar nuestra
felicitación, recordando para ello la diligencia ardorosa ejercitada a favor
del progreso espiritual de los fieles.
Tres
comunidades eclesiales han gozado de modo especial de tus sólidos conocimientos
tanto culturales como teológicos. Son éstas: en primer lugar la Archidiócesis
de Valencia, lugar de tu nacimiento, donde frecuentaste los estudios, iniciaste
el ministerio sacerdotal, sobre todo con los jóvenes cristianos laicos y
desempeñaste el oficio de Obispo Auxiliar.
Después,
durante dieciséis años pastoreaste la grey Jiennense con celo apostólico,
pericia notable y fidelidad al Magisterio de la Iglesia.
Trasladado
a la Sede Arzobispal de Mérida-Badajoz, has intentado que la Palabra de Dios
llegue a todos acomodando la verdad perenne del Evangelio a las distintas
circunstancias de los tiempos.
No
es posible pasar por alto la labor realizada con diligente pericia en la
Conferencia Episcopal, de modo especial en la Comisión de Pastoral Social.
Conociendo
tus espléndidos logros sacerdotales y episcopales, suplicamos para ti el
auxilio divino, al tiempo que te exhortamos a acrecentar el trabajo compartido
con los sacerdotes de acuerdo con las palabras del Concilio Vaticano II: “Por
la comunión en el mismo sacerdocio y ministerio, los Obispos consideren a los
presbíteros como hermanos y amigos, preocupándose, en la medida de sus
posibilidades, del bien tanto material, como, sobre todo, espiritual de los
mismos “. (Presbyterorum ordinis,
7)
Te
recordamos con afecto en el día venturoso de la celebración del jubileo de tu
Episcopado con todos aquellos que te son queridos.
Por
último, nos place enviarte la Bendición Apostólica para ti y para el clero y
fieles de tu Archidiócesis.
Desde
el Palacio Vaticano, a siete de noviembre del año 2009, quinto de Nuestro
Pontificado.
Benedicto PP. XVI
Carta de Monseñor Antonio
Montero Moreno, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz
Parabienes y agradecimiento
Lo
que celebramos con gozo en un aniversario importante no es tanto esa fecha
redonda, como el currículo personal en el que dejó, año tras año, sus huellas
fecundas el homenajeado. En nuestro caso, setenta años de vida, cuarenta y
siete de sacerdote, veinte de obispo y cinco de arzobispo constituyen un cúmulo
de dones divinos y méritos propios en don Santiago García Aracil, en sus Bodas
de Plata episcopales, que justifican sobradamente una plenitud personal y una
inmensa acción de gracias al Señor. Al tiempo que la veneración y el afecto
filial de las comunidades diocesanas de Valencia, Jaén y Mérida-Badajoz, donde
ejerció sucesivamente, y en diversos grados, el ministerio pastoral.
La
Archidiócesis levantina, por su labor sacerdotal durante más de veinte años en
dos campos relevantes: La Pastoral universitaria y el Culto divino. La primera,
como Consiliario de estudiantes y de graduados, junto a su intervención
determinante en la puesta en marcha de los Centros San Pablo-CEU, pilares de la
Universidad Cardenal Herrera; y el segundo, en el Real Colegio del Patriarca
(San Juan de Ribera) para becarios de estudios eclesiásticos superiores -entre
ellos los de Badajoz-, donde fue Responsable litúrgico de su insigne Capilla,
abierta también a otros fieles. A lo que se suma un cuatrienio de Obispo
auxiliar en su Archidiócesis, campo de entrenamiento para el gobierno posterior
de sendas Iglesias diocesanas en Andalucía y Extremadura.
A
partir de 1988, en tres lustros de Obispo de Jaén son de destacar su atención
preferencial al Seminario, el ordenamiento pastoral de los organismos de la
Curia diocesana, en sintonía con el Concilio Vaticano II y con el nuevo Código
de la Iglesia; así como también, su impulso a la promoción de los laicos en su
doble misión, de dentro y hacia fuera de la comunidad cristiana, con especial
énfasis en la renovación eclesial de las cofradías. Fue también un tenaz
constructor de edificios religiosos, entre los que sobresale la espaciosa y
moderna Casa de la Iglesia. Don Santiago trajo consigo a su llegada a Badajoz
la experiencia de aquella importante diócesis del Santo Reino, por su
población, ciudades de renombre, rico historial eclesiástico y arraigada
tradición cristiana.
Yo
lo puse al tanto, por mi parte, de los rasgos distintivos de la nuestra, con un
clero entregado y capaz, unas comunidades de vida consagrada con buena
implantación parroquial y diocesana, y de los no muchos Movimientos laicales,
pero que suponen un sumando muy valioso para el dinamismo cristiano de nuestra
Iglesia local. Le informé igualmente de la etapa fundacional de la Provincia
eclesiástica de Mérida-Badajoz, de la estrecha colaboración entre sus obispos
miembros, y la deuda pendiente del Monasterio de Guadalupe. Tanto don Santiago
como yo éramos conscientes también del indiferentismo religioso, el
materialismo y el laicismo hostil a la Iglesia, que hacen presa en nuestra
sociedad, y de los que no están exentas ni Andalucía ni Extremadura.
En
la Eucaristía de toma de posesión en la Catedral pedí a todos los fieles de la
diócesis que acogieran al nuevo Pastor como enviado de Dios y de la Iglesia, y
le abrieran el corazón a una colaboración generosa. Él proclamó, por su parte,
y con el vigor que le es propio, su firme voluntad de servir a todos, puesta su
confianza en el Señor. Quedó así anillado un nuevo eslabón en la cadena de la
Sucesión apostólica de la Archidiócesis Emeritense-Pacense.
A
partir de entonces, y en el orden personal, debo afirmar y agradecer el trato
fraternal y generoso que he recibido de mi sucesor, en todo lo que puede
necesitar o desear un obispo emérito. Opté por fijar mi residencia en mi
domicilio familiar de Sevilla, al calor de mis dos hermanas. Desde esta
provincia, limítrofe con Extremadura, tierra adoptiva para mí en la que sigo
empadronado a una prudente distancia del nuevo Pastor de mi diócesis, al que
nombro diariamente en la misa y cuya autoridad y libertad pastoral debo ser el
primero en respetar. Agradeciendo, como no, sus frecuentes invitaciones a
compartir con él determinados acontecimientos, festivos o luctuosos, del
acontecer diocesano. Leo semanalmente Iglesia en Camino, de tanta
querencia para mí, que me pone al tanto del día a día (aunque no de otras
comidillas inevitables), de la Comunidad diocesana.
Hermano
Santiago, ¡Ad multos annos!
+Antonio Montero Moreno
Carta
de Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia
Don Santiago, XXV años en el
episcopado y cinco años en Extremadura al frente de la Provincia Eclesiástica
Don
Santiago García Aracil tomó posesión como Arzobispo de Mérida-Badajoz el año
2004, que lleva anejo presidir la Provincia Eclesiástica del mismo nombre,
recibiendo el relevo de su antecesor Don Antonio Montero Moreno. Un año antes
un nuevo Obispo de Plasencia, un servidor, se había incorporado a esta
estructura colegial. Por último, se sumó Don Francisco Cerro Chávez, al tomar
posesión como Obispo de Coria-Cáceres. A la nueva composición de la Provincia
Eclesiástica se unió también el cambio de Director del Secretariado Permanente
de Don Amadeo Rodríguez a Don Francisco Maya y, de éste, a Don Sebastián
González, actual titular.
Aunque
todo estaba en marcha, porque la estructura de la Provincia Eclesiástica es
sólida, sin embargo estas circunstancias pedían para todos un tiempo de adaptación;
también, como es natural, para el Señor Arzobispo, Don Santiago. Pero esta
adaptación no pudo ser muy larga, sobre todo para el Metropolita; en parte
porque es un hombre especialmente trabajador y dinámico y también porque muchos
acontecimientos le exigieron ponerse al frente de ellos, en coordinación con
sus hermanos obispos de las otras dos diócesis. De inmediato asumieron los
asuntos abiertos y pendientes, que ya estaban necesitando su decisión y mucho
trabajo. Sobre todo, dos de ellos que pedían el protagonismo de los obispos
extremeños y, por tanto, del Arzobispo: uno fue la gran peregrinación a
Guadalupe de 2006, en recuerdo a la que tuvo lugar en 1906, llamada de los diez
mil, que ahora, con ocasión del centenario, fue superada hasta llegar a quince
mil extremeños que se acercaron ese día a Guadalupe para honrar a su Patrona.
Y
como complemento de este acto, junto a los otros dos Obispos de la Provincia
Eclesiástica, el nuevo Arzobispo encabezó la peregrinación a Roma de los
caballeros y damas de Guadalupe, para entregarle al Santo Padre una preciosa
imagen de la Patrona de Extremadura, realizada por el artista extremeño Juan
Miguel Oliva. Y sin salir del tema Guadalupe, es también evidente que las
sucesivas gestiones, tanto en Roma como en otras instancias, para que el
Santuario de nuestra Patrona pase a nuestra jurisdicción eclesiástica, fueron
ya encabezadas por el nuevo Arzobispo, junto a sus hermanos de Plasencia y
Coria-Cáceres. Desde el primer momento el Arzobispo Don Santiago asumió el expediente,
abierto muchos años atrás por su antecesor, de solicitud a la Santa Sede de la
incorporación de la parroquia-santuario-monasterio de la Virgen de Guadalupe al
territorio eclesiástico de Extremadura.
Una intensa tarea
Superado
el periodo de adaptación -si es que lo hubo-, enseguida empezó a notarse la
capacidad de gestión y la creatividad del Arzobispo Don Santiago. El hombre de
gobierno que es, de inmediato se puso de relieve, no sólo en los temas que ha
propuesto para su estudió y decisión, sino también en la impronta que le suele
dar a los mismos. Con él se trabaja con un calendario definido y consensuado de
encuentros; los programas de trabajo han ido poco a poco creciendo en
entendimiento y comunión entre los obispos extremeños, así como en densidad
pastoral y en creatividad, para buscar siempre juntos aquello en lo que
convenga y sea posible una coordinación entre las tres Diócesis. De este
trabajo colegial, encabezado por Don Santiago, ya han salido diversos
documentos que orientan a los católicos de Extremadura sobre determinados
temas: nota sobre la Educación para la Ciudadanía; normas y un ritual sobre los
ministros extraordinarios de la Comunión; normas interdiocesanas
sobre los aranceles parroquiales; criterios sobre conciertos en las Iglesias;
orientaciones para los funerales en tanatorios, etc. Y juntos estamos
preparando la celebración de un Congreso
en Mérida sobre el sacerdocio, con motivo del Año Sacerdotal.
Uno
de los campos que se ha visto fortalecido, desde la creación de la Provincia
Eclesiástica, ha sido el de las relaciones con la Comunidad Autónoma de
Extremadura. Es verdad que no era fácil superar la excelente relación de la
etapa anterior habida entre Don Antonio Montero y D. Juan Carlos Rodríguez
Ibarra; pero en esta, y aunque no se trataba ni de repetir ni de superar nada,
por el buen hacer del Señor Arzobispo, se han conservado estas relaciones en su
cordialidad; y si bien es cierto que con otra impronta, y con otros
protagonistas, también en el Gobierno Autonómico, éstas han transcurrido por
cauces institucionales adecuados, especialmente por la renovación y el
desarrollo de convenios que las regulen.
De
un modo especial, quiero destacar lo que a mi juicio está siendo muy positivo
en esta nueva etapa de la Provincia Eclesiástica, bajo la presidencia de Don
Santiago, me refiero al afecto fraterno que ha ido poco a poco creciendo entre
los obispos y que ha tenido en el Arzobispo a su gran muñidor. Don Santiago no
sólo ha procurado en todo momento crear un buen clima para la reflexión y el
trabajo, sino que también ha cuidado la convivencia respetuosa y paritaria
entre nosotros. Es un hombre que sabe crear lazos, cuando descubre lealtad más
allá de las pequeñas diferencias y puntos de vista sobre determinados
planteamientos y cuestiones. Y es especialmente destacable su disponibilidad
total para las diócesis sufragáneas de Plasencia y Coria-Cáceres, como se ha
puesto de manifiesto en los últimos tiempos, en los que ha estado presente en
todos los grandes eventos que afectaban a las diócesis de sus hermanos obispos
en Extremadura.
Gracias y felicidades
Como
obispo hermano, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a Don Santiago
por su afecto y delicadeza, tanto personalmente hacia mí como hacia esta Diócesis
de la que soy Obispo. Sus detalles han sido especialmente delicados hacia
nosotros, y me consta que los sacerdotes y los fieles en general se lo
agradecen de todo corazón. Siempre se ha mostrado hacia nosotros como hermano
mayor. Por su cercanía, espontaneidad y llaneza se le nota que, a medida que
nos conoce más, más a gusto se siente en esta tierra y más es también para
nosotros. Los extremeños, por supuesto, nos alegramos mucho de que sea nuestro
Arzobispo y estamos con él en esta tarea común de servir a la Iglesia en
Extremadura en su andar ordinario en estos tiempos de cambio y no exentos de
dificultad. Y, por supuesto, estaremos siempre con él. Por eso le pedimos que
nos guíe en los proyectos y aspiraciones comunes a las tres Diócesis extremeñas,
especialmente en algunos que son especialmente irrenunciables para nosotros.
De
todo corazón le felicito por esta fecha redonda de su ministerio episcopal y le
doy gracias al Señor porque, de esos veinticinco, los últimos cinco años, que
son de gran madurez y experiencia, los haya dado entre nosotros. Sin pretender
ponerle obstáculos a la Divina Providencia, si va a seguir entre nosotros, que
lo deseamos, quiero decirle que, a mi parecer, éste es un buen final para un
recorrido humano y pastoral como Obispo: un valenciano que se hizo andaluz y
encontró la síntesis y la madurez como extremeño. Y como es un Obispo mariano,
también le digo que no está mal el recorrido: de la Virgen de los Desamparados,
a la de la Cabeza y ahora nada más y nada menos que a Nuestra Señora de
Guadalupe, Augusta Reina de Extremadura.
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de
Plasencia
Carta de Monseñor Francisco
Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres
Carta a un buen amigo
Querido
D. Santiago:
Cuando
llegué, como Obispo, a mi Diócesis de Coria-Cáceres y comencé los encuentros de
la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, siempre recuerdo lo que me
impresionó tu buen hacer como hermano en el episcopado. Te confieso que las
excesivas reuniones siempre me echaron para atrás. Pero, contigo era un estilo
distinto, una manera de trabajar donde se aunaba acogida y eficacia, ir al
grano y dar soluciones. Una verdadera familia de hermanos.
En
este sencillo homenaje, al cumplir 25 años como sucesor de los apóstoles, todos
los encuentros donde he participado contigo han seguido teniendo el valor del
encuentro de una amistad sincera y de una identificación con una forma de
trabajo, que me ayudó mucho en los nuevos pasos y en mi vida pastoral. Gracias
por haberme ayudado a ser Obispo en estas tierras extremeñas.
Tú
sabes bien que no es sencillo hoy ser Obispo, si lo fue alguna vez. Tú sabes
que siempre encontramos las dificultades propias del camino, también Jesús las
tuvo. Pero vamos aprendiendo, en el trato con el Señor, que hay unas cuantas
cosas que no son “negociables” porque forman parte del núcleo esencial del
Evangelio, que yo quiero compartir contigo en esta carta, pues creo que tú las
enseñas con tu vida:
1.
Tomarse en serio a las personas.
Nunca es bueno pasar de largo ante nadie. Las personas que están a nuestro lado
nos necesitan y son el “tesoro” del corazón de tu Obispo.
Tantos
sacerdotes que viven solos. Tantos que muchas veces vienen a nuestra ayuda
pidiendo caminar a tu lado. Siempre recuerdo aquella oración a la entrada de
una Sinagoga en Tierra Santa: “No te pido que vayas delante de mí por si no
tengo fuerzas para seguirte, ni tampoco detrás por si te pierdo. Sólo te pido
que camines a mi lado, que me escuches y que me enseñes el verdadero valor de
la amistad, caminar a mi lado”.
2.
No tener prisas con la gente. Lo más
importante del mundo son nuestra gente. Los que el
Buen Pastor nos ha encomendado. Decía san Francisco de Sales que cada persona
es una Diócesis para un Obispo. He aprendido de ti, de tu entrega, de no tener
prisas. A saber que lo más importante del mundo es la persona que tengo
delante. A que florezca en mí el amor por cada uno de los que el Señor ha
puesto en mi camino. Las prisas son siempre malas consejeras.
3.
Que no falte nuestra entrega. A
veces nos equivocamos. Incluso no acertamos aunque actuemos como mejor sabemos.
Es necesario, y yo lo he aprendido en mis primeros años de Obispo, a que lo
único que nos va a pedir y a exigir el Señor cuando nos encontremos ante el
tribunal de Dios como Obispos, es la entrega sin límites al estilo del Corazón
del Buen Pastor. No se nos pide eficacia, sino sobre todo el amor del pastor
que entrega la vida por las ovejas y a cambio no tiene más que su pobreza y su
cayado humilde de Buen Pastor.
Gracias
por todo y por esa amistad de hermano en el episcopado. Sigue sembrando los
caminos de esperanza y ayúdanos, sobre todo, con la vida, el único Evangelio
que lee todo el mundo, a ser “ilimitadamente bueno de corazón”, al
estilo de “quien no vino a ser servido, sino a servir”.
+Francisco Cerro Chaves
Carta de Sebastián González González, Vicario general de Mérida-Badajoz
Un Arzobispo incansable
En
las páginas de Iglesia en camino, como indicaba la propuesta setenta y
siete del Sínodo pacense de 1992, se han recogido distintas efemérides de la
vida de nuestra Iglesia local, teniendo como objetivo prioritario facilitar la
comunión y el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana y como fines:
servir como instrumento de evangelización y formación, informar sobre la vida y
actividades de nuestra Archidiócesis y actuar como cauce de información y
comunicación con la Iglesia entera y con la sociedad civil.
Así
viene hoy a nuestras páginas el evento de la celebración de los veinticinco
años en el episcopado de nuestro Arzobispo, Don Santiago García Aracil, y el
primer quinquenio de servicio a nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz.
Una
de las características que he observado en bastantes Obispos que conozco, y ya
son algunos, es la renuncia que han hecho a estar con su familia y patria
chica, tomando como “familia” a quienes intentan servir en su ministerio
episcopal, sin renunciar evidentemente a su sangre y pueblo de origen. Así Don
Santiago, nuestro arzobispo, tiene a su familia de sangre en su querida
Valencia, a más de ochocientos kilómetros de aquí. Intentemos valorar esta
realidad procurando ser nosotros su “otra” familia que, a veces, alcanza una
fuerza inconmensurable.
Nuestro
Arzobispo -en este primer quinquenio que lleva entre nosotros, durante los
veinticinco años en el episcopado y desde siempre como presbítero y cristiano-
ha ido fraguando su integración en este pueblo de Dios que es esta Iglesia
particular de Mérida-Badajoz, teniendo un objetivo prioritario: evangelizar,
evangelizar y evangelizar. “Nosotros con este asunto, sea el que sea, y el
mundo por evangelizar” le he escuchado en muchas ocasiones. “¡Anda ya!” A
evangelizar en lo pequeño y en lo grande.
Podrá
acertar o equivocarse, como todo ser humano, pero lo que nadie le podrá negar,
al menos yo así lo observo durante el tiempo que llevo más cerca de él, es su
tarea incansable, que lleva con la lengua fuera a quien quiera seguir su ritmo,
ya sirviendo a las diversas instituciones diocesanas y “supra” (Provincia
Eclesiástica, Conferencia Episcopal); ya programando su agenda; ya recibiendo a
vicarios, delegados, arciprestes y tantas cuantas personas quieren y lo piden
razonablemente; ya visitando distintas comunidades; ya celebrando los
sacramentos, máxime la Eucaristía y la Confirmación; ya preparando homilías e
impartiendo charlas de formación; ya confeccionando escritos cortos o largos,
desde los cuentos como felicitación a los niños en Navidad hasta las diversas
cartas y libros gordos; ya disfrutando de la compañía de los amigos y un
buen día de campo en contacto directo con la naturaleza con buenas viandas y
vinos de solera; ya con la enfermedad
personal llevada con una reciedumbre envidiable; ya gozando con su familia,
sobre todo en la auténtica Navidad cristiana; ya sufriendo con quien padece; ya
visitando el Centro de reclusos y compartiendo con ellos; ya con una
preocupación exquisita por Cáritas, sin bambalinas ni
demagogias baratas; ya orando desde la Liturgia de las Horas y el Sagrario; ya
enderezando entuertos; ya consolando a familias que han sufrido alguna tragedia
por accidente o enfermedad; ya reconduciendo a quien está más cercano a él por
amistad o servicio, para hacer las cosas bien hechas; ya yendo por delante, ya
dialogando y siguiendo razones cuando el otro sabe ponerlas y exponerlas: ya
con su carácter y su forma de hacer que se exige antes que a nadie a sí mismo, etc, etc. Y siempre, siempre, al menos yo así lo veo, con
un afán de servir a la Iglesia como Ella ha de ser servida, sin componendas ni
concesiones a la galería.
Por
todo eso, y por mucho más, a través de estas líneas, Don Santiago muchas
felicidades por sus bodas de plata en el episcopado y primer quinquenio al
servicio de nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz.
Al
mismo tiempo le manifiesto que seguiremos pidiendo y laborando para avanzar en
una mayor y mejor comunión efectiva y afectiva -de ida y vuelta- entre nuestro
Obispo y todas las personas que integramos nuestra Iglesia particular, tanto
presbíteros como consagrados y laicos, prestando nuestro servicio desde las
distintas áreas pastorales, máxime desde la familia, el presbiterio diocesano y
las personas de vida consagrada -con gran recuerdo para quienes viven en el
Claustro-, muy en especial en este Año Sacerdotal.
Don
Santiago, felicidades, enhorabuena y cuente con nuestra oración, trabajo y
colaboración, arrimando el hombro y en la misma dirección, junto a nuestra
comunión más auténtica desde el seno de esta Iglesia y espoleados por el
ejemplo, el vigor y la protección de la Virgen María, Nuestra Señora de
Guadalupe, patrona de Extremadura. En sus manos le ponemos con nuestra
intención y súplica para que Ella le siga llevando más seguro y más deprisa al
fruto bendito de su vientre: Jesús.
Sebastián González González
Vicario General
Carta
de Carmen Pereira, Delegada del Gobierno en Extremadura
En la celebración de las
bodas episcopales del Arzobispo de Mérida-Badajoz
En
estos tiempos en los que la vida parece ir muy deprisa y cuando algunos piensan
que sólo lo nuevo tiene valor, es una satisfacción poder celebrar la
experiencia episcopal de Monseñor García Aracil. Veinticinco años como obispo
son la prueba de que más a menudo deberíamos confiar en la experiencia de los
que la tienen, en la sabiduría de los que han vivido largo y en la ponderación
que da el paso del tiempo. Todos estos valores coinciden en Monseñor de una
manera natural, sin aspavientos ni alharacas. Desde mi responsabilidad como
representante del Gobierno de España en Extremadura he podido comprobar en
estos años que las posibles diferencias entre el Estado y la Iglesia se diluyen
en el trato cercano, gracias, precisamente, a ese poso
que da la experiencia.
Esta
relación tan cercana nos ha permitido colaborar en diversas cuestiones como la
rehabilitación de buena parte del patrimonio de la Iglesia en Extremadura; en
este caso concreto de la Catedral de Badajoz, que tan dignamente ha quedado, y
de otros templos, en los que el Gobierno de España ha demostrado sobradamente
su compromiso con la rehabilitación y el patrimonio histórico y artístico de la
Iglesia en nuestra región. Pero más allá de la importancia de las obras
realizadas, que es mucha, está la forma en que dos instituciones, como el
Gobierno y la Iglesia, han sido capaces de entenderse y trabajar juntas en
beneficio de los ciudadanos; el Gobierno también incluye entre sus prioridades
la labor social, financiando multitud de proyectos a través de muchas ONGs, entre ellas Cáritas, con el
objetivo de mejorar las condiciones de vida los más necesitados.
Me
satisface poder felicitar a Monseñor por sus bodas de plata episcopales,
agradecer su trato, reconocer su labor al frente de Archidiócesis de
Mérida-Badajoz y desearle muchos más años al frente de tan encomiable
responsabilidad.
Carmen Pereira Santana
Delegada del
Gobierno en Extremadura
Carta de Ángel
Calle, Alcalde de Mérida
Ilusión y
compromiso con Extremadura
Desde el 4 de septiembre de 2004, don Santiago García Aracil pasa a
formar parte de la historia de Mérida, cuando el Papa le nombra Arzobispo de
Mérida-Badajoz. Es el segundo Arzobispo que tiene la ciudad, tras el nacimiento
de la nueva organización eclesiástica de Extremadura iniciada con el
nombramiento de don Antonio Montero, su
predecesor.
Centro de peregrinación a comienzos del siglo IV d.C., Mérida fue la
primera Sede Metropolitana de la Península Ibérica y, como tal, cuna de varios
Concilios y estancia de grandes metropolitanos como Masona, Marcial, Liberio o
Fidel.
Fue precisamente Antonio Montero el fundador de esta revista Iglesia
en camino, que quiere honrar ahora la figura de Santiago Aracil con motivo
de cumplirse sus Bodas de Plata episcopales, con éste número especial en el que
me brinda la oportunidad de colaborar.
Afable y cercano en el trato, con ánimo abierto a la colaboración y el
diálogo, en los años que lleva con nosotros Santiago Aracil ha mostrado un
acercamiento a Extremadura y a los extremeños desde el compromiso y la ilusión
de alguien que dedica su vida al servicio de la sociedad desde la esfera
eclesiástica, y ha sabido mantener un estrecho contacto con las autoridades
autonómicas, provinciales y locales en la búsqueda de un servicio común al
pueblo extremeño, como un paisano más.
En Santiago García Aracil encontré siempre un estrecho colaborador en
las cuestiones referentes a la Iglesia en Mérida, en línea con su antecesor.
Mi más cordial enhorabuena al llegar a sus Bodas de Plata episcopales.
José Ángel Calle Gragera
Alcalde de
Mérida
Carta de
Guillermo Fernández Vara, Presidente de la Junta de Extremadura
“Don Santiago es
un hombre de su tiempo”
Quiero que mis primeras palabras sean de felicitación a D. Santiago por la celebración de sus Bodas de Plata
Episcopales.
El desarrollo de su labor, que yo estimo muy
fructífera, ha respondido como él dice a los requerimientos del deber, a dar
cumplida respuesta a una misión. Así explica su dedicación al patrimonio
religioso o a los jóvenes. Porque, siendo asuntos muy atractivos, él tiene,
además, otras muchas inquietudes. Los niños, los ancianos, las familias, los
empresarios, los sindicatos, los políticos. Y así hasta un largo etcétera entre
los que se encuentran los presos como se pone de manifiesto en la carta que les
dirige ofreciéndoles su consuelo.
Resulta muy fácil compartir con él la
concepción, aparentemente sencilla, que tiene del cristianismo: Es cuestión
de amor, no una lista de prohibiciones. El que no viva intensamente ésta
(vida), no puede disfrutar aquélla, que es más grande.
Los valores son esenciales en su vida y cree
que la falta de éstos es la causa de muchos de los problemas de la sociedad.
Naturalmente, su apego a los valores le lleva a ser una persona comprometida, y
comprometido fundamentalmente con los más necesitados y especialmente en estos
momentos difíciles en el que tantas personas necesitan más que nunca de nuestra
atención solidaria. Me agrada sobremanera coincidir con él en la respuesta a la
crisis: La responsabilidad de solucionar la crisis nos toca a todos, aunque
todos no la hayamos provocado.
Es D. Santiago un hombre de su tiempo en el
que yo destaco su cercanía y su transparencia. Ello nos permite, y esto es ya
una tradición en las relaciones entre la Junta de Extremadura y la Iglesia,
mantener un diálogo fluido y respetuoso en el que podemos defender con toda
libertad nuestras posiciones u opiniones que a veces coinciden y otras no. Yo
estoy convencido de que las relaciones entre las instituciones están muy
condicionadas por las relaciones personales y en este sentido sólo puedo decir
que las mismas siempre han sido francas y cordiales.
La reforma del Estatuto de Autonomía, cuyo
texto consensuado por los grupos de la Asamblea de Extremadura se encuentra en
trámite parlamentario en las Cortes, fija la fecha del 8 de Septiembre,
festividad de la Virgen de Guadalupe, como día de la Comunidad. Ello, sin duda,
da muestras del hondo sentir del pueblo extremeño hacia Guadalupe y estoy
convencido de que D. Santiago nos ayudará a transmitir este sentimiento allá
donde proceda. Reitero mi felicitación por las Bodas de Plata Episcopales y
hago votos por su continuidad para el bien de todos los extremeños.
Guillermo Fernández Vara
Presidente de la Junta de Extremadura
Mensaje de Miguel Celdrán, Alcalde de Badajoz
Pastor, sacerdote y amigo
Los
aniversarios suelen ser celebración. Ahora, celebramos el veinticinco
aniversario de la ordenación episcopal de Don Santiago García Aracil, Arzobispo
de Mérida-Badajoz y, obviamente, para él, para su familia y amigos y, por
supuesto, para los feligreses que ha de atender, es motivo de orgullo y
satisfacción reconocer sus años de servicio a los demás y generosidad en el
trato y los afectos. Muchas han sido las personas que han recibido de su
consejo, consuelo, así como de sus conocimientos, teológicos, litúrgicos y
pastorales, que son muchos, pero, sobre todo, a lo largo de su dilatada
dedicación a la Iglesia y a la comunidad, ha destacado por su cercanía y
afabilidad. En los tiempos que corren, un poco acelerados y un mucho
enrarecidos, siempre viene bien la voz pausada, equilibrada y oportuna de un
hombre de Dios cuyo propósito no es otro que el de conciliar, reunir y templar.
Desde
su llegada a Badajoz, tanto el trato institucional como el personal, ha sido
siempre ejemplo de cordialidad, la discrepancia no existe en nuestras
relaciones y he podido comprobar la altura humana y religiosa de una persona
que desde el primer segundo que lo tratas descubres que tiene todas las
virtudes del pastor, del sacerdote y del amigo. Me consta que en el ámbito de
influencia de su trabajo -las iglesias, las parroquias, las diferentes
comunidades religiosas o seglares donde la obra de Dios tiene tanto que decir y
hacer- existe unanimidad en el reconocimiento a su
dedicación.
Cuando
llega la hora del homenaje deseo transmitir nuestra más sincera adhesión al mismo
porque en su trabajo y en las relaciones mantenidas con él siempre ha reinado
el buen espíritu y los deseos de colaboración. Desde el Ayuntamiento de
Badajoz, donde estamos obligados a mantener siempre abiertos los canales de
comunicación con todas las voces y portavoces de la sociedad, no nos cabe
ninguna duda de que Don Santiago ha sido un digno representante e interlocutor
de la Iglesia Católica en nuestra ciudad y lo que más aplaudo, de entre todas
sus responsabilidades, es la enorme capacidad que tiene para conectar con todos
y para demostrarnos a todos de que los principios cristianos no son sólo
eternos sino que, más que nada, son principios, valores, actuales y para todos.
Nuestra felicitación, pues, y nuestro compromiso a seguir manteniendo una relación
que va más allá de lo institucional y alcanza lo humano y lo social.
Miguel A. Celdrán Matute
Alcalde de
Badajoz
Actividades para celebrar
las bodas de plata episcopales
Diversos
son los actos que se han programado para celebrar el 25 aniversario de la
ordenación episcopal de don Santiago García Aracil. Algunas de ellas ya se han
llevado a cabo como la peregrinación a Tierra Santa, entre el 8 y el 15 de
febrero, presidida por el propio Arzobispo en la que tomaban parte casi un
centenar de personas. Junto a este evento, y también coincidiendo con el Año
Sacerdotal, se celebrará entre el 3 y el 5 de marzo en Mérida un congreso interdiocesano sobre el sacerdocio, con la participación de
obispos y teólogos destacados llegados de diversos puntos de España.
Colecta extraordinaria
Próximamente
se anunciará una colecta extraordinaria en todas las parroquias de la
archidiócesis que se pondrá a disposición de don Santiago para que lo destine a
lo que crea más necesario, dentro o fuera de la archidiócesis. Don Santiago ya
ha adelantado que la destinará a los damnificados por el terremoto de Haití,
para cubrir un proyecto concreto que pueda ser presentado por Cáritas.
Celebración en la Catedral
La
celebración central de estas bodas de plata tendrá lugar en la Catedral
Metropolitana el día 10 de abril, sábado de Pascua, a las 11 de la mañana con
una Eucaristía solemne concelebrada. En ella Don Santiago estará acompañado por
los sacerdotes y compañeros obispos que se sumen. Los participantes en ella
podrán felicitar al Arzobispo al finalizar el acto. Para ese mismo día por la
tarde se prepara un concierto, probablemente con diversas corales.
Peregrinación a Roma
También
está prevista, coincidiendo con el Año Sacerdotal una peregrinación a Roma, en
los días 8 al 11 de Junio para participar en un Encuentro internacional de
sacerdotes y clausura del año por parte del Papa, Benedicto XVI.